El hombre que intentó salvar un millón de vidas

28/07/2026

12 min de lectura

Desesperados por detener el asesinato masivo de judíos durante el Holocausto, los líderes judíos intentaron negociar con los nazis. A pesar de su valentía, sus esfuerzos estaban condenados al fracaso desde el principio.

Era abril de 1944. A cinco años del inicio del Holocausto, la numerosa comunidad judía de Hungría seguía intacta, y los últimos líderes judíos de Europa hacían todo lo posible por impedir su deportación y exterminio. Se aferraban a cualquier clavo ardiendo, incluso a negociar con los nazis y ofrecer dinero y objetos de valor a cambio de vidas judías.

Consciente de esa desesperación, Adolf Eichmann convocó a Joel Brand, miembro del Comité de Ayuda y Rescate de Budapest. Eichmann le dijo: "Los he traído aquí para hacer negocios… Estoy dispuesto a venderles un millón de judíos… Sangre por dinero: dinero por sangre1".

Así comenzó la fatídica misión de Joel Brand a Estambul, un intento condenado desde el principio de rescatar a un millón de judíos húngaros.

Joel Brand en 1944

Joel Brand

Brand nació en 1906 en Hungría, en una familia judía acomodada, y se mudó a Alemania con sus padres a los 4 años. Instruido y de mundo, con dominio del húngaro y del alemán, había pasado un tiempo en Estados Unidos y viajado por el mundo en su juventud, siempre detrás de la aventura. En lo político se inclinaba hacia el socialismo de izquierda, con la esperanza de una sociedad más justa.

En 1930, tras la muerte de su padre, volvió a Alemania para hacerse cargo del negocio familiar de telefonía, esperando una vida tranquila. Pero no sería así. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Brand fue arrestado. Dos años más tarde logró escapar de Alemania hacia Budapest.

Su experiencia en la Alemania nazi "me obligó a revisar mis opiniones políticas", cuenta2. "Me hice sionista, volviendo así a la tradición de mi familia y de mi primera juventud".

El abuelo de Brand, que llevaba su mismo nombre, Joel Brand padre, se había mudado a la Tierra de Israel y ayudado a construir el barrio de las Casas Húngaras en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Joel esperaba seguir sus pasos.

En el grupo sionista de Budapest, Brand conoció a su esposa, Hansi, que compartía su visión. Tuvieron dos hijos y planeaban emigrar a la Tierra de Israel, hasta que la madre y las hermanas de Joel escaparon de la Alemania nazi y se les unieron en Budapest. "Ahora tenía una docena de personas a mi cargo", recuerda Brand3. Para mantener a la familia, los Brand abrieron un taller de tejidos que resultó exitoso.

La familia Brand

En 1941, poco después de que Alemania invadiera la Unión Soviética, Hungría deportó a 50.000 judíos extranjeros a Ucrania, entre ellos la hermana y el cuñado de Hansi. Nadie sabía a dónde los habían enviado ni qué les esperaba allí, pero los Brand sabían que el tiempo apremiaba.

Joel sobornó a un agente del Servicio Secreto húngaro que había conocido en un café para que viajara a Ucrania a buscar a sus familiares. El agente no logró encontrarlos en su primer viaje, pero trajo de vuelta a otros cuatro judíos del mismo distrito.

Corrió la voz. Otras familias también le pagaron al agente para que buscara a sus parientes, y él siguió cumpliendo. En su cuarto viaje, por fin trajo de regreso a la hermana y al cuñado de Hansi.

Ese primer éxito llevó una ola de judíos desesperados hasta la puerta de los Brand. Su departamento, recuerda Joel, "empezó a parecer un verdadero cuartel general4". Casi por accidente, los Brand se encontraron dirigiendo una red clandestina que introducía refugiados judíos a Hungría, les proveía documentos falsos para protegerlos de la deportación y les daba comida y refugio. Se la conoció como el Comité de Ayuda y Rescate.

A través de los refugiados, el Comité se enteró del asesinato masivo de judíos en Ucrania y comprendió la urgencia de su trabajo. Pidieron financiamiento a la Agencia Judía en la Palestina bajo Mandato. Otro de los líderes del Comité, Rudolf Kastner5, se encargaba de las negociaciones con los húngaros y con gobiernos extranjeros, y mantenía contacto con otras organizaciones judías.

