El manuscrito completo más antiguo de la Biblia jamás encontrado

06/07/2026

4 min de lectura

El manuscrito completo más antiguo de la Biblia jamás encontrado se exhibe en Jerusalem. Un veterano guía turístico explica por qué la experiencia lo dejó sin palabras.

Como guía turístico autorizado en Israel, he recorrido el Túnel de Ezequías, estuve en la cima de Masada y he visitado antiguas sinagogas y fortalezas de los cruzados más veces de las que puedo recordar. Así que perdónenme si a veces me muestro un poco insensible. Es un riesgo propio de la profesión. Cuando tu "oficina" es la Tierra de Israel, hace falta algo verdaderamente extraordinario para detenerte y dejarte simplemente contemplando.

Para mi sorpresa y alegría, la semana pasada me quedé completamente maravillado en un museo que he visitado decenas de veces. Por primera vez en casi sesenta años, el Gran Rollo de Isaías completo (el manuscrito bíblico más antiguo que se ha encontrado) se exhibe íntegramente.

Para apreciar lo extraordinario de este hallazgo, hace falta conocer un poco de su historia.

Como ocurre con muchos grandes descubrimientos, estos antiguos textos fueron encontrados por accidente. En 1947, un joven pastor beduino, aburrido, lanzó una piedra al interior de una cueva situada cerca de la orilla noroeste del mar Muerto. En lugar del golpe seco que esperaba oír, escuchó el sonido de cerámica rompiéndose.

En su interior había rollos de pergamino cuidadosamente guardados. El pastor los vendió a un comerciante de antigüedades en Beitlejem (Belén). Eventualmente llegaron a manos de uno de los principales arqueólogos de Israel, el profesor Eleazar Sukenik (padre del arqueólogo Yigal Yadin, quien más tarde sería jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel). Sukenik fue el primero en comprender qué eran realmente: auténticos tesoros del período del Segundo Templo y uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la historia.

Durante la década siguiente se recuperaron cerca de mil manuscritos y fragmentos procedentes de once cuevas de Qumrán, que ofrecen una extraordinaria ventana a la vida judía de hace más de dos mil años. Conocidos en conjunto como los Rollos del Mar Muerto, actualmente se conservan en el Santuario del Libro del Museo de Israel, uno de los lugares más emblemáticos de Jerusalem.

Una gran réplica del más famoso de estos manuscritos, el Gran Rollo de Isaías, constituye la pieza central de la exposición. Se trata de una réplica porque, para proteger el frágil pergamino, normalmente solo puede exhibirse una pequeña parte del original.

Isaías es uno de los profetas más célebres de la historia judía. Sus palabras fueron pronunciadas en Jerusalem hace aproximadamente 2.700 años y, según la tradición judía, fueron preservadas durante el reinado del rey Ezequías para garantizar su transmisión fiel de generación en generación. Una de esas copias (el Gran Rollo de Isaías) fue cuidadosamente escrita por un escriba cuando el Segundo Templo aún estaba en pie; después fue enrollada, guardada en una vasija de barro y depositada en una cueva cerca del mar Muerto.

Es la copia completa más antigua del Libro de Isaías y el libro completo más antiguo de toda la Biblia que se haya descubierto. Este verano, por primera vez desde 1968, los visitantes pueden admirar el manuscrito original desplegado en toda su extensión y esplendor.

El museo te prepara para la experiencia. Los visitantes ingresan en pequeños grupos a una sala tenuemente iluminada y cuidadosamente climatizada. Todo —desde la iluminación hasta el nivel de humedad y el tiempo durante el cual el pergamino permanece expuesto— ha sido diseñado para preservar un documento que ha sobrevivido más de veintiún siglos. Tras un breve video introductorio, los visitantes son conducidos en silencio y disponen de apenas siete minutos para contemplar el rollo completo, de 7,17 metros de longitud.

Durante décadas había visto fotografías, réplicas y fragmentos de este manuscrito. Había leído libros e innumerables artículos sobre su importancia histórica. Pero nada de eso me preparó para encontrarme a tan solo unos pasos del rollo original.

De pronto, Isaías dejó de ser simplemente un profeta de tiempos remotos. Él, y su mensaje, se volvieron reales y profundamente actuales. No pude evitar pensar que el momento elegido para esta exposición era especialmente oportuno. Cada verano, en las sinagogas de todo el mundo, los judíos vuelven a encontrarse con las profecías de Isaías durante la lectura semanal de la Haftará. En el Shabat anterior a Tishá BeAv, escuchamos cómo él recuerda al pueblo judío que el ritual, sin moralidad, está vacío de sentido: "Aprended a hacer el bien; buscad la justicia; socorred al oprimido; haced justicia al huérfano; defended la causa de la viuda" (Isaías 1:17).

Después del ayuno, durante siete semanas consecutivas, leemos sus inspiradoras palabras de consuelo y redención. Comenzamos con lo que quizás sean las palabras más famosas que escribió: "Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios" (Isaías 40:1). Unos versículos más adelante aparece la promesa que ha fortalecido a generaciones de judíos frente a circunstancias aparentemente imposibles: "Los que tienen esperanza en Hashem renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas" (Isaías 40:31).

Mientras permanecía allí, comprendí que aquellos no eran simplemente pasajes célebres que había estudiado durante años. Eran las mismas palabras que tenía delante de mis ojos. No el manuscrito escrito por el propio Isaías, por supuesto, sino una copia realizada cuando el Segundo Templo aún seguía en pie, siglos antes de su destrucción. Generación tras generación ha leído estos mismos capítulos, ha encontrado consuelo en estas mismas promesas y ha afrontado los mismos desafíos.

Hace aproximadamente 2.700 años, Isaías caminó por las calles de Jerusalem. Sabio y profeta, se enfrentó a los reyes. Desafió a una sociedad complaciente. Advirtió sobre la destrucción, pero insistió en que nunca debíamos perder la esperanza, porque la redención llegaría finalmente. Aún hoy, el calendario judío nos conduce a través de su mensaje tal como él lo concibió: primero un sincero examen de conciencia, luego el consuelo, después la esperanza y, por último, la redención. Es un proceso poderoso y profundamente personal.

Este verano, ya sea en el Museo de Israel de Jerusalem o en tu sinagoga local, intenta leer las palabras de Isaías y reflexionar sobre ellas. Puede que sientas que acabas de conocer a Isaías.

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