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El miedo y el orgullo de ser judío

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19/12/2022 | por Guila Ross

Celebrar Janucá en Berlín reveló profundas fisuras en mi orgullo judío.

Nunca valoré realmente Janucá hasta el año que viví en Berlín, Alemania. Antes había vivido dos años y medio en Israel y una de las cosas maravillosas de vivir allí fue que el país se movía de acuerdo al calendario hebreo. En el mes de diciembre se ven menorot por todas partes, se oye música de Janucá en los centros comerciales y se huele una deliciosa variedad de sufganiot. Janucá está en el aire y la navidad no se ve por ninguna parte.

Entonces nos mudamos a Berlín Oriental, donde nos unimos a un puñado de familias judías. Durante diciembre, la navidad está por todas partes, las casas se llenan de decoraciones y luces, hay música de navidad en los mercados.

Celebrar Janucá en Berlín era muy diferente de celebrarlo en Israel. Berlín tenía muchos recordatorios del Holocausto. Al caminar, pasaba al lado de las estrellas grabadas en el pavimento frente a las casas de los judíos que fueron asesinados en el Holocausto. Cuando llevaba mi hijo al jardín de infantes, pasaba por un edificio en mi calle que tenía una placa conmemorativa en honor a los 44 niños pequeños que fueron deportados de ese edificio y asesinados en los campos.

Por todas partes había recordatorios de que ser visiblemente judío tenía consecuencias espantosas.

Sin embargo, Janucá es una festividad en la cual encendemos la menorá frente a una ventana, publicando con orgullo el milagro de nuestra supervivencia. Tenía aguda conciencia de la disonancia entre manifestar abiertamente nuestro orgullo judío al vivir en una ciudad en la cual mi orgullo judío se sentía en conflicto, sobre una tierra inestable.

Si me hubieran preguntado si estaba orgullosa de ser judía, sin dudarlo hubiera respondido que obviamente lo estaba. Pero mi comportamiento revelaba otra cosa. Cuando el amigable dueño de un negocio le preguntó a mi hijo qué quería para navidad, sólo sonreí en vez de decirle: "Gracias por preguntar. Somos judíos y no celebramos la navidad". Una parte de mi estaba bastante incómoda siendo visiblemente judía.

Se puede entender. Al crecer, no fue raro experimentar incidentes antisemitas. Una vez me arrojaron un huevo crudo. El antisemitismo está latente y puede llevar a que seamos cautos respecto a manifestar abiertamente nuestro judaísmo.

Unos pocos meses antes de nuestro primer Janucá en Berlín, celebramos la llegada de nuestra primera hija. Le pusimos el nombre hebreo Hadasa. No nos sentíamos muy cómodos dándole un nombre legal claramente judío, por lo que comenzamos a buscar por Internet un nombre que pudiera ser su nombre legal en el certificado de nacimiento. Al buscar en Google nombres populares de niñas, noté que había varios nombres que claramente eran árabes. Entonces pensé que si ellos podían tener suficiente confianza en sí mismos como para darles a sus hijos nombres claramente islámicos, yo también podía hacerlo. Hadasa se convirtió en su nombre legal.

Algunos años más tarde, cuando vivíamos en el oeste de Canadá, viajamos un fin de semana a un pequeño pueblo llamado Fernie. Era un lugar pintoresco en las montañas, sin ningún habitante judío. Alquilamos una casa por Airbnb y una mañana, cuando mi esposo estaba rezando con su talit y tefilín, el dueño de la casa llamó a la puerta. Yo abrí la puerta y mi esposo se fue a otra habitación. No nos sentíamos cómodos ante la idea de que lo viera a mi esposo con todos esos ítems que sin duda pensaría que eran raros y extraños.

Los no judíos respetan a los judíos que se respetan a sí mismos.

Pero nuestro plan fracasó, porque el dueño del departamento tenía que entrar a la habitación donde mi esposo estaba rezando. De hecho, el se sintió muy intrigado al ver a mi esposo rezar con todo el equipamiento. Nos dijo que era un sacerdote y que estaba muy impresionado de vernos vivir como judíos. Con orgullo nos contó que su abuela, la madre de su padre, era judía.

Hay mucha verdad en lo que dijo Rav Jonathan Sacks: los no judíos respetan a los judíos que se respetan a sí mismos.

Con el incremento del antisemitismo actual, puede ser incómodo ser identificados claramente como judíos. Pero siempre recuerdo al sacerdote de Fernie, y a todas las otras personas que conocimos y que al ver la kipá de mi esposo o mi ropa recatada y cuán obvio es que somos judíos, nos recibieron con respecto y auténtica curiosidad, una curiosidad que a veces lleva a conversaciones que educan y nos conectan con otras personas.

Ahora, más que nunca, necesitamos recordar que vivir auténticamente como judíos genera respeto.



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