El trabajo era peligroso. Brand recuerda6: "Con frecuencia tenía que meterme en el campamento enemigo para rescatar a hombres que estaban en peligro de muerte, y entonces tenía que sumarme a las borracheras con los agentes del enemigo". Mientras el Holocausto arrasaba, "veíamos con el aliento contenido el exterminio de nuestro pueblo. Nuestro trabajo era apenas una gota en el océano, pero al menos pudimos salvar a decenas de miles de judíos de Polonia y Eslovaquia7".

En marzo de 1944, las tropas alemanas entraron en Budapest. El panorama era sombrío, pero el Comité vio un rayo de esperanza: reconocieron el nombre de un oficial superior de las SS que había llegado a la ciudad, Dieter von Wisliceny. Por sus contactos en el Grupo de Trabajo eslovaco8, sabían que Wisliceny ya había aceptado sobornos de judíos en Eslovaquia a cambio de negociar. Esperaban retomar donde ese acuerdo había quedado.

Rudolf Kastner

En Bratislava, Wisliceny había exigido 2.000.000 de dólares por los judíos de Europa, una suma que el Grupo de Trabajo no logró reunir a tiempo. Brand y Kastner, al tanto de esto, se ofrecieron a revivir el acuerdo ellos mismos. Wisliceny dijo que lo consideraría, y pidió 200.000 dólares por adelantado.

Brand admite que las negociaciones eran "puramente teóricas": su pequeño comité no tenía autorización de la Agencia Judía ni de nadie más para ofrecer esa clase de dinero, y ni siquiera representaba a la mayoría de los judíos húngaros, ya que los sionistas eran una pequeña minoría. Aun así, corrieron el riesgo. "Sabíamos que ya no podíamos continuar nuestra lucha solo por medios legales", explica Brand9, "y que únicamente con una combinación de métodos legales e ilegales podríamos enfrentar la tormenta que se venía".

Los nazis, convencidos de que los judíos controlaban la riqueza del mundo, creían que Brand y Kastner tenían acceso a fondos ilimitados. Wisliceny elevó la oferta a sus superiores.

Reunir los primeros 200.000 dólares no fue fácil. Brand y Kastner se encontraron varias veces con los nazis, llevando pagos parciales y pidiendo más tiempo, hasta completar la suma. Fue en ese momento que Eichmann convocó a Brand directamente.

Hansi Brand declarando en el juicio a Eichmann, en 1961.

Misión a Estambul

En el encuentro, Brand objetó primero que a los judíos húngaros no les quedaba nada que ofrecer a los nazis. Eichmann le dijo que su plan llegaba más lejos que Hungría. "Quiero que viaje al extranjero y se ponga en contacto directo con su gente y con representantes de las potencias aliadas", le dijo10, y le pidió que nombrara el mejor destino. Brand eligió Estambul, donde tenía contactos sionistas vinculados a la Agencia Judía en la Palestina bajo Mandato.

Eichmann prometió gestionar los documentos de viaje de Brand. También deslizó una amenaza sutil: la familia de Brand quedaría en Budapest como rehén, lo que le daba "la certeza de que usted volverá11". La misión, agregó Eichmann, debía mantenerse en absoluto secreto.

Cuando Brand informó al Comité, "todos sentimos que por fin había aquí una posibilidad de salvar al resto de nuestro pueblo en Europa12".

Eichmann pronto volvió a convocar a Brand para fijar su precio: 10.000 camiones, "nuevos, con repuestos incluidos y equipados para condiciones invernales13". Prometió que esos camiones nunca se enfrentarían a los Aliados occidentales, solo a los soviéticos en el Frente Oriental. A cambio, cerraría Auschwitz y liberaría de inmediato a 100.000 judíos en la frontera.

Brand dudaba de que los Aliados fueran a aceptar jamás, pero igual tomó la oportunidad. Incluso sin los camiones, con solo retrasar las deportaciones se podían salvar vidas, y Alemania claramente estaba perdiendo la guerra. Tal vez para cuando él regresara, Hungría estaría libre de los nazis.

