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El judaísmo y la marihuana: ¿Qué dice la ley judía sobre el tema?

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09/12/2021 | por Rav Efrem Goldberg

La marihuana médica está permitida, pero el uso recreativo impide que salga a la luz la mejor versión de nosotros.

En 1970, el presidente Richard Nixon firmó el Acta de Control de Substancias y en esencia declaró una guerra contra las drogas, incluida la marihuana. Desde entonces, la actitud de los norteamericanos y de la ley del país recorrió un largo camino. El año pasado, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó una ley para eliminar el cannabis (marihuana) del Acta de Control de Substancias. En la actualidad la legislación descriminaliza la marihuana y establece un impuesto sobre sus ventas similar al del alcohol.

Dieciocho estados han legalizado el uso recreativo de la marihuana y 36 lo aprobaron para uso médico. Se especula que en el año 2026 en los Estados Unidos el mercado legal de cannabis llegará a 40 mil millones de dólares.

Se especula que en el año 2026 en los Estados Unidos el mercado legal de cannabis llegará a 40 mil millones de dólares.

Dado que la opinión popular y las leyes en muchos países van dando cada vez más lugar al uso de la marihuana, no podemos dejar de preguntarnos qué dice el judaísmo al respecto.

En la ley judía hay un requerimiento general de observar las leyes civiles de la tierra en la que uno vive cuando éstas no contradicen la ley judía.1 Por lo tanto, además de lo que el judaísmo diga sobre la marihuana, la ley judía exige obedecer la autoridad de la ley civil. Si es ilegal poseer o utilizar marihuana, entonces también está en contra de la ley judía.

Pero, ¿acaso esto significa que, si es legal, entonces está permitido de acuerdo con la ley y los valores judíos?

La marihuana para uso médico

Es importante distinguir entre el uso recreativo de la marihuana y el uso medicinal. El Talmud2 entiende a partir de la frase hebrea "verapó ierapé"3 'proveerá a su curación', que el hombre tiene permiso de tratar una enfermedad, incluso si el mismo proceso de curación puede llegar a transgredir otros valores, tal como provocar que alguien sangre. ¿Qué ocurre con el hecho de tratar el dolor, incluso cuando no hay implicado ningún beneficio a la salud? ¿Está permitido transgredir otros valores o prohibiciones simplemente para aliviar el dolor?

Rav Abraham Borenstein4 (1838-1910) demuestra que la excepción del tratamiento no se aplica sólo a la curación, sino también al control del dolor, incluso cuando no hay ningún beneficio terapéutico.

Basado en este dictamen, Rav Shlomo Zalman Auerbach5 (1910-1995) y otros concluyeron que está permitido usar narcóticos, como morfina, si esto es necesario para calmar el dolor, incluso con pacientes terminales. Aunque la morfina impacta sobre la respiración y puede acelerar la muerte, está permitido utilizarla en el caso de un paciente terminal porque disminuir el dolor es una forma de curación.

Extendiendo este dictamen, Rav Itzjak Zilberstein,6 una autoridad contemporánea, escribió que a pesar del enfoque generalmente negativo respecto al uso de la marihuana, ésta puede usarse con propósitos médicos y para el control del dolor, sin ninguna diferencia con el resto de los narcóticos o medicinas para el control del dolor.

La marihuana recreativa

La Torá nos obliga a vivir vidas sanas y en general a proteger nuestro bienestar. El Talmud7 deriva del versículo "venishmartem meod lenafshoteijem", 'sean muy cuidadosos en proteger sus almas'8 un mandato de ser responsables con nuestras vidas. Entonces, ¿usar marihuana es una transgresión de esta responsabilidad de vivir una vida sana?

El Talmud9 nos dice que Rav, que vivió en el siglo II, le dijo a su hijo Jía: "No ingieras ninguna droga". Rashi explica que a Rav le preocupaba que una persona pudiera disfrutar de la sensación de euforia o "high" y deseara experimentarlo una y otra vez. ¿Por qué esto es un problema? ¿Por qué estar eufórico y feliz transgrede el mandato de vivir sanos?

Cuando somos indulgentes con substancias que nublan nuestro juicio o que comprometen a nuestra consciencia, cuando perdemos el control y nos volvemos indisciplinados, estamos debilitando nuestra alma Divina.

Los seres humanos estamos compuestos de dos almas, nuestra alma animal y nuestra alma Divina. El alma animal nos alienta a actuar impulsivamente y a ser indulgentes con nuestros instintos de forma indiscriminada. Cuando alguien está fuera de control decimos que actúa como un animal, y cuando alguien se llena la boca de comida con desesperación, decimos que come como un cerdo. También tenemos un alma Divina y cada uno de nosotros fue creado a imagen de Dios. El alma Divina es capaz de tener disciplina y autocontrol. Ella nos permite tomar elecciones conscientes y nos posibilita regular nuestro comportamiento.

