La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina


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Una estrella del rock en ascenso sigue sueños misteriosos hasta Israel, donde la música, la herencia y la fe la llevan en un poderoso viaje de regreso a casa a través del judaísmo.
Nesiah creció en Ciudad de México y, de niña, no se sintió conectada con ninguna religión. Sus abuelos maternos practicaban algunas tradiciones judías, sus abuelos paternos eran nominalmente cristianos, pero sus propios padres eran seculares. Nesiah buscaba espiritualidad a través de la música y el arte.
“Desde los seis años hacía música y bailaba”, dice Nesiah. Se formó como artista musical profesional, soñaba con ser estrella del rock y lanzó varios álbumes. Su rutina diaria era intensa: “iba al gimnasio, luego estaba en el estudio escribiendo música, grabando, bailando”.
Su sueño se estaba haciendo realidad, pero no se sentía satisfecha. “Siempre quise ser parte de algo positivo en el mundo”, dice. “Quería crecer y evolucionar como ser humano y ayudar a otros. Pensé que, a través de la música, podía usar mi voz para tener un impacto. Pero durante mi carrera musical, me di cuenta de que estaba en un entorno que no me permitía crecer como persona”.
Nesiah seguía buscando algo profundo y real. “Constantemente estaba en una lucha conmigo misma”, recuerda. “Me sentía atrapada y quería salir de ese lugar”.
Sin saber exactamente lo que buscaba, Nesiah decidió viajar por el mundo. A los 20 años visitó Israel por primera vez. Fue un viaje divertido y no pensó mucho en él.
Al regresar, Nesiah tuvo un sueño. “Había oscuridad a mi alrededor, pero una oscuridad hermosa y tranquila. Delante de mí, veía letras hebreas que brillaban con luz”.
En ese momento, Nesiah no conocía el alfabeto hebreo, pero al despertar buscó los sonidos que había visto en sus sueños. Descubrió que era el nombre de Dios en hebreo.
“En ese momento de mi vida, estaba pasando por dificultades”, dice Nesiah. “Estábamos a punto de grabar mi último álbum. Me había ido de la casa de mi mamá, buscaba un lugar para vivir, no hablaba con mi familia. No encontraba mi lugar en ningún lado”.
Luego tuvo otro sueño: “Era un castillo antiguo. En mi sueño dije: ‘Tengo que ir al rey’. Cuando llegué, vi una puerta enorme. Toqué y de repente salió un hombre con un instrumento musical y dijo: ‘¡Bienvenida a casa!’”
Nesiah tenía una maestra que se había convertido al judaísmo. Le contó el sueño, y la maestra le dijo: “¡Ese era el Rey David!”
La maestra le dio un pequeño libro de Salmos (la mayoría escritos por el Rey David) y le dijo: “Si quieres salir del lugar donde estás ahora, tienes que rezar”.
“¿Rezar? Yo no rezo. ¿A quién le voy a rezar?”
Unos meses después, la maestra le habló de un viaje a Israel para no judíos. Nesiah sintió que debía regresar y se unió al viaje.
Antes de partir, uno de sus productores le dijo: “Tengo la sensación de que no vas a regresar”. Ella no le creyó, pero, en retrospectiva, “él vio lo que yo no quería ver”.

El viaje resultó transformador. “En Israel, entendí que el judaísmo se basa en el comportamiento ético, y estos valores son muy fuertes entre el pueblo judío. Todos los que conocí intentaban mejorar como personas, fueran o no religiosos. Las dos personas que más me inspiraron fueron los líderes del viaje, el Rabino Daniel Chapan y el Rabino Daniel Kohn. Vi lo dedicados que estaban a compartir la Torá, su conocimiento y todo lo que recibían para mejorar la vida de los demás y ayudar a otros”.
Nesiah se sintió atraída por el estilo de vida judío que observó en Israel. “En el fondo, eso era lo que realmente quería”, dice. “Veo que el pueblo judío trabaja en el tikkun olam, en reparar el mundo, y quería ser parte de eso. Es un deseo profundo de mi alma”.
“Por primera vez sentí: ¡Encontré mi lugar! Y está aquí”.
“El último día del viaje fue el más poderoso de mi vida”, dice Nesiah. “Nos llevaron a un lugar hermoso en las colinas de Judea para un concierto. La música llegó muy profundo a mi alma”. Se encontró llorando sin entender por qué la música provocaba emociones tan intensas. “Sentí que mi alma decía: ‘¡Esto es!’ Y por primera vez sentí: ¡Encontré mi lugar! Y está aquí”.
Tras regresar a México, Nesiah mantuvo contacto con el Rabino Kohn y su esposa Batya, quienes la guiaron y apoyaron durante todo su camino.
