El fundamento de un matrimonio exitoso

23/08/2026

4 min de lectura

Ki Tetzé (Deuteronomio 21:10-25:19 )

¿Qué tan importante es el matrimonio? Una encuesta realizada por Bradford Wilcox reveló una preocupante desconexión: el 75% de los adultos entre 18 y 40 años considera que tener un buen nivel económico es fundamental para sentirse realizado en la vida, mientras que solo el 32% cree que el matrimonio es esencial. Aproximadamente entre el 40% y el 50% de los primeros matrimonios terminan en divorcio, y las segundas o terceras uniones presentan índices de fracaso aún mayores. Con una tasa de matrimonios cada vez menor y casi la mitad de ellos terminando en divorcio,(1) está claro que hemos perdido de vista algo fundamental.

El matrimonio moderno fracasa porque hemos olvidado una verdad básica: las relaciones exitosas requieren prioridades claras y firmes. Sin embargo, tratamos el matrimonio como si fuera un pasatiempo, algo a lo que dedicamos tiempo cuando el trabajo se calma, cuando la situación económica mejora o cuando la vida se vuelve más cómoda.

El judaísmo propone un enfoque completamente distinto.

Prioridad número uno: tu matrimonio

Hace tres mil quinientos años, la porción de la Torá de esta semana estableció un principio revolucionario que ha fortalecido a las familias judías durante milenios:

"Cuando un hombre se case con una esposa nueva, no saldrá al ejército ni se le impondrá ninguna otra obligación; quedará libre durante un año para atender a su hogar y hacer feliz a la mujer que tomó por esposa". (Deuteronomio 24:5)

Muchas parejas jóvenes no comprenden que una relación en sus comienzos (delicada y frágil como un recién nacido) necesita el máximo cuidado, amor y atención. Siguen con su vida, dando prioridad a la carrera profesional y a otras responsabilidades, sin cultivar el aspecto más importante de su existencia. Esta mitzvá del primer año de matrimonio (Shaná Rishoná) enseña el fundamento de un matrimonio exitoso: tu cónyuge debe ocupar el primer lugar. No algunas veces. No solo cuando resulte conveniente. Siempre.

Rav Samson Raphael Hirsch explica: "El marido debe renunciar no solo a sus logros personales, sino incluso al bienestar de toda la comunidad". Cuando la Torá exime a los recién casados del servicio militar (la más alta responsabilidad cívica) establece una jerarquía innegociable: el éxito del matrimonio determina el éxito de la nación, y no al revés.

El respaldo divino al matrimonio

¿Hasta qué punto considera Dios importante este sistema de prioridades? Rabenu Bejaia señala un detalle extraordinario. Las letras finales de la expresión hebrea: נקי יהיה לביתו שנה("quedará libre durante un año para su hogar") forman el Nombre de Dios de cuatro letras (el Tetragrámaton). Es como si el propio Creador hubiera estampado Su firma en este mandamiento.

Rabenu Bejaia señala que Dios puso en práctica lo que predica. Después del "matrimonio" entre Dios e Israel en el monte Sinaí, la Presencia Divina permaneció un año entero en el mismo lugar antes de continuar el viaje junto al pueblo judío. Fue, por así decirlo, el Shaná Rishoná de Dios, el primer año de matrimonio con Su pueblo elegido.

Este respaldo divino revela que dar prioridad al matrimonio no es simplemente un buen consejo para las relaciones humanas. Es una ley inscrita en el orden mismo de la creación.

El primer "no es bueno" de la Torá

¿Por qué el matrimonio debe estar por encima de la carrera profesional, del servicio militar e incluso de las ambiciones personales? La primera vez que Dios declara que algo "no es bueno" en la Torá se refiere precisamente a la soledad del ser humano: "No es bueno que el hombre esté solo". (Génesis 2:18) Rav Hirsch explica:

El objetivo de la perfección que el mundo terrenal debe alcanzar a través del ser humano, no puede lograrse plenamente mientras el hombre permanezca solo. La plenitud del bien no se alcanzó con la creación del hombre, sino con la de la mujer. Solo cuando fue creada la mujer el bien quedó completo, tanto para el ser humano como para el mundo entero. Como enseñan nuestros Sabios (Ievamot 63a), únicamente el esposo y la esposa juntos reciben el nombre de Adam אדם, tal como está escrito: “Varón y mujer los creó… y llamó su nombre Adam” (Génesis 5:2).

El matrimonio no solo forma familias. Forma seres humanos completos. La ley judía refleja esta profunda idea. El Código de Ley Judía(2) enseña que cuando nace un hijo, los padres recitan una bendición para agradecer a Dios.(3) Sin embargo, resulta llamativo que esa bendición no mencione la creación de un nuevo ser humano. Esa bendición se reserva para otro momento: la unión del hombre y la mujer bajo la jupá. La primera de las siete bendiciones nupciales declara: "Baruj Atá Adonai, Iotzer HaAdam -Bendito eres Tú, Dios, que creas al ser humano". Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, nacen nuevamente, convertidos en una unidad completa.

La Cábala lleva esta idea todavía más lejos. Según sus enseñanzas, el propósito más profundo del matrimonio es prepararnos para nuestra relación con Dios. Cuando aprendemos a pensar constantemente en nuestro cónyuge, a buscar su cercanía y a encontrar maneras de demostrarle amor, en realidad estamos aprendiendo cómo relacionarnos con el propio Creador.

Pon tus prioridades en orden

Esta semana, pregúntate qué lugar ocupa realmente el matrimonio dentro de tus prioridades. ¿Reflejan tu agenda, tu presupuesto y el uso de tu tiempo la jerarquía que enseña la Torá? Si aún no estás casado, piensa cómo reorganizarás esas prioridades cuando llegue el momento. La antigua sabiduría del Shaná Rishoná ofrece una guía muy clara: haz de la felicidad de tu cónyuge tu misión principal, y verás florecer tanto tu matrimonio como tu crecimiento espiritual.


Notas:

  1. Shulján Aruj – Oraj Jaim 223
  2. "Shehejeianu" por las niñas o "HaTov veHaMetiv" por los niños.
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