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El judío libanés que trabaja para la inteligencia israelí

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05/05/2022 | por Yoav Limor

Al crecer en el Líbano, K. nunca pensó que un día serviría en el ejército israelí. Su familia se fue a vivir a Israel y fue enrolado, una gema para la unidad de inteligencia israelí.

Si K. tiene un sueño, ese es regresar a Beirut. Caminar por el barrio donde creció, encontrarse con sus viejos amigos y vecinos. Sentarse en los restaurantes, ir de vacaciones al norte, tal como lo hizo cuando era un niño. "Yo seré el primero en ir al Líbano cuando eso sea posible", asegura.

El sargento mayor K. es conocido en la Unidad 8200, la Unidad Central de Recopilación de Inteligencia de Israel, como "el libanés". Él llegó con su familia desde el Líbano, entre los últimos judíos que vivieron allí. En Israel se incorporó al ejército e hizo carrera en la Unidad 8200 enfocándose en su previo hogar, el Líbano, y la lucha contra Hezbollá, que se apoderó del país en el que él creció.

Tiene 40 años, está casado y tiene dos hijas de 8 y 3 años. Su hebreo perfecto puede confundirnos, pero cuando llegó a Israel a los 12 años no hablaba ni una palabra en hebreo. Todo lo que aprendió lo aprendió por sí mismo. Palabra por palabra, frase por frase.

Su lengua madre es el árabe, y como todos los libaneses bien educados, también habla francés e inglés. Él estudió en una escuela cristiana, y la mayoría de sus amigos eran cristianos. "La mayoría de los judíos habían partido antes que nosotros. La mayoría se fueron después de la Guerra de los Seis Días y después de la Guerra de Iom Kipur. Los que se quedaron, se dispersaron cuando comenzó la guerra civil en 1975. Muchos se fueron a Francia o a Canadá, porque sabían hablar en francés, y también a Brasil".

Sus padres vivían en Beirut. "Ellos estaban convencidos que la guerra terminaría en unos pocos meses, pero como todos los judíos que se quedaron, decidieron irse un poco más al norte, a un área más remota y montañosa. Estaban seguros que retornarían cuando terminaran las luchas, pero no lo hicieron, y allí nos quedamos".

Su padre era un comerciante exitoso y su madre un ama de casa. Él recuerda una infancia normal y feliz de una familia regular: dos padres y cuatro niños, K. y sus tres hermanas. En retrospectiva, dice que durante esos tiempos había una considerable persecución contra los judíos, a pesar de que su familia nunca la sintió. "No recuerdo haber tenido miedo de decir que era judío. Nuestros vecinos sabían que éramos judíos. Mi padre venía de una familia religiosa, y celebrábamos las principales festividades: Pésaj y Rosh Hashaná".

Nunca sentí vergüenza ni miedo de decir que era judío.

Para Pésaj recibían matzá desde Siria, donde seguía existiendo una gran comunidad judía, con un Gran Rabino, carne kasher y panaderías. "En el Líbano todo eso había desaparecido años antes, pero aprendimos a seguir adelante. Vivíamos entre cristianos, pero manteníamos nuestras vidas judías. Mi padre rezaba en casa. En Iom Kipur el vecino venía antes de que terminara el ayuno para calentar nuestra comida, y nuestros vecinos corrían nuestro auto para que no profanáramos la festividad.

P: ¿Tenías miedo?

"Yo era un judío libanés. Era aceptado como aceptaban a un cristiano libanés. Estudié en una escuela cristiana que era un poco religiosa, y todos los que necesitaban saberlo sabían que yo era judío y no asistía a las clases de religión. No crecí gritándolo a los cuatro vientos, pero nunca sentí vergüenza ni miedo de decir que era judío".

Ellos evitaban ir a las áreas chiitas de Beiruit. "Vivíamos en un área cristiana, que estaba protegida. En el momento en que te aventurabas un poco más al sur, quedabas expuesto. A mi padre no le gustaba ir a esas áreas. Él estaba conectado con personas del ejército que lo dejaban pasar, pero era sumamente cuidadoso".

