El mes de tamuz: Reparar nuestra relación con Dios

14/07/2025

3 min de lectura

La plegaria es una herramienta poderosa para reparar nuestra relación con Dios y con el prójimo.

Es el mes de tamuz. Sólo el nombre de este mes me revuelve el estómago. Durante más de 2.000 años, los judíos han sabido que las tres semanas desde el 17 de tamuz hasta el 9 de Av son un período desfavorable para la nación judía. Es un tiempo en el que Dios retira Su vigilancia normalmente benevolente y compasiva. Nuestra historia está llena de tragedias y exilios que comenzaron u ocurrieron durante este período en el que, cada año, se nos transmite el mensaje: “Hijos míos, se han alejado de Mí. Se han desviado. Sientan la distancia y lo que esta causa, y regresen”.

El temor que me inspira tamuz es algo bueno. Está destinado a ser un catalizador para la acción, para sanar y reparar. Debemos contemplar la desconexión entre Dios y nosotros, y tomar medidas tangibles para repararla.

Las relaciones necesitan constantemente palabras de amor y aprecio para mantenerse fuertes y desarrollarse. Nuestra relación con Dios no es diferente.

La clave de toda relación es la comunicación. Uno de los ingredientes más importantes para un matrimonio saludable es la capacidad de expresarse con el cónyuge, ya sean sentimientos de gratitud, enojo o entusiasmo. Las rupturas son oportunidades para resolver las cosas juntos y llegar a un entendimiento. Así como una planta necesita agua y sol para crecer, nuestros vínculos requieren constantes palabras de amor y aprecio para fortalecerse y desarrollarse.

La relación con Dios no es diferente: también requiere comunicación. Las plegarias estructuradas sirven como nuestra guía esencial para expresarnos y conectarnos con nuestro Creador. Además, en el corazón de cada ser humano está incorporado el poder natural de hablar con Dios, en cualquier momento del día. Donde sea que estés, tienes la capacidad de simplemente abrir la boca y hablar con Dios, tu Padre celestial que te ama.

Bruno solía ponerse extremadamente nervioso antes de reuniones importantes de negocios. No podía dormir la noche anterior y pasaba días preocupado sobre si el trato se concretaría o no. Su negocio estaba creciendo rápidamente y estas reuniones estresantes eran cada vez más frecuentes. Bruno comprendió que ya no podía funcionar. Un día, vio una pegatina en un auto que decía: “NO LE DIGAS A DIOS CUÁN GRANDES SON TUS PROBLEMAS, DILE A TUS PROBLEMAS CUÁN GRANDE ES DIOS”. Decidió probarlo.

Por primera vez en su vida, comenzó a hablar con Dios. Le explicaba por qué estaba nervioso por ese trato en particular, describiendo todos los detalles de la otra empresa y sus deliberaciones. Expresaba sus temores sobre los beneficios y riesgos para su propia empresa. “Dios, si esto es bueno, haz que funcione. Si no, haz que se caiga”. Bruno sentía que se calmaba al hablarlo con Dios. Muy pronto, comenzó a tomarse un minuto para agradecerle a Dios después de cada reunión, sintiendo la abundancia de bendiciones en su vida.

Los semáforos en rojo son un momento perfecto para reconectarse con Dios.

“¡Buenos días, Dios!” “¡Gracias por hacer que mi auto arranque, Dios!”
“¡Por favor haz que llegue a la oficina antes que mi jefe, Dios!”

Una sola frase puede construir un puente entre tú y Él.

Amar a otros judíos

Estas tres semanas también son el momento para trabajar para reparar los lazos con nuestros semejantes judíos. El Talmud nos enseña que el Templo Sagrado fue destruido debido al odio gratuito y a la falta de respeto que se infiltraron en la vida de la nación judía.

Rezar por otra persona requiere abrir los ojos a su sufrimiento y dejar que su dolor fluya a través de tu corazón.

Esto también se puede reparar a través de la plegaria. Existe un concepto que enseña que si alguien necesita algo con desesperación y quiere que sus plegarias sean respondidas, debe rezar por otra persona que lo necesite, y verá que su propia petición será respondida primero. No se trata de un intercambio comercial; es un cambio de carácter. Para rezar por alguien más, necesito abrir los ojos para ver su dificultad y dejar que su dolor fluya dentro de mí. Sus problemas se vuelven reales; se vuelven míos y me impulsan a rogar por su salvación. Dios escucha este clamor fraternal y se conmueve, porque ve que yo me he dejado conmover. Me he vuelto una persona más compasiva, por lo tanto, más merecedora de intervención Divina en mi propia vida.

Rabí Levi Itzjak de Berditchov tenía una política: si alguien lo lastimaba, él rezaba por esa persona. Su teoría era que si alguien está equivocado, no tiene sentido enojarse con él; más bien, se lo debe compadecer. Él le pedía a Dios que ayudara a esa persona a aprender, cambiar y eventualmente tener una vida más satisfactoria.

Todos conocemos a alguien con malas habilidades sociales. Puede ser realmente irritante cuando dice lo incorrecto en el momento menos oportuno o insiste en que las cosas se hagan a su manera. Pero si pudiéramos detenernos a pensar en la vida triste que esa persona debe llevar debido a esa limitación social, podríamos conmovernos y pedir compasivamente por ella.

Es tamuz. Demostrémosle a Dios que queremos estar cerca de Él. Convirtamos nuestra vida diaria en un escenario para conectarnos con Él. Usemos la plegaria para acercarnos a nuestros seres queridos, y también a quienes no lo son tanto. Que este sea el último tamuz que pasemos en el exilio, distanciados de Dios.

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Dalma
Dalma
6 meses hace

Siempre es más fácil resaltar las cosas malas en una persona…. Pero si prestamos atención siempre vamos a encontrar algo bueno. 😊

Gracias

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