Antes de partir, Eichmann le dijo a Brand que no viajaría solo. Bandi Grosz —conocido entre los cristianos como Andre Gyorgy— lo acompañaría: un judío convertido al cristianismo, contrabandista y, en general, un personaje turbio que trabajaba para quien le pagara. El Comité ya lo había usado antes para establecer contacto con Estambul. Los nazis también se servían de él.

En el mundo libre

La misión fue un desastre desde el comienzo. Cuando Brand aterrizó en Estambul, no tenía visa de entrada válida; había dado por hecho que la sucursal de la Agencia Judía en Estambul se encargaría, y esperaba que representantes de Jerusalén lo recibieran en el aeropuerto, dada la urgencia. En cambio, estuvo a punto de ser deportado. Grosz intervino, movió sus propios contactos y le consiguió a Brand una visa temporal.

En su hotel, Brand se reunió con los representantes locales de la Agencia Judía y se dio cuenta de que no estaban ni remotamente preparados para lo que les traía. Parecían ignorar el peligro que corrían los judíos húngaros, y ni siquiera habían avisado a Jerusalén de su llegada.

Frustrado, Brand pidió que enviaran un telegrama a Jerusalén. Un representante le respondió que el servicio de telegramas no era confiable. Ante eso, "hundí la cabeza entre las manos", recuerda Brand14. "En Budapest habíamos sobrestimado enormemente la influencia" 15 de la sucursal de la Agencia Judía en Estambul.

En los días siguientes, Brand se reunió con un contacto tras otro sin llegar a ninguna parte, hasta que las autoridades locales volvieron a detenerlo y amenazaron con deportarlo. Sus contactos le compraron más tiempo, y esperaba reunirse con Moshe Sharett (entonces Moshe Shertok), jefe del Departamento Político de la Agencia Judía, que venía en camino desde Jerusalén, pero a Sharett le negaron la visa de entrada.

Moshe Sharett

Mientras tanto, Grosz recurrió a todas sus conexiones hasta encontrar una salida: una ruta que pasaba por Alepo, en Siria, y seguía hasta Jerusalén, con los papeles ya arreglados. La oficina de Estambul coincidió en que era la mejor opción.

En el momento en que Brand llegó a Alepo, bajo control británico, fue detenido por las autoridades británicas. Estando detenido, por fin se encontró con Sharett, con los británicos presentes, y pasó horas exponiendo la situación en Hungría y la misión en sí. Después, Sharett deliberó con los británicos y volvió con el veredicto: tenían la intención de trasladar a Brand más al sur, bajo arresto.

Brand suplicó a los británicos, pero ellos tenían órdenes. Comprendió que Sharett y la Agencia Judía de Jerusalén estaban tan impotentes como sus representantes en Estambul.

Fue llevado a El Cairo e interrogado "ocho horas al día, durante meses enteros16". Protestó, incluso hizo una huelga de hambre, sin resultado. Luego se enteró de que la oferta de Eichmann se había filtrado a un diario británico y supo que la misión había terminado.

Brand fue liberado en octubre y enviado a Jerusalén, donde permaneció hasta su muerte por un infarto a los 58 años, en 1964. Su esposa y sus hijos sobrevivieron al Holocausto en Budapest y más tarde se reunieron con él en Israel.

Por el resto de su vida, Brand siguió amargado por la oportunidad que los Aliados y la Agencia Judía dejaron pasar de rescatar a los judíos de Hungría.

Joel Brand en Israel, en 1961. (Fotógrafo de la Oficina de Prensa del Gobierno de Israel, dominio público, vía Wikimedia Commons)

Las motivaciones de los nazis

En su momento, Brand "no lograba entender cuáles podían ser los motivos [de Eichmann]17". A los historiadores les tomó décadas de investigación reconstruir qué había realmente detrás del trato de sangre por camiones.

Eichmann nunca tuvo intención de detener las deportaciones ni el asesinato masivo. Sin que Brand lo supiera, las deportaciones de judíos húngaros a Auschwitz comenzaron el 15 de mayo, dos días antes de que él siquiera partiera hacia Estambul18.

