El misionero que se convirtió al judaísmo

10/06/2026

8 min de lectura

Gavriel Glenney sabe lo importante que es cuidarse de los misioneros. Él solía ser uno.

Gavriel Glenney, de nacimiento Clayton, creció en Bradenton, Florida, en un devoto hogar cristiano. Sus padres eran cristianos evangélicos, siempre en busca de la verdad y compartiendo su fe con otros.

Gavriel participaba en grupos juveniles misioneros y le enseñaron que, como siervo de Dios, su deber era enseñar su religión a los demás, especialmente a los judíos.

“Buscaba a un judío en el supermercado local. Era muy amable e iniciaba una conversación. Nos entrenaban para mencionar ciertos pasajes de Isaías y teníamos respuestas prefabricadas para refutar cualquier tipo de argumento”.

Gavriel entablaba conversaciones citando Isaías 7 (que supuestamente habla del nacimiento de una virgen) e Isaías 53 (que según ellos describe a Jesús como el Mesías). Como el judío promedio por lo general no tiene conocimientos básicos de los Profetas, no podían responder a sus argumentos basados en textos.

A Gavriel incluso le enseñaron que estaba bien fingir ser judío para engañar a los judíos y convertirlos.

Hipocresía e inconsistencias 

Aún siendo un adolescente cristiano devoto, Gavriel empezó a notar la hipocresía de los líderes de su iglesia, y eso le molestó profundamente. Por ejemplo, un líder de la iglesia tenía una aventura con una mujer casada de la comunidad. Los miembros de la iglesia se enteraron de su comportamiento. Este líder alegó convenientemente que Dios le habló directamente y le dijo que debía estar con esa mujer.

Más tarde, “se arrepintió” y creyó que su arrepentimiento lavaba todas las consecuencias de sus actos.

Gavriel quedó atónito por este comportamiento y pensó: Dos familias quedaron destruidas en el proceso, ¿pero su arrepentimiento lo hace todo correcto? ¿Cómo puede ser posible?

Gavriel sirviendo en el ejército estadounidense.

El líder mantuvo su posición en la iglesia, sin consecuencias. Gavriel quedó impactado por estos hechos y por la reacción (o falta de reacción) de la comunidad.

Al mismo tiempo, Gavriel comenzó a notar inconsistencias en algunas de las fuentes textuales del cristianismo.

“Por ejemplo, Números 23:19 dice que Dios no es un hombre ni se arrepiente. La Torá misma dice que Dios no va a tomar forma humana. Esto se repite a lo largo del resto del Tanaj, la Biblia hebrea. Pero entonces viene el cristianismo y dice que de repente Dios sí tomó forma humana.

“Tenemos un dicho en el sur: ‘Ese perro no caza’. No tenía sentido, y me afectaba”.

Eventualmente Gavriel dejó la iglesia y se enroló en el Ejército.

"Fuimos a Tailandia y Japón, y entrenamos practicando juegos de guerra con otros ejércitos".

Durante la guerra, Gavriel descendía en rápel desde helicópteros para llegar al suelo y combatir. Vivió traumas inmensos durante ese período. "Como dice el refrán, no hay ateos en una trinchera; cuando empiezan a volar las balas, uno cree en Dios".

Otras religiones

Gavriel comenzó un despertar espiritual explorando otras religiones.

Su primera parada fue el budismo, ya que practicaba artes marciales. Pero Gavriel tenía una mente inquisitiva, y un día le preguntó a su Sifu (maestro de Kung Fu): “¿Cómo puede un hombre que pesa 230 kilos enseñarme algo sobre autodisciplina?”

Su maestro no tenía una respuesta, pero le pidieron que no regresara al dojo.

Luego exploró el islam, por poco tiempo.

“Pensé: no, definitivamente no es esto. Matar en nombre de Dios… suena muy parecido a la historia del cristianismo. Hay 2.000 años de historia cristiana escrita con sangre judía”.

Un encuentro con la muerte

Después del ejército, Gavriel se casó con una mujer gentil. A los pocos años, esperaban su primer hijo.

Cuando ella estaba embarazada de tres meses, Gavriel conducía bajo la lluvia por la autopista. Comenzó a resbalarse, el vehículo giró y terminó mirando al sur en un carril que iba al norte. La parte trasera de su camión golpeó un coche y el frente chocó de frente con otro.

Gavriel se miró en el espejo retrovisor y vio que estaba cubierto de sangre. Llegaron los paramédicos, pero Gavriel no quería que llamaran a su esposa por temor a que el estrés le causara un aborto espontáneo. Finalmente llamaron a sus padres, quienes llegaron al lugar del accidente y, por la descripción telefónica, asumieron lo peor.

