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¿Cuántos libros tiene el Jumash, lo que también conocido como los Cinco Libros de Moshé? Cinco, ¿verdad?
El Talmud(1) revela algo asombroso: ¡en realidad hay siete!
En la porción de la Torá de esta semana, aparecen dos versículos rodeados por letras hebreas nun invertidas (נ):

Rabí Iehudá HaNasí explica que estas marcas delimitan un libro separado, dividiendo efectivamente el Libro de Números en tres secciones distintas, lo que hace un total de siete libros.(2)
Fascinante… pero ¿cómo podrían estas dos líneas constituir por sí solas un libro entero de la Torá? Dado que cada libro de la Torá contiene un módulo esencial del programa de Dios para la vida, ¿cómo pueden dos líneas encapsular una visión tan grandiosa? Más intrigante aún, el Sfat Emet(3) explica que estos versículos contienen el mensaje de toda la Torá. ¿Toda la Torá en dos líneas? ¿Cómo es posible?
Examinemos estos dos versículos(4) para intentar responder estas preguntas:(5)
A primera vista, parece que Moshé está rezando por éxito militar en el desierto y en la conquista de la tierra de Israel. Pero, como vimos, Rabí Iehudá HaNasí consideró que estos versículos merecían ser un libro independiente de la Torá, y el Sfat Emet enseñó que contienen el mensaje de toda la Torá. A la luz de estas ideas, debemos comprender que estos versículos no describen simplemente tácticas militares: están revelando el ritmo fundamental que gobierna toda la existencia. Juntos forman lo que podríamos llamar el latido cósmico de la creación.
Con ese contexto, veamos si podemos encontrar una interpretación más holística:
“Y cuando el arca avanzaba…” En este versículo, Moshé reza para que, mientras el arca avanza, los enemigos de Dios se dispersen y quienes Lo odian huyan. En un sentido más amplio, estos enemigos representan las fuerzas del mal, la entropía y la malevolencia que amenazan con arrastrar al mundo hacia el caos. El arca lleva la misión divina del Sinaí de iluminar el mundo con verdad, moralidad y divinidad. Este versículo enseña que debemos llevar física y metafóricamente la verdad Divina al mundo, pero también debemos depender de Dios para remover los obstáculos que impiden que su mensaje sagrado alcance cada rincón de la tierra.
“Y cuando descansaba…” Moshé reza para que, después de que la nación salga y conquiste, la Presencia Divina regrese de su movimiento hacia afuera para asentarse entre el pueblo judío. Este movimiento hacia adentro equilibra el movimiento hacia afuera de combatir el mal. La nación debe viajar, pero también debe acampar. Conquistar es el primer paso. Llenar el espacio con positividad y divinidad es el segundo paso.
Para ilustrar esta idea, imagina invertir una enorme cantidad de energía arrancando malezas de un jardín. El potencial de crecimiento es enorme, pero si no plantas nuevos árboles y flores en esa tierra fértil, las malezas inevitablemente volverán. La naturaleza aborrece el vacío. Como escribe el rey David en los Salmos: “Apártate del mal y haz el bien”. Elimina el mal, pero no te detengas ahí; cultiva la tierra, construye infraestructura, deja el mundo mejor de como lo encontraste.(7)
Este ritmo divino de purificación exterior seguida de santificación interior impregna todos los niveles de la creación:
Ritmos naturales: Al respirar, exhalamos toxinas e inhalamos oxígeno nutritivo. Del mismo modo, la luz del día nos impulsa hacia afuera para interactuar con el mundo, mientras que la noche nos atrae hacia adentro para descansar y restaurarnos. Ambos ciclos sostienen la vida mediante un movimiento equilibrado.
Masculino y femenino: La energía masculina se expresa hacia afuera mediante iniciativa y fuerza creativa, construyendo el mundo a través del esfuerzo y la acción. La energía femenina atrae hacia adentro mediante receptividad y cuidado, cultivando la vida desde el interior. Juntas forman los ingredientes de una vida equilibrada y una relación sana.
Occidente y Oriente: El pensamiento occidental enfatiza conquistar el mundo exterior mediante ciencia, tecnología y logros. La sabiduría oriental se enfoca en cultivar armonía interior, aceptación y presencia. El judaísmo sintetiza ambos enfoques, valorando tanto la acción transformadora como la sabiduría contemplativa.
Creación y descanso: Dios creó el mundo en seis días de expansión hacia afuera, trayendo formas de existencia cada vez más complejas. Luego descansó en el séptimo día, atrayendo bendición divina hacia la creación. Nosotros reflejamos este patrón semanalmente: seis días de participación en el mundo seguidos por el Shabat, un retorno sagrado a la familia, la comunidad y la espiritualidad, renovándonos para la semana siguiente.
Este mundo y el Mundo Venidero: En este mundo actuamos hacia afuera, superando obstáculos y construyendo nuestra identidad espiritual mediante decisiones y desafíos. En el Mundo Venidero recibimos el fruto de nuestro trabajo, experimentando la esencia de lo que creamos a través de nuestros esfuerzos terrenales.
Desarrollo del carácter: A nivel individual, estos versículos iluminan nuestro camino hacia el crecimiento personal. El movimiento hacia afuera implica confrontar y eliminar rasgos negativos: impaciencia, ira, inseguridad. El movimiento hacia adentro requiere cultivar activamente cualidades positivas para llenar el vacío: paciencia, tolerancia, confianza en uno mismo. El mismo principio se aplica a nuestros hábitos: si alguien deja de fumar pero nunca incorpora un nuevo hábito para relajarse, volverá rápidamente al cigarrillo. Sin ambos movimientos (limpiar y llenar) nuestros esfuerzos de superación personal siempre quedarán incompletos.
El Sfat Emet reconoció que estos dos versículos capturan perfectamente esta danza cósmica: el movimiento hacia afuera para conquistar y transformar, seguido por el retorno hacia adentro para integrar y restaurar.
Esta semana, examina en qué aspecto tu vida podría estar desequilibrada. ¿Estás constantemente luchando hacia afuera sin tomarte tiempo para restaurarte interiormente? ¿O quizás estás tan enfocado en la paz interior que no te involucras con el mundo que necesita transformación?
Prueba este ejercicio: identifica un área en la que te falte el movimiento “hacia afuera” o “hacia adentro”, y da un pequeño paso para recuperar el equilibrio. Para quienes están constantemente trabajando: programen 5 minutos diarios de meditación o plegaria. Para quienes están enfocados en el desarrollo interior: encuentren una manera práctica de llevar su luz hacia afuera, ya sea enseñando, haciendo voluntariado o creando algo para otros.
Al honrar ambos movimientos, nos alineamos con el ritmo cósmico capturado en estos dos versículos: el ritmo que, de acuerdo con el Sfat Emet, contiene toda la Torá.
Inspirado en las enseñanzas de Rav Beryl Gershenfeld, mi rabino y mentor.
“Rabí Pinjas ben Iair solía decir: El estudio de la Torá conduce a la vigilancia (zehirut) contra el pecado. La vigilancia conduce a la diligencia (zerizut) en su cumplimiento…” (Avodá Zará 20b) Ese es exactamente el mismo flujo que vemos en nuestro versículo: Primero tener un Arca: Torá. Luego destruir a los enemigos: Vigilancia. Después hacer el bien: Diligencia.
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