Él recuerda muchas vacaciones durante su infancia en el Líbano: en las montañas nevadas, y en la playa durante el verano. Largas vacaciones que a veces duraban todo el verano.

En los años 80, la familia se subía al auto, viajaba hacia la frontera, cruzaba a Rosh Hanikrá, y cuando terminaban las vacaciones regresaban a casa.

Durante las vacaciones iban a Israel, a visitar a la familia de su madre. Hoy parece ciencia ficción, pero en los años 80 se subían al auto, viajaban hacia el sur, a la frontera, pasaban a Rosh Hanikrá, y cuando terminaban las vacaciones regresaban a casa. "Recuerdo las vacaciones, el hotel en Naharía. Por lo general viajábamos para Rosh Hashaná, porque eso coincidía con las vacaciones en el Líbano". Su padre era el único de la familia que hablaba hebreo. El resto de la familia hablaba con sus parientes en árabe.

A fines de la década del 80 las visitas se volvieron menos frecuentes debido a la situación de seguridad, y la familia lentamente comenzó a pensar más respecto a irse del Líbano a vivir a Israel. "Mi padre era sionista, él quería volver a vivir en una cálida comunidad judía sionista".

A fines de 1993, tomaron la decisión y K. y su familia se prepararon para irse. A diferencia de los judíos sirios que tenían que escapar sin llevarse nada de sus bienes, los judíos libaneses partieron de forma ordenada. La familia de K. les dijo a sus vecinos que se iban a los Estados Unidos. Empacaron la casa, incluyendo los muebles, llamaron a una empresa y pusieron sus pertenencias en un barco que viajaba a Chipre, donde fueron recibidos por los representantes de la Agencia Judía. Después de esperar unos días, en diciembre de 1993 volaron hacia Israel.

Vivir en Israel no fue sencillo, en especial para sus padres. Una civilización diferente, un idioma diferente, K y sus hermanas tuvieron que arreglárselas solos. Después de estar seis meses en un hotel para inmigrantes, se mudaron a Jolón, cuando K. entró por primera vez al sistema escolar israelí en séptimo grado. No fue fácil. "A veces los niños pueden ser crueles. Me ponían apodos desagradables. Me llamaban Hezbollá. Hoy entiendo que la crueldad no tenía la intención de lastimarme. Eso era lo que ellos sabían".

Como un mecanismo de defensa, trató de ocultar que había llegado del Líbano. Hasta que fue conscripto. La inteligencia comprendió que tenía en sus manos un diamante.

Como un mecanismo de defensa, trató de ocultar que había llegado del Líbano. Hasta que fue conscripto. El Departamento de Inteligencia no dejó pasar de largo el hecho de que había nacido y crecido en el país vecino del norte. En una unidad que trabaja duro entrenando expertos en asuntos árabes, K. era un diamante. No sólo su lengua madre era el árabe, sino que también conocía el Líbano no a partir de libros, sino que realmente desde el interior. Un verdadero libanés, que conocía la cultura, las tradiciones y la comida. "Un verdadero libanés. Un judío libanés", como se define a sí mismo.

En el 2000 fue enrolado a la Unidad 8200, la más alta unidad de inteligencia militar del ejército de Israel. Recibió entrenamiento y trabajó como técnico radial. Escuchó llamadas, analizó información, envió mensajes. Rápidamente entendió que había una diferencia entre "su" Líbano, el que él amaba y donde había crecido, y Hezbollá, el enemigo. "No todos los residentes libaneses que yo conozco son enemigos. Es importante efectuar esa distinción".

A sus ojos, Hezbollá no es sólo un enemigo de Israel, sino también del Líbano. "La mayor parte del pueblo libanés sufre a causa de la presencia de Hezbollá. Con lo que yo hago, no sólo sirvo al estado de Israel, sino también al pueblo libanés".

  1. no tiene dudas respecto a que Hezbollá es una amenaza. "Ellos controlan todo, y por eso se preocupan de sus propios intereses: la comunidad chiita. Quienes no están conectados con Hezbollá son dañados de forma severa".

P: ¿Estás en contacto con tus amigos y vecinos?

