El judaísmo y el sionismo son inseparables

16/07/2025

6 min de lectura

Después del 7 de octubre, una verdad es clara: el judaísmo y el sionismo son inseparables.

En la mañana del 7 de octubre de 2023, mi familia y yo nos acurrucamos contra la pared de una escalera en el barrio Guivat Tzafartit de Jerusalem. Escuchábamos aullar las sirenas, los cohetes surcar el cielo, y los profundos y lejanos estruendos mientras caían al suelo o eran interceptados en el aire. Mi hermano y mi cuñada tenían expresiones pensativas. Ellos ya habían estado antes aquí, en esta escalera. Pero mis padres y yo, los neoyorquinos, teníamos miedo.

"Misha, ¿esto es serio?" —susurró mi madre a su hijo.

Mi hermano negó con la cabeza y sonrió. Él no quería que sus hijos pequeños pensaran que algo estaba mal. Pero lo estaba.

A menos de 113 kilómetros, los terroristas de Hamás estaban incendiando casas, asesinando bebés en sus cunas, y atacando sexualmente a sus madres. Secuestraron personas que todavía seguimos esperando que regresen a casa, devastaron comunidades enteras antes de regresar triunfantes a Gaza con sus botines de guerra. En la escalera, no sabíamos todo esto. Todo lo que sabíamos era que había cohetes.

Días después, cuando nuestro avión sobrevolaba Europa, miré por la ventanilla y pensé en todas las decisiones que nos habían llevado a Israel en primer lugar. En 1990, con la caída de la Unión Soviética, mi madre llegó desde Bielorrusia a los Estados Unidos, después de pasar meses recorriendo Europa. Diez años después, conoció a mi padre, otro inmigrante bielorruso. Se casaron y construyeron una casa en Staten Island. Y luego, once años más tarde, mi hermano voló a Israel por segunda vez en su vida. Como presidente de la primera organización estudiantil pro-Israel en Boston College, debía pasar seis semanas en la Ciudad Vieja de Jerusalem antes de regresar a graduarse y comenzar la facultad de derecho. Era un plan sencillo, que no tomaba en cuenta el poder de la experiencia.

#Desde que tengo memoria, mi judaísmo, y por lo tanto mi identidad, ha estado ligado a mi sionismo.

“Mamá, algo me pasó”, decía el e-mail de mi hermano. Juntos en la cocina, mis padres leyeron sus palabras en voz alta, con el rostro cubierto de incredulidad. El aspirante a abogado ahora sería rabino, cambiando la facultad de derecho por la ieshivá. Después de algunos años, mis padres cambiaron sus posturas antiteístas acogiendo cálidamente el judaísmo ortodoxo, y mi hermano y su esposa se mudaron a Jerusalem.

Fue el amor y el compromiso con Israel, y los descubrimientos que hizo allí mi hermano, lo que inicialmente marcó el rumbo de todos nosotros. Así que, desde que tengo memoria, mi judaísmo, y por lo tanto mi identidad, ha estado ligado a mi sionismo.

En los meses que han pasado desde el 7 de octubre, la fortaleza de este lazo ha sido puesta a prueba. La conexión entre el pueblo judío y la Tierra de Israel ha sido cuestionada, investigada y manipulada por quienes distorsionan la verdad. “¿Qué tan profunda es esta conexión?”, preguntan. “¿Cuán antigua es?” Tratan de pelar las capas de la historia, localizar el momento exacto y cuantificable en que los judíos llegaron a Israel y comenzaron a atraer calamidades. Es como si el terrorismo de Hamás (cuyos objetivos están explícitamente expresados en su carta fundacional) pudiera explicarse por la relación entre los judíos e Israel. Debe ser que algún defecto inherente en la autodeterminación del pueblo judío, en su Estado, en su propio sionismo, ha traído el mal sobre ellos.

#Durante la última generación, los judíos occidentales han comenzado a tirar de los hilos que los unen a Israel.

Durante la última generación, los judíos occidentales han comenzado a tirar de los hilos que los unen a Israel. Se ha vuelto fácil, incluso deseable, rechazar el sionismo. Algunos judíos han tratado de apartarse de esta narrativa o colocarse del lado de los aparentes “victoriosos” del 7 de octubre. “Como judío…”, escriben, ocultos tras las pantallas, mientras justifican el terrorismo, renuncian al sionismo y abandonan —consciente o inconscientemente— un componente fundamental de su identidad judía. El 7 de octubre, el día del ataque más letal contra judíos desde el Holocausto, la organización pro-palestina Voz Judía por la Paz (JVP, por su siglas en inglés) publicó un comunicado en el que afirmaba que “la fuente de toda esta violencia” era “el apartheid israelí y la ocupación”. Según cita la Liga Antidifamación (ADL), la activista de JVP Ariel Koren declaró que los crímenes de Hamás son “consistentes con el derecho de resistencia de los palestinos”. En enero, la revista Jewish Currents publicó un cómic titulado “La defensa de Israel”, en donde soldados de las FDI aparecen brutalizando a hombres gazatíes desnudos mientras se filman a sí mismos. Encima de la cabeza de un soldado, un globo de diálogo dice: “¡Es un libelo de sangre darle play a nuestros TikToks genocidas!” Banderas israelíes sobresalen de edificios destruidos.