Lo llevaron a la sala de urgencias, donde tuvieron que cortarle la ropa. Tenía una marca quemada del cinturón de seguridad, que impidió que golpeara contra la ventana delantera. Pero el segundo impacto debió provocar que se abriera el pestillo, porque su cabeza golpeó contra el parabrisas y lo rompió. Tenía más de cien cortes que requirieron muchos puntos de sutura.

“Mi cabeza está llena de cicatrices, ocultas por el cabello. Es un milagro que haya sobrevivido”.

Gavriel admite que en ese momento de su vida no estaba tomando buenas decisiones y se preguntaba por qué Dios le había salvado la vida.

La tragedia golpea

Seis meses después del accidente, su esposa dio a luz a un hermoso niño.

Cuando Austin tenía dos años, los médicos descubrieron que tenía una válvula defectuosa en el corazón y la sangre se acumulaba en sus pulmones.

“Fue una experiencia muy traumática. Ese día es un borrón. Todo fue repentino. Básicamente se ahogó en su propia sangre y murió”.

Al principio, Gavriel culpó a Dios por ese evento devastador. No entendía por qué él había sobrevivido y su hijo inocente no.

Gavriel con su hijo Austin

“Yo vivía una vida terrible y mi hijo era inocente; él no hizo nada malo, y Dios se lo llevó”.

La respuesta inicial de Gavriel fue recurrir a las drogas. “Caí en una depresión. Empecé a consumir drogas porque no quería vivir”. Cocaína, metanfetamina y marihuana mezclada con cocaína para no tener hambre.

También comenzaron los problemas matrimoniales.

“La muerte de un hijo o te une o te separa. A nosotros nos separó, y yo seguí consumiendo drogas. Una noche consumí tanto que sentí que el corazón me iba a explotar”.

“Dios no me debía nada, y aun así tuvo misericordia de mí y me salvó esa noche. Un año después, nos divorciamos”.

Una noche después del divorcio, cuando Gavriel estaba solo y drogado, pensó: ¿Qué estoy haciendo? ¿Realmente quiero matarme? Temía que si moría ese día, no sería digno de entrar al Cielo y ver a su hijo.

Él no puede venir a mí, pero yo puedo ir a él. Si vivo según estándares religiosos, quizás merezca verlo en el Mundo Venidero.

Gavriel dejó las drogas de golpe y decidió nuevamente investigar sus opciones, encontrar una religión con la que se sintiera identificado y tomarse esto en serio. Estaba decidido a reunirse con su hijo algún día.

Gavriel repasó mentalmente su catálogo de religiones.

¿Islam? No.

¿Budismo? No.

¿Judaísmo? Nunca encajaré con el pueblo judío. Nunca uso sólo blanco y negro.

Así que volvió al cristianismo y decidió tomárselo en serio.

Gavriel asistió a un Colegio Teológico Cristiano y se convirtió en ministro autorizado, siguiendo los pasos de sus padres, que también eran pastores.

Pero mientras estudiaba para obtener un diploma en Estudios Bíblicos, no pudo ignorar que lo que aprendía tenía varias inconsistencias inexplicables. “Me generó más preguntas, y esas preguntas no tenían respuestas. No se puede cerrar esa brecha,” dijo.

En el largo camino hacia el judaísmo

Los padres de Gavriel eran líderes prominentes en el ministerio cristiano del sureste, supervisando a varios ministros. Aunque fue difícil alejarse de sus creencias, Gavriel dejó su iglesia y le dio una última oportunidad al judaísmo mesiánico.

“El judaísmo mesiánico es básicamente cristianos con talit y tefilín,” dice. “Esa fue mi última experiencia antes de irme. Ahora, todos me llaman hereje”.

Irónicamente, sus padres también estaban explorando prácticas mesiánicas mientras aún lideraban su iglesia. Pero cuando Gavriel rechazó completamente la creencia en Jesús, se preocuparon profundamente por el camino que estaba tomando.

“Al final tuve que renunciar a todo por el judaísmo. Renuncié a la familia, a las hamburguesas con queso, y a todos mis amigos. Tuve que sacrificarlo todo”.

(Alerta de spoiler: eventualmente también sus padres se convirtieron).

“La mayoría de los judíos no se dan cuenta de lo que los conversos tienen que dejar atrás y sacrificar”.

Gavriel ve cómo muchos judíos simplemente dan por sentado el judaísmo. “La Torá es el mayor regalo para la humanidad. Es fácil menospreciar algo cuando te lo dan en bandeja. Pero quiero que cada judío se dé cuenta de lo precioso que es ese regalo. Muchos lo olvidan”.

Gavriel buscó una sinagoga y probó opciones reformista y conservadora, pero sintió que no encajaban. La única sinagoga ortodoxa cerca era una Casa Jabad, y vio que había una clase de Biblia antes de los servicios de Shabat a las 9:00 a.m.

Gavriel se sentó atrás porque no sabía cómo reaccionarían los judíos a un no judío sentado allí con ellos.

