Masacre en un evento de Janucá en Australia
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
La parashá Vaietzé comienza con una descripción aparentemente simple de los viajes de Iaakov: “Y Iaakov salió de Beersheva y fue hacia Jarán. Y se encontró con el lugar, y pasó la noche allí porque el sol se había puesto” (Génesis 28:10–11).
El Kedushat Levi explica que este viaje simboliza la salida de Iaakov de la Tierra de Israel y sus posteriores viajes hacia el exilio. Puesto que nuestra tradición enseña que cada experiencia de los patriarcas tiene repercusiones para sus descendientes, los viajes de Iaakov deben seguir siendo relevantes para nuestras vidas hoy.
Examinemos en detalle los versículos iniciales de la parashá:
“Y Iaakov salió de Beersheva.” El Kedushat Levi dice que la salida de Iaakov de Israel insinúa la grandeza espiritual de la Tierra. Esto lo deriva de la palabra “Beersheva”, que es una combinación de beer y sheva. Beer significa “pozo”: una fuente de agua, lo que simboliza abundancia y bendición. Sheva significa “siete”, aludiendo a un aumento siete veces mayor de bendición. La Tierra de Israel es por lo tanto la fuente de abundancia espiritual.
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El versículo continúa: “…y fue hacia Jarán.” Iaakov entiende que su viaje fuera de la Tierra de Israel causará que sus descendientes sean exiliados en el futuro. Según el Kedushat Levi, la palabra “Jarán” está relacionada con la expresión jarón af, que significa “ira”. El descontento de Dios ante el futuro comportamiento del pueblo judío resultará en su exilio fuera de la Tierra.
Este conocimiento causa a Iaakov un gran dolor, como lo indica la siguiente parte del versículo: “Y se encontró con el lugar” (vaifgá bamakom). La palabra vaifgá comparte la raíz con lifgoa, que significa “herir”. Además, la palabra makom, más allá de su significado simple de “lugar”, a menudo se refiere a Dios mismo, el fundamento del mundo (Bereshit Rabá 68:9).
A partir de estas palabras podemos entender que Iaakov no solo sintió el dolor del pueblo en el exilio, sino también el dolor de Dios al verse obligado a exiliar a Sus hijos.
Iaakov era sumamente sensible al dolor del exilio. Por lo tanto, el versículo continúa: “…y pasó la noche allí, porque el sol se había puesto”. El exilio se compara con la noche. Iaakov vio que sus viajes fuera de Israel eventualmente llevarían a que la oscuridad del exilio descendiera sobre el pueblo judío. Así como Iaakov durmió, el pueblo también sería obligado a “dormir”.
Iaakov entendió que sus acciones eran solo un preludio de lo que sucedería a sus descendientes. Basándonos en esta idea, podemos sugerir una comprensión más profunda de las palabras “Y Iaakov salió” (vaietzé Iaakov). Iaakov “salió de sí mismo” al permitirse sentir el dolor del exilio judío. Amplió su enfoque, apartando su atención de sí mismo y haciendo espacio para los demás. Esto nos enseña una valiosa lección sobre la importancia de sentir el dolor de otros.
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Vemos otra demostración de esta cualidad en Génesis 15:13, cuando Dios le dice a Abraham que el pueblo judío será esclavizado por una nación extranjera durante 400 años. Sin embargo, sabemos por otras fuentes que el pueblo judío sirvió en Egipto solo 210 años (Rashi sobre Génesis 42:2). ¿Cómo podemos reconciliar esta contradicción?
De acuerdo con el Kedushat Levi, tan pronto como Abraham fue informado sobre el futuro exilio egipcio, sintió el dolor que el pueblo judío experimentaría allí. Su dolor fue tan intenso que Dios restó 190 años del decreto original.
Esta capacidad de sentir el dolor de los demás también nos ayuda a ver por qué Rajel era la esposa ideal para Iaakov. Iaakov había acordado casarse con Rajel, pero sospechaba que su futuro suegro Labán intentaría engañarlo de alguna manera. Él y Rajel acordaron señales secretas que les permitirían reconocerse. Cuando Rajel descubrió que Labán planeaba entregar a su hermana Leá a Iaakov en su lugar, le enseñó a Leá estas señales secretas. Esto lo hizo porque era sumamente sensible al dolor que Leá sufriría si era humillada públicamente bajo la jupá (Talmud — Meguilá 13).
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EL REGRESO A LA TIERRA
Tan pronto como Iaakov siente el dolor del exilio del pueblo judío en el exilio y se duerme en la oscuridad, Dios lo bendice con la promesa: “He aquí, Yo estoy contigo, y te guardaré dondequiera que vayas, y te devolveré a esta Tierra” (Génesis 28:13–15). De esta bendición podemos aprender el enorme poder de desarrollar sensibilidad hacia los demás. Aunque la Presencia de Dios está con nosotros incluso en el exilio, sentir el dolor de los demás puede darnos el mérito de regresar a la Tierra de Israel. La bendición que Iaakov recibe es también un mensaje para nosotros.
Que todos aprendamos a volvernos sensibles al dolor de los demás, y que esta capacidad nos acerque un paso más a la redención final, cuando seremos reunidos del exilio y regresaremos a nuestra tierra en paz.
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