De acuerdo a la definición de la Liga Antidifamación, el sionismo es “el movimiento por la autodeterminación y la soberanía del pueblo judío en su patria ancestral, la Tierra de Israel”.

Pero de alguna manera, para este grupo particular de judíos, el sionismo está completamente separado del judaísmo. Miembros judíos de JVP, como Koren, pueden ahora bloquear puentes mientras gritan por un “alto el fuego” (un alto el fuego que no incluye paz ni fin del conflicto) y piden que el gobierno de los Estados Unidos deje de enviar ayuda a Israel mientras el país se defiende. Jonathan Glazer puede “rechazar” su judaísmo en el escenario de los Premios Oscar al aceptar el galardón a la mejor película internacional por La zona de interés, una película que trata sobre Auschwitz, donde aproximadamente 1.100.000 de sus correligionarios fueron asesinados.

#Los judíos que rechazan el sionismo están rechazando la premisa de que los judíos deben tener un estado donde puedan vivir sin ser perseguidos.

En esencia, los judíos que rechazan el sionismo están rechazando la premisa de que los judíos deben tener un estado donde puedan vivir sin ser perseguidos. Quizás sea posible creer, desde la comodidad de una casa en San Francisco o un departamento en Camden, que el juego ha terminado y que finalmente podemos dejar de huir. Han pasado siglos desde las Cruzadas y la Inquisición española, y estamos a generaciones de distancia de las cámaras de gas y los campos de exterminio del Holocausto. Tal vez sea posible creer que ya no necesitamos ser sionistas.

Pero si algo han demostrado los actos calculados de barbarie de Hamás el 7 de octubre y la respuesta del mundo desde entonces, es que el juego no ha terminado. Quienes odian a Israel, en su mayoría, no excluyen a los judíos de su odio. El sionismo es inherente a la identidad judía, y ningún número de judíos antisionistas puede cambiar esa percepción verdadera.

#La cortina entre los que se oponen al sionismo y los que odian a los judíos se ha vuelto peligrosamente delgada.

El 21 de octubre, manifestantes en una protesta anti-Israel en Rhode Island coreaban: “¡Hey hey, ho ho, the Yahudi have got to go!” (¿Hey hey, ho ho, los judíos se tienen que ir!) Este es sólo un ejemplo del antisemitismo expresado en el contexto del activismo antisionista, pero es representativo de una tendencia mucho más amplia. La cortina entre los que se oponen al sionismo y los que odian a los judíos se ha vuelto peligrosamente delgada. A pesar del estribillo común de los refranes en las redes sociales y los fervientes manifestantes respecto a que el antisionismo no es antisemitismo, resulta difícil ver cómo pedir la erradicación del único estado judío del mundo, o escribir que la tierra debe estar “libre de judíos” para permitir la soberanía palestina, no es un acto antisemita.

A lo largo de la historia, en cada momento de crisis, los judíos se han visto obligados a considerar qué valoran, qué priorizan y qué los desafía. Mientras Israel lucha por defenderse del grupo terrorista que busca su destrucción, y la subsecuente destrucción de Occidente, es crucial recordar que esta guerra es otra en la larga serie de guerras que han moldeado la identidad judía. Independientemente de las objeciones que uno pueda tener hacia el gobierno israelí o del desencanto con el judaísmo, para que el pueblo judío tenga un futuro tanto en la diáspora como en su patria histórica, el sionismo debe volver a ser intrínseco a la identidad judía. Debemos valorarnos, debemos priorizar nuestra soberanía, y debemos aceptar el desafío de definir nuestra identidad.

Como dijo el sabio Hilel en el siglo I: “Si no estoy para mí, ¿quién lo estará?” Estas palabras son antiguas, pero su mensaje es eterno, pues esta es la pregunta que enfrentamos ahora. Si el pueblo judío no se identifica como sionista, ¿quién asegurará que nuestro estado continúe existiendo? Si no creemos que merecemos un lugar donde vivir y rezar en libertad, donde podamos ir a bailar y volver a casa, donde podamos despertar en una mañana de fiesta con nuestros seres queridos dormidos en sus camas con seguridad, entonces nuestro futuro no sólo será oscuro, sino que prácticamente será imposible de garantizar. Y como concluyó Hilel: “Y si no es ahora, ¿cuándo?”.


Extracto de Young Zionist Voices: A New Generation Speaks Out (New York: Wicked Son, 2024), editado por David Hazony.

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Manuel
Manuel
4 meses hace

Es un error inaceptable hacer mención de judaísmo y sionismo.No es posible diferenciar distinguir generar una dicotomía es una misma y maravillosa simbiosis.

Franco
Franco
4 meses hace

Excelente artículo, Am Yisrael Chai

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