Después de la clase, el rabino preguntó si alguien tenía preguntas. Luego se dirigió directamente a Gavriel y le preguntó si tenía alguna pregunta específica.

Gavriel se sorprendió. “Esto era lo opuesto al cristianismo. A los cristianos no les gustan las preguntas. El lider dice que te falta fe. Por eso amo el judaísmo. La primera vez que conocí a un rabino ortodoxo me dijo: ‘¿Tienes alguna pregunta?’”

“Pensé, ¿estás loco? ¿Quieres mis preguntas?”

Gavriel se quedó para el servicio y estuvo completamente perdido, pero el Kidush después compensó todo. Aunque evitó el guefilte fish y el arenque, le encantó el cholent.

Se quedó en Jabad, asistiendo a clases durante un año, cuando finalmente decidió que quería convertirse. Estaba decidido a ser un judío de pleno derecho.

La Casa Jabad de Bradenton no realizaba conversiones, así que decidió mudarse a Texas.

Renunció a su profesión y a su hogar, arriesgándolo todo sólo para intentar convertirse. Cuando llegó a Young Israel de Houston, ni siquiera sabía si lo aceptarían.

Comenzó a estudiar la ley judía a fondo y le dieron 15 libros que debía leer como parte del proceso de conversión. Siendo un ávido lector, Gavriel los leyó todos y quiso más.

Después de otro año y medio de estudio intenso y dedicación al judaísmo, finalmente pudo convertirse.

“En mi última reunión en el Beit Din (tribunal judío) me dijeron: ‘Sabes, somos el pueblo más odiado del planeta.’”

“Sí, claro,” respondió Gavriel.

“¿Estás seguro de que quieres unirte a nosotros y ser parte de todo esto?”

“Sí.”

“Les dije que en el gran esquema del universo, si estuve dispuesto a morir por mi país cuando serví en el ejército, ¿por qué no estaría dispuesto a hacer lo mismo por Dios?”

Después de esa poderosa declaración, le informaron que podía convertirse en judío. Completó su conversión hace nueve años.

Los padres de Gavriel

Retrocediendo en el tiempo a aproximadamente un año antes de su conversión, mientras Gavriel estaba en Houston, recibió una llamada de sus padres.

Después de examinar todas las fuentes y citas que Gavriel les había mostrado y que minaban los cimientos del cristianismo, ellos decidieron abandonar la religión. “Me dijeron que habían dejado el cristianismo y estaban en proceso de convertirse al judaísmo”.

Hoy, Gavriel está casado y vive en Israel. Sus padres también se mudaron a Israel, y ahora todos viven en Beit Shemesh.

Gavriel y su esposa, Dina

Gavriel habla alrededor del mundo sobre su historia y su trabajo como anti-misionero.

Él cree que si un misionero se te acerca, es mejor no entablar conversación a menos que estés bien versado en las Escrituras. Gavriel considera que todos los cristianos evangélicos deberían ser considerados misioneros, ya que convertir a otros, especialmente a judíos, es parte integral de su servicio a Dios.

Gavriel y Dina con sus padres, Jana y Guershom, en el día de su conversión.

El mensaje principal que Gavriel transmite a los jóvenes a quienes habla es: “No te dejes envolver. No te rindas. Siempre busca la verdad”.

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Rocio
Rocio
25 días hace

Que hermosa historia. Por eso no me gusta el cristianismo, está lleno de inconsistencias y exige sumisión y no reflexión.

FRANCIA LONGAL
FRANCIA LONGAL
25 días hace

Es fascinante esa historia de conversión.
Aprender sobre el judaísmo te eleva ty te hace sabio.

Fernando Velo
Fernando Velo
26 días hace

Gavriel participaba en grupos juveniles misioneros y le enseñaron que, como siervo de Dios, su deber era enseñar su religión a los demás, especialmente a los judíos.

Siendo que en el planeta hay aproximadamente 8300 millones de personas y que de ese número, 2000 millones aprox son musulmanes, 2400 millones aprox son cristianos y católicos, y los 3900 millones restantes de otras religiones ¿por qué los evangélicos se centran en los 15 millones de judíos? ¿No les sería más rentable probar con los 3900 millones de otras religiones, o incluso con los musulmanes (sí, ya sé, serán cristianos pero no suicidas...) ¿Por qué especialmente "los judíos"?

Gladis Marilú Hübscher
Gladis Marilú Hübscher
26 días hace

Es lo más interesante que leí en los últimos tiempos. Me siento muy identificada por mis vivencias religiosas. Ahora leyendo la Torá. Y haciendo muchísimas preguntas. Que Hashem nos guíe en todos los aspectos de nuestra vida🙌🙏🙏

Carlos Demares
Carlos Demares
29 días hace

Hermoso testimonio, yo también debería tomar nota.

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