Nesiah se preguntaba por qué sentía una conexión tan fuerte con la Tierra de Israel. Al visitar a sus abuelos maternos en México, les preguntó sobre su vínculo con el judaísmo. Había visto objetos judíos en su casa, como una menorá de Janucá, pero no había pensado mucho en su significado.
La historia familiar que descubrió era compleja. Sus abuelos descendían de judíos sirios y habían crecido en la comunidad judía. Tanto el padre de su abuelo paterno como el padre de su abuela paterna eran judíos que llegaron a México desde Damasco en 1910, en el mismo barco junto con otras familias judías sirias.
En México, el padre de su abuela conoció a la madre de su abuela, que no era judía. Antes de casarse, ella se convirtió al judaísmo. Sin embargo, un aspecto único de la vibrante comunidad judía siria es su histórica aversión a la conversión.
Hasta hoy, Nesiah no sabe si la conversión de su bisabuela fue válida. No encontró registros al respecto ni en documentos familiares ni en archivos de la sinagoga local. Pero sabe, por los recuerdos de su abuela, que su familia nunca fue completamente aceptada por la comunidad judía local.
El padre del abuelo de Nesiah se casó con una mujer no judía que no se convirtió. Sin embargo, ella lo dejó poco después de dar a luz a su hijo Shlomo, el abuelo de Nesiah. Aunque Shlomo no era judío, fue criado en la casa judía de sus abuelos paternos.
De niños, tanto su abuela como su abuelo asistieron a la sinagoga y a la escuela judía, pero siempre se sintieron como outsiders. “Fue muy difícil para mi familia”, dice Nesiah. “Enfrentaron muchos desafíos y luego dejaron la comunidad”.
Aun así, los abuelos de Nesiah no pudieron escapar de su conexión con el judaísmo. “Siempre supe que había algo muy profundo en mis abuelos, algo muy especial”, dice.
Cuando Nesiah les dijo a sus abuelos que planeaba convertirse al judaísmo y mudarse a Israel, “fue realmente hermoso”, recuerda. “Mi abuelo me llamó a su cuarto y dijo: ‘Quiero mostrarte algunas cosas’. Abrió uno de sus cajones, y allí estaban todos sus siddurim, todos sus libros, sus libros de estudio, y también los de mi abuela, y dijo: ‘Toma lo que necesites’. Eso me hizo llorar, porque son parte de ello y todavía lo llevan en el alma. Y nunca vivieron la vida judía que querían”.
Los abuelos de Nesiah tenían un conocimiento limitado del judaísmo, pero intentaban preservar lo que sabían.
Los abuelos de Nesiah tenían un conocimiento limitado del judaísmo, pero intentaban preservar lo que sabían. Su abuela cocinaba comida tradicional judía siria. “El judaísmo estaba impreso en sus almas”, dice Nesiah, “y eso es lo que recibí. Un poquito, pero para mí es mucho. Suficiente para decir: esta es mi herencia, esto es parte de mí, parte de mi historia, y no estoy sola. Debía hacerse una gran rectificación, y estaba en mí. Entendí que mi decisión de venir a Israel y convertirme no solo tenía que ver conmigo, sino con toda la historia familiar”.
En el verano de 2023, Nesiah se preparaba para mudarse definitivamente a Israel. “Realmente sentía la urgencia de venir”, recuerda. “Sentí que algo grande iba a pasar. Nunca pensé que sería una guerra. Recuerdo que cuando conseguí mi boleto, solo le rezaba a Dios y pedía: ‘¡Por favor, espérame!’”
Nesiah llegó a Israel el 6 de octubre del 2023. Fue directamente a Bat Ayin, a media hora al sur de Jerusalem, al dormitorio de la escuela de habla inglesa donde estudiaría para su conversión. La escuela había sido recomendada por los Kohn.
A la mañana siguiente, Nesiah se despertó con las sirenas. “No estaba familiarizada con sirenas ni refugios antiaéreos”, dice. “Fue realmente impactante, porque había otras chicas en el dormitorio que también eran nuevas”. La consejera del dormitorio tocó la puerta e informó que estaban siendo bombardeados y que debían correr al refugio.
“No tenía ni zapatos y vi que las chicas ya corrían hacia las calles”, recuerda Nesiah. “Empecé a subir la colina para alcanzarlas. Todavía no conocía a nadie”.
Nesiah conoció al director del programa y a las otras estudiantes en el refugio. Fue una presentación bastante dramática. “En un momento, todos nos dimos cuenta de que era serio”, dice.