"No. Se perdió toda conexión. Al principio mi padre mantuvo lazos, pero lentamente desaparecieron. No es como hoy, que existe e-mail y Facebook".

Irse a Israel tampoco fue sencillo para sus padres. "En el Líbano nuestra puerta siempre estaba abierta. Un vecino entraba y otro salía, y de repente aquí la mentalidad es que cada uno está encerrado en sí mismo. Todos se preocupan por sí mismos y por sus propias familias. Para ellos fue difícil aceptar que no tendían amigos como tenían en el Líbano".

P: ¿Lo extrañan?

"Mi padre lo extraña mucho. Cuando hubo una explosión en el puerto de Beirut, lo primero que hice fue correr a ver las estaciones de TV del Líbano para ver qué estaba pasando, y luego llamé a mi padre. Para él fue muy difícil digerirlo. Su infancia fue allí. Sus recuerdos. Le pregunté cuándo ese país finalmente tendrá un poco de paz".

Su padre sigue viviendo en Jolón, y a pesar de su edad sigue trabajando en seguridad, para no estar sin traer nada a la casa. Su madre falleció hace nueve años, y sus hermanas mantienen la tradición libanesa, principalmente cocinando platos del lugar. Con su padre habla "la mitad en hebreo y la mitad en árabe", aunque su padre "piensa en árabe., El árabe le resulta más cómodo",

P: ¿Y cuando ve lo que Hezbollá hace en el Líbano?

"Él no piensa demasiado sobre eso ahora. Piensa más sobre política".

P: ¿Política libanesa?

"Por supuesto. Siempee está mirando los canales árabes".

P: ¿Y qué dice sobre el lío que hay allí ahora?

"Que somos afortunados de habernos ido. Mis padres sacrificaron mucho al partir, cada uno de nosotros pagó un precio. Pero hoy todos estamos establecidos, y él está contento por eso".

P: ¿Alguna vez imaginaste qué hubiera ocurrido si se hubieran quedado allí?

"Por supuesto. Probablemente yo también hubiera encontrado alguna manera de partir. En el Líbano hay una conscripción obligatoria a los 18 años, así que si nos hubiéramos quedado eso habría sido un problema".

Mantener la cabeza en alto

Durante su servicio, K. se desplazó entre diferentes campos. También trabajó en el área palestina, pero la mayoría de su servicio lo pasó en lo relativo al Líbano. Durante la Segunda Guerra del Líbano él estuvo en una base en el norte y tuvo que dedicarse a "salvar vidas". "Mi tarea era salvar las vidas de los soldados que estaban en el Líbano, y lo logramos. Puedo decir que sin ninguna duda salvamos la vida de varios soldados".

Mi tarea era salvar las vidas de los soldados que estaban en el Líbano.

Durante uno de los incidentes, alertaron a los soldados que estaban dentro de una casa a la que le dispararon un misil antitanques. Los soldados evacuaron la casa y sobrevivieron. "Fue un periodo difícil. Eras bombardeado, tenías que hacer un cambio mental y entrar en 'modo de guerra', pero la misión estaba por encima de todo".

Y en medio de todo eso, los pensamientos sobre el Líbano. Su Líbano. "Hace mucho tiempo llegué a hacer una distinción entre el hecho de ser libanés y de ser israelí. No pienso que estoy dañando al Líbano de ninguna manera. Como ya dije, pienso que estoy haciendo algo bueno para ellos".

Por eso ya no trata de ocultar su identidad. "Solía ocultarlo. Hoy mantengo mi cabeza en alto. Soy K., judío-libanés. Ya desapareció toda la vergüenza y el deseo que tenía de actuar como si hubiera nacido aquí y no allí".

P: ¿Qué les cuentas a los jóvenes soldados con quienes te encuentras?

"Todo. Cómo era la vida allí, las vacaciones de verano, los restaurantes, la comida. Los más jóvenes no entienden realmente que hay un Líbano que no es Hezbollá. Un Líbano diferente".

  1. deja claro que él diferencia entre el estado del Líbano y Hezbollá, que lo mantiene con mano de hierro.

