La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina


4 min de lectura
El sionismo ha sido despojado de su significado. Esto es lo que realmente significa, por qué importa y por qué lo que está ocurriendo ahora mismo es un milagro.
La palabra "sionismo" ha sido utilizada en nuestra contra, ha sido tergiversada y deliberadamente despojada de su significado.
El sionismo es la convicción de que el pueblo judío, como cualquier otro pueblo del planeta, tiene derecho a la autodeterminación en su tierra ancestral. Eso es todo. Nada más. No encierra ningún odio hacia los árabes, ningún desprecio hacia los palestinos, ninguna intención de atentar contra los derechos de nadie. El sionismo es la idea sencilla e incontrovertible de que los judíos merecen lo que cualquier otra nación da por sentado: un lugar al que llamar hogar.
El pueblo judío se encuentra entre los más perseguidos de la historia de la humanidad. No llegamos a Israel para oprimir a nadie. Llegamos porque el mundo se pasó dos mil años dejando claro que, sin una patria propia, siempre estábamos a un demagogo de distancia del desastre. El Holocausto no ocurrió en el vacío. Ocurrió porque no había ningún lugar al cual huir.
De eso se trata realmente Iom haatzmaut, el 'Día de la independencia' de Israel. Se trata de una plegaria de más de 2000 años que por fin fue respondida. Am Israel jai, 'El pueblo judío vive', y ahora vive bajo sus propios términos.
La independencia judía no se logra a expensas de la dignidad de ningún otro pueblo. Llega como la culminación de milenios de persecución que se convierten en liberación. Cuando Dios hizo un pacto con Abraham, no nos prometió una tierra para que pudiéramos subyugar a los demás. Nos prometió un lugar donde pudiéramos ser quienes somos, vivir según nuestros valores y llevar luz al mundo. Israel, a sus 78 años, está haciendo precisamente eso. Es imperfecto, está asediado y es extraordinario, pero, por encima de todo, está vivo y lleno de vitalidad.
Lo que estamos viendo ahora mismo debería sacar a cualquiera de la complacencia y sumirlo en el asombro.
Cuando Estados Unidos e Israel atacaron juntos a Irán en una operación militar coordinada, algo cambió en el mundo. Un régimen que se ha pasado décadas financiando el terrorismo, armando a cada milicia subsidiaria desde el Líbano hasta Yemen, asesinando a decenas de miles de sus propios ciudadanos en las calles cuando se atrevían a protestar; ese régimen se enfrentó a un ajuste de cuentas. Israel se situó hombro con hombro con la mayor potencia militar del planeta para acabar con una amenaza existencial para la democracia y la libertad.
Desde el 7 de octubre, el peor día para los judíos desde el Holocausto, se ha estado desarrollando algo que desafía la lógica militar convencional. Uno a uno, los enemigos de Israel han quedado gravemente mermados. Hamás, los artífices de aquel día sangriento y que llevan atacando a Israel desde el día en que se fundaron, han sido eliminados con precisión quirúrgica. Hezbolá, que en su momento llegó a tener más de 150.000 misiles y era considerada la fuerza militar no estatal más poderosa del mundo, ha sido puesto de rodillas, con el Gobierno libanés manteniendo conversaciones actualmente para hacer las paces con Israel. La estructura de mando iraní que financiaba y dirigía a estos grupos terroristas, entre otros, ha sido golpeada en su mismo corazón. El régimen de Asad en Siria, enemigo declarado y agresor de Israel desde su creación, y que durante décadas sirvió como un corredor para el contrabando de armas de Irán hacia Hezbolá, ha caído.
Nada de esto se suponía que fuera posible. Los analistas militares de todo el mundo habrían dicho hace tres años que eliminar a Hezbolá era un proyecto generacional. Que el axis iraní estaba demasiado arraigado para desmantelarlo. Que Israel, rodeado de enemigos, seguiría pasando décadas en una extenuante guerra de desgaste.
En cambio, estamos presenciando milagros.
No empleo esa palabra a la ligera. La uso sabiendo que el pueblo judío tiene una larga historia de confundir la suerte con la mano de Dios. Lo que está sucediendo ahora mismo no es suerte. Misiles que deberían haber matado a miles de personas fueron interceptados. Operaciones que deberían haber llevado años ocurrieron en semanas, o incluso en días. Enemigos que parecían invencibles se desmoronaron.
Dios le dijo a Abraham: "Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré". Estamos viendo cómo esa promesa se cumple en el escenario mundial con nuestros propios ojos.
Para los judíos de la diáspora, este Día de la Independencia de Israel adquiere un significado que va más allá del patriotismo israelí. Es la razón por la cual los antisemitas se lo piensan dos veces antes de atacarnos. Es lo que le permite a un estudiante judío en un campus hostil, a un empleado judío que enfrenta discriminación o a una familia judía en un vecindario donde el odio ha asomado la cabeza, saber que existe un lugar en el mundo donde la soberanía judía es innegociable.
El sionismo nos dio eso. Y todo lo que ha ocurrido desde el 7 de octubre nos ha recordado, a un coste enorme y con un dolor enorme, que el milagro sigue en marcha.
Los hombres y mujeres de las FDI, las familias de los rehenes que nunca dejaron de luchar, los rabinos, maestros y voluntarios que mantuvieron encendida la vela judía durante el año más oscuro de la memoria reciente, todos ellos forman parte de la misma historia que comenzó con Abraham, continuó con el Éxodo y encontró su capítulo moderno escribiéndose desde 1948.
En este Iom Haatzmaut, no celebramos porque "todo es perfecto". Celebramos porque estamos aquí. Celebramos porque no estamos solos en este mundo. Celebramos porque Dios, que jamás ha abandonado a Su pueblo, está haciendo que ese hecho sea claramente visible e imposible de ignorar.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.
Es probable que debamos de seguir utilizando el término "sionismo", pues si ya tenemos un Estado de Israel, el objetivo del sionismo se hizo realidad y se agotó como tal.
Los que hoy se llaman "antisionistas" sean judios o no, están contra el Estado de Israel y a ese término le quieren dar una connotación mucho más amplia, la utilizan como si ser sionista es ser expansionista y querer ocupar otros territorios, es una especie de "imperialismo" y algo más.
Por eso hay "antisionistas" propios y ajenos, que en definitiva son antijudios o antisemitas y nada mas que eso.