A pesar de un inicio tan difícil, Nesiah nunca consideró regresar a México. La experiencia solo “reforzó mi propósito de estar aquí, que lo que sentía era correcto. Estamos en una misión enorme, y este es el momento, y no hay otro lugar donde estar. No tuve miedo en absoluto. Estaba segura”.
Mientras Israel luchaba, Nesiah se dedicó a aprender cómo ser judía. Fue un pequeño choque cultural. Sentía que “empezaba mi vida desde cero otra vez. No sabía nada. Pero sé que estoy en un viaje verdadero y quiero estar con Dios. Sé que mi familia está conmigo y estoy comprometida con esto”.
El camino no ha sido fácil. Nesiah sintió que debía despojarse de la persona pública que había construido y mostrar quién era realmente por dentro. “Se trata de volver a tu esencia, y eso requiere mucha humildad. ¡Me sentía tan pequeña! No conocía la cultura ni el idioma. No sabía nada de la Torá. Pero lo más hermoso es que este camino de la Torá en realidad te ayuda a regresar a ti misma y a vivir de manera sencilla y verdadera”.
Nesiah perseveró. Además de la gran cantidad de conocimientos que debía adquirir sobre el judaísmo, Nesiah tuvo que superar obstáculos internos.
“No me sentía santa”, dice. “Siempre veía a las mujeres judías tan santas, y yo pensaba, ¿qué estoy haciendo aquí, Dios? Sabes que no soy santa. No entiendo la Torá, no sé cómo guardar Shabat, tengo miedo de cometer errores. Ese fue el mayor desafío: empezar a encontrarme y darme cuenta de que está bien”.
Nesiah temía ser rechazada, pero encontró en su nueva comunidad una gran acogida. “El pueblo judío tiene un corazón enorme”, dice. “La comunidad me recibió con mucho amor, compasión y los brazos abiertos, eso fue muy sanador”.
Aunque a veces sentía que no encajaba, Nesiah se recordaba que sus antepasados estaban detrás de ella. Alguien le dijo: “No sabes quién en tu familia estaba rezando para que uno de ustedes regresara. Y esas plegarias se respondieron contigo”.
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Nesiah con Rav Daniel y Batya Kohn
Nesiah mantuvo eso presente mientras seguía estudiando, decidida a ser la mejor judía que pudiera ser. A medida que mejoraba su hebreo, cambió al programa de los Kohn, Midreshet Zohar.
En total, Nesiah tardó 18 meses en completar su conversión. “Se siente largo cuando tu alma está ardiendo y realmente quieres ser judía”, dice.
La conversión fue un momento emocional. Nesiah sintió “que finalmente regresé a casa. Estaba en paz conmigo misma. Mis luchas internas desaparecieron. Me sentí tan agradecida, y al mismo tiempo sentí una gran responsabilidad. Esto era solo el comienzo. Me comprometí a cumplir la Torá y las mitzvot y a mantenerme en el camino de crecimiento. Y quiero mantener mi compromiso”.
Durante el primer año y medio después de llegar a Israel, Nesiah se mantuvo alejada de la música y la danza. Parte de ello fue por la difícil situación en Israel y parte por concentrarse en la conversión. “No quería cantar, no quería bailar, no podía crear, pero realmente lo extrañaba”, dice.
Ahora, Nesiah está retomando lentamente la música y la danza. “Sé que si vuelvo a eso, será de otra manera”, dice. “Estoy encontrando mi camino. Empecé a bailar un poco de nuevo. Estoy tomando clases de flamenco. Veremos a dónde llega”.
Hoy, los objetivos y sueños de Nesiah son más complejos. Quiere vivir su vida con propósito como una mujer judía, “honrar a mi familia, honrar la vida que no pudieron vivir y formar una nueva familia, y traer almas judías al mundo. Esa es una misión enorme”.
Antes de su conversión, la visión de Nesiah sobre su futuro no incluía el matrimonio. En la industria musical, el matrimonio no era un valor. Cuando Nesiah aprendió sobre la importancia del matrimonio y la familia en el judaísmo, descubrió un sueño completamente nuevo para sí misma. “¿Y si me atrevo a soñar que puedo encontrar un alma gemela? ¿Cómo sería tener un hogar?” dice. “Ahí estoy ahora, en el proceso de encontrarme a mí misma”.
Actualmente, Nesiah continúa sus estudios en Midreshet Zohar, profundizando su conocimiento del judaísmo. Todavía vive en Bat Ayin, “una comunidad hermosa y espiritual. Hay muchos artistas y músicos aquí. Es muy única, y realmente encaja con quién soy”. Disfruta prepararse para Shabat y las festividades y participar en la vida religiosa.
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Gracias por compartir tu experiencia que puede ayudar a tantos! Hermosa experiencia encontrarte con tu Creador!! Baruj HaShem!!!