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¿El judaísmo apoya el veganismo?

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24/08/2022 | por Eric Ackland

¿Quién dijo que tenemos permitido comer carne en primer lugar?

Judaísmo y veganismo

La mayoría de nosotros cree que la bondad es un valor noble y alcanzable para los seres humanos. Vemos tanto sufrimiento a diario y queremos al menos disminuirlo o, si somos capaces, eliminarlo por completo. Además, si estamos dispuestos a abrir los ojos, veremos una gran cantidad de sufrimiento animal y daño a nuestro suelo, a los bosques, al aire y al agua, y obviamente queremos hacer todo lo que esté en nuestras manos para reducir ese sufrimiento y destrucción, mediante el uso de nuestro poder para elegir lo bueno.

El judaísmo, al crear una comunidad duradera centrada en la familia y la bondad, apunta a reducir el sufrimiento y hacer actos de bondad en muchos frentes. Muchos eligen aumentar la observancia de judaísmo en una etapa más avanzada de la vida cuando reconocen esta idea.

De la misma forma, muchos eligen (así como yo) tener una dieta vegana porque mejora, personifica y ejemplifica el valor fundamental del judaísmo de escoger la vida: fortalecer la salud humana, minimizar el sufrimiento y las muertes causadas por los humanos, y reparar y proteger el planeta, en lugar de dañarlo.

No todos los judíos observantes llevan una dieta vegana, y el judaísmo tampoco nos obliga a adoptarla, pero el reclamo ético para adoptarla en los tiempos modernos es difícil de refutar, y ciertamente algunos de los principios fundamentales del judaísmo lo apoyan.

En el libro de Génesis, Dios les dice a Abraham y a Eva: "Les he dado toda hierba que produce semilla… y todo árbol que produce fruto; será alimento para ustedes".

La dieta original, para la Torá, eran frutas y plantas. Recién diez generaciones más tarde, después del Diluvio, se les permitió (pero no obligó) a los humanos comer carne. En general, el judaísmo ordena lo que es bueno, por lo que la ausencia de una orden implica algún nivel de ambigüedad moral.

Además de esto, preservar la salud personal es un valor judío, lo que significa que también es un valor moral. Como escribió Maimónides, el gran codificador y filósofo judío: "Dado que tener el cuerpo saludable y en buenas condiciones está incluido en los caminos de Dios (porque no se puede entender ni conocer al Creador si uno está enfermo), se debe evitar todo lo que daña el cuerpo y acostumbrarse a lo que es saludable y ayuda al cuerpo a estar más fuerte". Maimónides nos está diciendo que el cuidado de nuestra salud es una obligación moral.

En el último siglo aprendimos que cientos de estudios establecieron que los derivados de los animales, como los lácteos, la carne y los huevos, así como el azúcar, trigo, aceites refinados y alimentos procesados como todo lo que se compra en caja o en bolsa, promueven la obesidad, la alta presión arterial, enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes, enfermedades autoinmunes y muchos otros problemas de salud.

Las enfermedades cardíacas y el cáncer matan a 1,2 millones de personas anualmente sólo en Estados Unidos, mucho más de lo que mató el COVID-19, y la mayoría de esas situaciones de enfermedades y muerte se podrían haber evitado si las personas, durante su vida, hubieran comido alimentos saludables, evitado los insalubres, y ejercitado con regularidad. Las enfermedades cardíacas y los tratamientos contra el cáncer tienen un costo, sólo para Estados Unidos, de 500 mil millones de dólares al año.

Todas las personas que se consideran éticas y quieren minimizar el daño que se causan a ellas mismas, a sus familias y a la sociedad en general, deben darle una gran importancia a sus hábitos alimenticios y escoger alimentos que favorecen la salud; en primer lugar, porque son responsables ante sus seres queridos de estar saludables y, luego, para no ser una carga para la sociedad.

Los frutos y vegetales frescos, los tubérculos, los hongos, los granos integrales, las legumbres, las nueces y las semillas fueron todos asociados con mejor salud y longevidad, y pasarse a una dieta dominada por ellos —la dieta que la Torá nos dice que tuvo la humanidad durante sus primeras diez generaciones— puede en ocasiones hasta revertir enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes y otras.

Elegir evitar el consumo de alimentos insalubres no es la única razón ética para evitar el consumo de productos animales. La cría intensiva causa un gran sufrimiento, incluso a los animales cuyos huevos, leche y carne serán luego certificados como kósher. Las condiciones en que viven esos animales, incluyendo no sólo a las vacas para producción de carne, sino también a las gallinas ponedoras, a los pollos y a las vacas para producción de leche, causan una inmensa cantidad de sufrimiento innecesario (por favor investiga en internet para saber más sobre el tema).

La Torá prohíbe causarles sufrimiento innecesario a los animales, por lo que una vez que uno se concientiza de que su dieta se basa en ese sufrimiento, debería considerar que hay cientos de frutos, vegetales, tubérculos, granos legumbres, hongos, nueces y semillas, que son saludables y pueden producirse con mucho menos sufrimiento, además de muchos otros productos comerciales como carnes y quesos falsos que, si bien no son saludables, al menos requieren un mínimo de sufrimiento animal para su producción. La elección es simple: menos sufrimiento.

Para la Torá también es importante la protección del medioambiente. Si bien casi toda la agricultura a gran escala es nociva para el planeta, la cría intensiva de animales es por lejos la que más daña. Requiere una cantidad inmensa de tierra dedicada a cultivos forrajeros junto a todos sus insumos químicos, la erosión del suelo, el inmenso uso de agua y su contaminación, y el pastoreo de ganado es una de las causas principales de destrucción de los bosques.

La realidad es que todos tenemos libre albedrío, y la obligación de elegir lo bueno por sobre lo cómodo, fácil y conveniente es fundamental para el judaísmo.

Todas nuestras elecciones son importantes, para nosotros y para el mundo. Es nuestra obligación hacer introspección, concientizarnos del daño que podemos evitar a diario y aceptar la responsabilidad de cambiar lo que podemos. Sin dudas, todos estamos lejos de alcanzar la perfección, pero podemos dar pasos pequeños en la dirección correcta.




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