Cuando somos indulgentes con substancias que nublan nuestro juicio o que comprometen nuestra conciencia, cuando perdemos el control y nos volvemos indisciplinados, estamos debilitando nuestra alma Divina; estamos, en esencia, renunciando a nuestra misma humanidad. Se supone que debemos vivir en el aquí y ahora, estar completamente comprometidos e inmersos en el presente, ser conscientes de nuestro entorno, estar comprometidos con nuestro medio, ser responsables de nuestro comportamiento y capaces de recordar lo que hicimos y lo que ocurrió a nuestro alrededor. Usar substancias, ya sea drogas o alcohol, para escaparnos de la realidad, para adormecernos ante el dolor, para sentir mayor placer o simplemente por diversión, es someternos a nuestro yo más bajo; es elegir el impulso animal por encima de nuestra alma Divina.

Emborracharse o drogarse puede llevar a una sensación pasajera de felicidad, pero es falsa y muy breve.

La santidad exige conciencia, atención y autocontrol. Por eso la Torá10 prohíbe beber vino en el Templo, el edificio sagrado, el lugar más sagrado de la tierra. Emborracharse o drogarse puede llevar a una sensación pasajera de felicidad, pero es falsa y muy breve. El Rambam escribió: "Quien se emborracha es un pecador, es vergonzoso y perderá su sabiduría. Si se emborracha frente a otras personas, profana el Nombre de Dios".

Algunas personas argumentan que estar borracho o eufórico de hecho fomenta la conexión religiosa y la elevación espiritual al quitar las inhibiciones y aliviar el estrés, pero esto es un error. El crecimiento espiritual auténtico, genuino y duradero, resulta cuando involucramos nuestro corazón, nuestro cerebro y nuestra alma en un estado consciente, no al escapar de ellos.

Es importante señalar que si bien las investigaciones que comparan los peligros y los efectos secundarios del alcohol y de la marihuana siguen siendo ambiguas, existe entre ambas cosas una diferencia fundamental. En los eventos judíos, en las festividades y durante los hitos del ciclo de vida, se usa vino con moderación para elevar y dignificar la ocasión. Si bien el judaísmo se opone al hecho de emborracharse, de forma simultánea incorpora el levantar una copa de vino en honor a una ocasión especial. El vino se puede disfrutar con moderación y consumirlo sin intoxicarse, mientras que la marihuana es una droga que se usa para volarse o llegar a un "high" y algunas investigaciones consideran que es una puerta de entrada a otras drogas más peligrosas.

La ley judía cree que si bien está permitido el uso médico de la marihuana, su uso recreativo nos impide llegar a sacar a la luz lo mejor de nosotros.

Rav Moshé Feinstein, uno de los más grandes rabinos del siglo XX, dictaminó11 que el uso de la marihuana es adictivo, dañino y prohibido. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud,12 el 30% de quienes usan marihuana tienen algún grado de trastorno por el uso de la misma. Además, las investigaciones demostraron13 que usar marihuana mata las células cerebrales y puede ser dañino para la salud y el bienestar de la persona. El uso de la marihuana se asocia con déficits en la toma de decisiones. Una persona en estado de euforia no sólo no puede cumplir debidamente las mitzvot, sino que es mucho más probable que tome elecciones y se comporte de formas incompatibles con la ley judía y en conflicto con los valores judíos.

Rav Feinstein concluye recordándonos que en el judaísmo vivimos para la santidad, no para la felicidad, y afirma que "Debemos hacer nuestro máximo esfuerzo para combatir esta actividad impura y profana dentro del pueblo judío".

En Israel, un rabino contemporáneo, Rav Shlomo Aviner, también se refirió a esta pregunta y llegó a la misma conclusión. Él escribió14 que las personas que usan marihuana llegan a depender de la misma y que esa dependencia compromete la capacidad de vivir y sacar a la luz lo mejor de nuestro ser. Él agrega que la marihuana tiende a volver a las personas desmotivadas, afecta la memoria e infla la confianza de formas no sanas y peligrosas, todas estas declaraciones son apoyadas por las investigaciones y son inconsistentes con una vida judía rica.

Conclusión

Si bien el mundo que nos rodea está adoptando leyes y perspectivas más permisivas respecto al uso de la marihuana, la ley judía cree que a pesar de que está permitido el uso médico de la marihuana, su uso recreativo nos impide llegar a ser lo mejor que podemos ser y, por enda, estaría prohibida. Debemos satisfacer el deseo de "sentirnos eufóricos" trabajando para desarrollar nuestros músculos espirituales y profundizando nuestra conexión con la Fuente Infinita de la creación.


Notas:

1.    Esto se conoce en el Talmud (Bava Kama 113a) como dina demaljuta dina, 'la ley de la tierra es la ley'.
2.    Bava Kama 85a
3.    Shemot 21:19
4.    Avnei Nezer o.j. 453
5.    Nishmat Abraham i.d. 339
6.    Tejumin v. 23
7.    Brajot 32b
8.    Devarim 4:15
9.    Pesajim 113a
10.    Vaikrá 10:9
11.    Igrot Moshé i.d. 3:35
12.    https://www.drugabuse.gov/publications/research-reports/marijuana/marijuana-addictive
13.    https://www.medicalnewstoday.com/articles/does-weed-kill-brain-cells#in-teenagers
14.    Sheilat Shlomo 4:264





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