Murió el Indio Solari, ¿qué mensaje espiritual podemos aprender de su partida?


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El concepto del 14 de febrero refleja la idea de que el amor es algo que "nos sucede", el judaísmo nos invita a algo más profundo.
Cada 14 de febrero, el mundo occidental se tiñe de rojo y rosa. Flores, chocolates y tarjetas invaden las tiendas mientras millones celebran el “Día de San Valentín”. Sin embargo, para el judaísmo, esta fecha no forma parte de nuestro calendario festivo. Y no se trata de rechazar el amor, todo lo contrario. El judaísmo celebra el amor profundamente, pero desde una perspectiva radicalmente diferente que vale la pena explorar.
El Rav Noaj Weiberg z’l, fundador de Aish, explicaba que el judaísmo define al amor como el placer emocional que experimenta un ser humano cuando entiende y se enfoca en las virtudes de otro. La emoción de amar depende en gran medida de cómo elegimos mirar a la otra persona. Si nos enfocamos en sus virtudes, la amaremos. Si nos enfocamos en sus deficiencias, nos desagradará.
Esto explica algo extraordinario: ¿cómo es posible que la Torá nos obligue a amar? La respuesta es que, la forma en que elegimos ver a otra persona está completamente bajo nuestro control. Cuanto más íntimamente conozcamos a alguien y sus virtudes, más profundo será nuestro amor.
La cultura occidental, en cambio, está profundamente influenciada por el concepto griego de amor: Cupido. Ya conoces la historia. Cupido revolotea, dispara una flecha a un hombre y a una mujer, ¡y listo! Están enamorados. Este mito fue alimentándose o mutando en series de televisión, novelas o películas románticas. El formato no importa, el mensaje es el mismo: te puedes enamorar instantáneamente.
Este concepto nos engaña, haciéndonos creer que el amor es un suceso místico. Un golpe del destino sin explicación lógica ni esfuerzo, que no se basa en compromiso ni en entendimiento profundo de la persona que amas.
En el estilo de amor occidental, dos personas simplemente "se enamoran", como si fuesen víctimas. Si quieres seguir casado, solo puedes rezar para que Cupido no te dispare otra flecha. No es sorprendente que esta filosofía haya producido una sociedad con una tasa de divorcio superior al 50%.
Maimónides, por su parte, enseñó: "Es un mandamiento amar al prójimo como a uno mismo. Por lo tanto, uno debe hablar en alabanza de su prójimo y preocuparse por su propiedad".
Nota que no menciona lo que uno debe sentir emocionalmente. En cambio, interpreta el mandamiento desde el comportamiento: habla bien, preocúpate por el otro. Es una llamada a la acción.
En el amor, los sentimientos nos mantienen centrados en el yo; las acciones son las que nos conectan con los demás. Por eso la ketubá, el documento matrimonial judío, no contiene declaraciones de amor romántico, sino un contrato que detalla obligaciones. Es una promesa de mantener siempre un nivel superior de presencia y acción en relación con la persona amada.
La palabra hebrea para amor, ahavá, se basa en la raíz 'dar'. Desde la perspectiva romántica, pensamos que el amor es necesario para dar: cuanto más amamos, más damos. Pero desde la perspectiva judía, ocurre lo contrario: cuanto más damos, más amamos. El acto de dar abre los canales para que los sentimientos fluyan. Como enseñan los Sabios: "El corazón de uno va detrás de los actos".
Muchos repiten la famosa frase judía de “ama a tu prójimo como a ti mismo”, pero se olvidan de enfocarse en su contenido... ¡a ti te conoces hace mucho tiempo, desde que naciste! Es decir, el amor es una construcción, una edificación ladrillo a ladrillo, no un momento mágico.
Una vez un rabino dijo: "No te casas con alguien porque la amas, te casas con alguien porque TE amas... ¡la prueba es que, si realmente la amaras, le buscarías a alguien mejor que ti!". La otra persona nos potencia y con el tiempo, vamos aprendiendo a amarla.
Pero no nos engañemos, el judaísmo sí tiene una fecha en la que se celebra el amor, el 15 de Av, conocido como Tu beAv. Pero la diferencia fundamental es esta: en ese día se celebran milagros que nos alegran (por ejemplo, fue el día en que los judíos se dieron cuenta de que ya no habría más muertos por el pecado de los espías y que todos los sobrevivientes ingresarían a la tierra de Israel). Hay un contenido espiritual, nada que tenga que ver con la “casualidad” de un momento. Esto es porque el amor no puede circunscribirse a un solo día. Es una larga tarea por la que vale la pena esforzarse cada día del año.
El concepto del 14 de febrero refleja la idea de que el amor es algo que "nos sucede", un momento mágico. Confiar en la flecha de Cupido implica más una fantasía que el amor mismo. El judaísmo nos invita a algo más profundo, a construir el amor conscientemente, a elegir ver las virtudes del otro, a comprometernos con acciones que nutren la relación día tras día.
No se trata de rechazar el romanticismo o la belleza del amor. Se trata de comprenderlo como algo que construimos con nuestras manos, nuestras palabras y nuestros actos, algo mucho más poderoso y duradero que cualquier flechazo.
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Coincido con la visión Judía, para mi el amor es una decisión que tomamos cada día!