Los historiadores dudan de que los nazis alguna vez hayan pensado cumplir su parte del trato.

Los historiadores dudan de que los nazis alguna vez hayan pensado cumplir su parte del trato. El historiador del Holocausto Yehuda Bauer cita al oficial nazi Kurt Becher, quien reprodujo las instrucciones textuales de Himmler: "Tomen de los judíos todo lo que puedan. Prométanles lo que quieran. Lo que vayamos a cumplir es otro asunto19".

Bauer sugiere que la misión de Brand era en realidad una pantalla para otra cosa completamente distinta: una tarea encomendada a Grosz. Según el propio relato de Grosz a los británicos, le habían ordenado "organizar una reunión en cualquier país neutral entre dos o tres oficiales superiores de seguridad alemanes y dos o tres oficiales estadounidenses de igual rango, o como último recurso oficiales británicos, con el fin de negociar una paz por separado entre [Alemania] y los Aliados occidentales20".

A esa altura de la guerra, Alemania sabía que estaba perdiendo, sobre todo en el Frente Oriental, con el ejército soviético acercándose a Hungría. Buscando cortar pérdidas, los nazis esperaban cerrar un acuerdo de paz con Estados Unidos y Gran Bretaña que dejara afuera a los soviéticos, lo que liberaría fuerzas alemanas para concentrarse en el este y darles alguna posibilidad de pelear.

El historiador Randolph L. Braham sostiene que los motivos de los nazis al enviar a Brand en su misión condenada eran aún más siniestros21:

Al negociar con los líderes judíos húngaros y liberar a un número limitado de judíos, adormecerían a las masas judías hasta la sumisión, desviarían su atención de la posibilidad de resistir e implementarían la "solución final" sin ninguna dificultad seria.

Braham argumenta además que la exigencia de secreto de Eichmann fue una táctica deliberada: impedir que los líderes judíos húngaros revelaran alguna vez que Auschwitz era el verdadero destino de los trenes de deportación, y así evitar "una fuga o una resistencia masivas22".

El historiador Yehuda Geberer traza un paralelo entre la misión de Brand y la estrategia nazi usada justo antes de la Gran Deportación del gueto de Varsovia, en el verano de 1942, cuando 300.000 judíos fueron enviados a Treblinka y gaseados al llegar. Poco antes de la deportación, se les dijo a los habitantes del gueto que quienes tuvieran ciertos documentos —obreros calificados, por ejemplo— serían salvados.

Geberer cita al testigo presencial Emanuel Ringelblum, asesinado más tarde en el Holocausto, quien escribió que la promesa de esos documentos fue exactamente lo que hizo que la deportación resultara tan eficaz. En lugar de volverse contra los nazis, los judíos se volvieron unos contra otros, peleando por una cantidad limitada de papeles que, al final, no salvaron a nadie: los nazis asesinaron también a quienes los tenían.

Geberer sostiene que Eichmann usó la estrategia idéntica en Hungría: enfrentar a los judíos entre sí para adelantarse a la resistencia23. Las negociaciones abrieron una brecha entre los líderes judíos, algunos de los cuales se oponían a ellas por principio.

La misión de Brand terminó profundizando esa división. Cuando no regresó, el resto del Comité —sin saber que lo tenían detenido los británicos— sospechó que los había abandonado para salvarse a sí mismo. "Sus colegas, y por un tiempo incluso su esposa, no le perdonaron su supuesta traición", escribe Bauer24, "y el resultado fue una ruptura profunda entre él y los miembros sobrevivientes del [Comité]".

La brecha solo creció con las negociaciones posteriores entre Kastner y los nazis. Una década más tarde, en Israel, Kastner fue acusado de colaboracionismo y asesinado por fanáticos que buscaban venganza.

"El plan de Eichmann en… Hungría funcionó tan bien", dice Geberer25, "que Eichmann logró enmarcar el debate… hasta el día de hoy". Todavía hoy, familias de judíos húngaros asesinados siguen culpando a su propio liderazgo por esas muertes.

