El colapso silencioso del Reino Unido


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Un desconocido salvó la vida de Jaim Lindenbaum. Un año después, ese hombre, el Dr. Daniel Levi, fue asesinado el 7 de octubre. Su historia refleja la historia del pueblo judío, del Sinaí y de nuestro futuro compartido.
En el 2022, Jaim Lindenbaum, un hombre de 77 años de Haifa, fue diagnosticado con leucemia agresiva. Los médicos dijeron que su única posibilidad de sobrevivir era un trasplante de médula ósea que le salvara la vida. El Dr. Daniel Levi, quien se había inscrito en el registro de donantes de médula ósea de Israel después de hacer aliá desde Perú, resultó ser compatible, a pesar de no tener ningún parentesco.
Con apenas una semana de preparación, Levi donó células madre para el trasplante urgente, coordinado por Ezer Mizion, el registro de donantes de médula ósea judío más grande del mundo. El procedimiento fue un éxito y Jaim quiso agradecer a su benefactor, pero las normas de la donación exigían que esperaran un año antes de poder revelar la identidad del donante.
Un año después, Jaim Lindenbaum y el Dr. Daniel Levi estaban ansiosos por conocerse finalmente. Habían programado su encuentro para después de Simjat Torá, el 7 de octubre. El encuentro nunca ocurrió. Daniel Levi y su joven familia vivían en el Kibutz Beeri y, cuando los terroristas se infiltraron al kibutz ese día, él respondió a las llamadas desesperadas de la clínica médica y corrió a tratar a los heridos graves.
Mientras su esposa Lihi, de 34 años, su hija Emma, de 5, y su hijo Liam, de 2, se escondían en una habitación segura durante siete horas, Levi le escribió con calma un mensaje: “Te amo”, mientras los terroristas de Hamás abrían fuego. Después de atender a muchas personas y salvar vidas, Daniel fue asesinado el 7 de octubre.
Dr. Daniel Levi, de bendita memoria
Jaim nunca tuvo la oportunidad de conocer al hombre que le salvó la vida, pero sí conoció a su familia. Unas semanas después de la tragedia en Beeri, alguien de Ezer Mizion intentó organizar el tan esperado encuentro y trató repetidamente de contactar a Levi… sin éxito. Al revisar su expediente y ver que era de Beeri, investigó más a fondo y descubrió que había sido asesinado. A pesar de la desgarradora noticia, se comunicó con la viuda de Levi, Lihi, para ver si el encuentro aún era posible. En un emotivo encuentro, la viuda de Daniel Levi cumplió lo que su esposo había esperado hacer durante más de un año: abrazar al hombre cuya vida había salvado.
"Además de sus dos hermosos hijos, él dejó su sangre, que ahora es mi sangre”.
Agachándose ante la pequeña Emma, Jaim le explicó: “Yo estaba muy enfermo, mi sangre estaba enferma. Y hoy estoy sano, gracias a la sangre de tu papá… Me sentía muy triste, quería darle las gracias. Su sistema sanguíneo está en mi cuerpo. En compatibilidad, éramos como hermanos”.
Jaim agregó que una parte de Levi todavía vive en él: “Además de sus dos hermosos hijos, él dejó su sangre, que ahora es mi sangre.”
Este principio no se limita a Jaim Lindenbaum y Daniel Levi.
Cuando la Torá describe la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, el momento más trascendental de la historia, dice: “Acamparon en el desierto, e Israel acampó frente al monte”. El texto cambia del plural al singular, y Rashi explica que esto muestra que el pueblo judío estaba unido “como un solo hombre con un solo corazón”. Esta unidad fue esencial para recibir la Torá. Así como entonces, nuestra unidad hoy es una parte importante de aceptar nuevamente la Torá en Shavuot.
La nación judía era una familia solidaria, un pueblo unido, no sólo una reunión de individuos dispersos. De hecho, ningún judío puede cumplir totalmente con toda la Torá a menos que la nación esté unida como una sola. Todos los judíos están obligados a observar los 613 mandamientos, pero ningún individuo puede cumplirlos todos, porque no se puede ser simultáneamente hombre, mujer, cohen, levi, vivir en Israel y fuera de ella.
El Talmud enseña: “Kol Israel arevim zé lazé” — “Todo Israel es responsable uno por el otro”. Sólo a través de este principio los judíos pueden cumplir los 613 mandamientos. Al ser garantes unos de otros, podemos cumplir mitzvot por el otro y así cumplirlos todos.
No es coincidencia que la palabra hebrea para garantes, arevim, provenga de la misma raíz hebrea que “mezcla”. Cuando nos responsabilizamos unos por otros y nos tenemos en cuenta, nos convertimos en una mezcla unificada.
Puede haber otra forma de entender el mensaje de unidad. El nombre de la montaña donde recibimos la Torá, Sinaí, proviene de la palabra hebrea siná, que significa odio. El Talmud (Shabat 89a) enseña que desde este monte entró en el mundo el odio hacia el pueblo judío.
¿Por qué odian a los judíos? Historiadores y pensadores han ofrecido muchas respuestas, pero ninguna explicación lo abarca todo. El antisemitismo ha aparecido en toda clase de épocas y lugares, ya sea que los judíos fueran ricos o pobres, asimilados o religiosos, viviendo en Israel o en el exilio.
El odio comenzó en el Sinaí, cuando aceptamos la Torá y la responsabilidad de vivir de acuerdo con sus valores.
Nuestros sabios enseñan que el odio comenzó en el Sinaí, cuando aceptamos la Torá y la responsabilidad de vivir de acuerdo con sus valores. La Torá enseña verdades eternas y altos estándares morales, y eso incomoda a muchos. Como judíos, estamos destinados a ser una luz para las naciones, una brújula moral, y esa misión siempre nos ha hecho destacarnos.
La siná, el odio, comenzó en el Sinaí, hace 3.337 años. Desde entonces, hemos enfrentado odio, mentiras, dobles estándares y persecución. Pero nunca nos hemos rendido.
¿Cómo sobrevivimos? ¿Cuál es el secreto de nuestra fortaleza?
La respuesta también proviene de ese momento en el Sinaí. La Torá dice que estábamos como un solo hombre con un solo corazón. Nuestra unidad nos dio el poder de enfrentar cualquier cosa. Y sigue dándonos fuerza hoy.
Mientras nos preparamos para volver a pararnos frente al monte y volver a aceptar la Torá, la siná del Sinaí continúa ardiendo en Israel, en los campus universitarios, en algunas oficinas del Congreso y en demasiados países del mundo. Nuestra respuesta ahora debe ser la misma que entonces: volvernos unos hacia otros con un sentido de unidad, amor y hermandad.
Al reconocer que somos hermanos y hermanas, y al aspirar a vivir como una familia unida que se ama, el pueblo judío seguirá prosperando.
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Precioso artículo. Muchísimas gracias