Partidarios de Hezbollá observan un discurso televisado del líder de Hezbollá, Hassan Nasrallah (AFP/Foto de archivo)

"No son lo mismo. Yo viví con esas personas. Conozco sus opiniones, su cultura. Pero también trabajo en la frontera del norte y veo el mal. Y hay una enorme diferencia entre las dos cosas".

A medida que pasa el tiempo, las diferencias comienzan a desdibujarse. Hezbollá gradualmente se va apoderando del Líbano y sus instituciones y en muchos aspectos sus intereses se han convertido en los intereses del Líbano. Sin embargo, para K. la distinción es importante, aunque él se enfoca en el enemigo, Hezbollá, y menos en el sentimiento, en el Líbano que él dejó.

  1. asegura que Hezbollá es una organización inteligente que aprende sus lecciones. Pero también es una organización que tiene conciencia de sus límites y de quienes se le oponen. "No puedes ignorar a Hezbollá y su fuerza, ni nuestra capacidad y nuestra fuerza, y esto ellos lo saben muy bien".

La unidad 8200 experimentó cambios dramáticos durante su servicio en la unidad, especialmente la transición del mundo de signos de inteligencia al mundo cibernético. En el pasado más que nada tenía que escuchar llamadas, hoy su mundo incluye muchas clases de mensajes y otra información. La unidad tiene muchos otros especialistas en cultura árabe, pero K. es el único libanés, y esta es una fuente singular de conocimiento.

De esta forma, su conocimiento de Hezbollá es íntimo. Hace dos años, lograron frustrar varios ataques de la organización en la frontera norte como respuesta al asesinato de uno de sus militantes en un ataque atribuido a la Fuerza Aérea Israelí en Damasco. "No me avergüenzo de decir que cada día me levanto con cierto nivel de expectativa, porque sé que las cosas pueden cambiar en cualquier segundo".

P: Y cuando escuchas a Nasrallah decir que serán vengados, ¿qué haces?

"Nuestro trabajo es siempre buscar un objetivo que se deba atacar, ya sea que Nasrallah hable o no ante los medios de comunicación; y para eso debemos estar atentos y concentrados. Sí, buscamos agujas en un pajar. No es algo simple, pero conocemos el trabajo".

P: ¿Y cuando no tienen éxito? No son magos del éxito.

"Entonces la sensación es muy difícil. Y si un soldado resulta herido o muere, tu mundo se derrumba. Pero lo mejor de 8200 es aprender lecciones. Somos humanos y cometemos errores, pero la idea es saber cómo corregir esos errores".

P: ¿Cómo se siente ser el único libanés en el negocio?

"Es un poco gracioso, pero la sensación es como un peso sobre mi espalda porque tengo mayor responsabilidad. En primer lugar, hacia mi país, y sí, también hacia el Líbano, o por lo menos con parte de sus ciudadanos. Parte de mi misión es guiar y entrenar a los soldados jóvenes. Enseñarles la cultura, el idioma, la pronunciación correcta".

Como parte de su trabajo, K. dirigió un equipo que en la operación Escudo Norte expuso y neutralizó los túneles que había cavado Hezbollá. "Le quitamos una capacidad estratégica. Fue algo muy importante y me sentí muy orgulloso, sentí que logré cerrar un círculo. Trabajaron mucho para hacer los túneles y al final fue un libanés y expuso y frustró sus planes".

P: El libanés que frustró a los libaneses.

"A Hezbollá. Los libaneses que yo conozco no son Hezbollá. Nunca conocí activistas de Hezbollá. Mis amigos eran cristianos, buenas personas"·

P: Dices que eres un patriota libanés Ellos dirían que eres un traidor.

"Soy un patriota israelí. Nací en el Líbano, pero mi corazón y mi alma son israelíes. Y sí, quiero salvar al Líbano".

Finalmente, K. dijo que cuando se firmaron los Acuerdos de Abraham con los Emiratos y Bahrain, él pensó en su tierra patria. "Mi sueño es que un día esto ocurra con el Líbano. Yo seré el primero en viajar allí".

Este artículo se publicó originalmente en "Israel HaYom".





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