Irán está usando la misma estrategia al sembrar discordia entre judíos en las redes sociales, profundizando las grietas de la sociedad israelí.

Hemos visto esta misma estrategia empleada hace poco por Hamás. Desesperada por traer a los rehenes de vuelta a casa, la sociedad israelí se volvió contra sí misma, y distintos sectores se culparon mutuamente por no hacer lo suficiente. Rehenes y sus familias contaron que Hamás les exigía luchar contra su propio gobierno a cambio de la libertad26.

Irán está usando la misma estrategia al sembrar discordia entre judíos en las redes sociales, profundizando las grietas de la sociedad israelí27.

Ya es hora de que dejemos de caer en esto. Estemos donde estemos políticamente, no somos enemigos entre nosotros. Todos queremos lo mismo: seguridad para los judíos, en Israel y fuera de ella. Es hora de unirnos frente a los enemigos que nos dicen abiertamente que quieren destruirnos.

  1. Alex Weissberg. Desperate mission: Joel Brand's story. Criterion Books, 1958. Página 91.
  2. Ibíd., página 5.
  3. Ibíd., página 6.
  4. Ibíd., página 15.
  5. Kastner pasó a la historia como el organizador del controvertido tren de Kastner, que rescató a 1.684 judíos. Su historia excede el alcance de este artículo. Para un análisis a fondo de la controversia del tren de Kastner, escuche la serie de podcast de Yehuda Geberer Come on and Ride the Train.
  6. Alex Weissberg. Desperate mission: Joel Brand's story. Criterion Books, 1958. Página 20.
  7. Ibíd., página 21.
  8. Las actividades del Grupo de Trabajo en Bratislava exceden el alcance de este artículo. Para más información, véanse los capítulos 5 y 6 de Jews for Sale? Nazi-Jewish Negotiations, 1933-1945, de Yehuda Bauer, Yale University Press, New Haven y Londres, 1994.
  9. Alex Weissberg. Desperate mission: Joel Brand's story. Criterion Books, 1958. Página 77.
  10. Ibíd., páginas 93-94.
  11. Ibíd., página 94.
  12. Ibíd.
  13. Ibíd., página 104.
  14. Ibíd., página 134.
  15. Ibíd., página 135.
  16. Ibíd., página 173.
  17. Ibíd., página 90.
  18. Braham, Randolph L. "Rescue operations in Hungary: myths and realities". East European Quarterly, vol. 38, n.º 2, verano de 2004. Página 47.
  19. Yehuda Bauer. Jews for Sale? Nazi-Jewish Negotiations, 1933-1945. Yale University Press, New Haven y Londres, 1994. Página 167.
  20. Citado en Jews for Sale? Nazi-Jewish Negotiations, 1933-1945, de Yehuda Bauer. Yale University Press, New Haven y Londres, 1994. Página 166.
  21. Braham, Randolph L. "Rescue operations in Hungary: myths and realities". East European Quarterly, vol. 38, n.º 2, verano de 2004. Página 42.
  22. Ibíd., página 48.
  23. Yehuda Geberer. Come on and Ride the Train, parte IV. Disponible en https://jsoundbites.podbean.com/e/come-on-and-ride-the-train-the-kastner-story-part-iv/.
  24. Yehuda Bauer. Jews for Sale? Nazi-Jewish Negotiations, 1933-1945. Yale University Press, New Haven y Londres, 1994. Página 183.
  25. Yehuda Geberer. Come on and Ride the Train, parte IV. Disponible en https://jsoundbites.podbean.com/e/come-on-and-ride-the-train-the-kastner-story-part-iv/.
  26. Por ejemplo, Julie Kupershtein, madre del rehén liberado Bar Kupershtein, recibió la llamada de uno de los captores de su hijo amenazándola con que, si quería volver a verlo alguna vez, debía involucrarse en las protestas, criticar a Israel internacionalmente e intentar derribar al gobierno israelí.
  27. Véase, por ejemplo, Inbal Orpaz y David Siman-Tov. Foreign Interference and Iranian Influence on Social Networks in Israel. Disponible en https://www.inss.org.il/publication/iranian-influence/, consultado el 15 de julio de 2026.
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