Una "luz para las naciones", la misión del pueblo judío


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Daniel Bomberg supo capitalizar la nueva y disruptiva tecnología de su tiempo, la imprenta, al comprender el enorme mercado potencial de libros entre los judíos.
Muchos oyeron hablar de Rav Meir Shapiro, quien inició el fenómeno mundial del Daf Iomi, mediante el cual judíos de todo el mundo estudian cada día la misma página (daf) del Talmud. Pero ¿alguien piensa alguna vez en Daniel Bomberg, el cristiano que literalmente puso el “daf” en el Daf Iomi?
La idea de Rav Shapiro nació en 1923, una época muy parecida a la nuestra. Mientras poderosas fuerzas políticas, sociales y económicas ejercían una fuerza centrífuga sobre los judíos de aquel entonces, Rav Shapiro comprendió que el estudio compartido del Talmud, un texto central del judaísmo, era una forma poderosa de unir a un pueblo judío fragmentado bajo el paraguas de nuestra larga tradición intelectual y espiritual. Desde entonces, su programa innovador, tan audaz en su ambición como elegante en su sencillez, ha unido a entusiastas del Talmud desde Lakewood hasta Londres, desde Jebrón hasta Hong Kong. Literalmente, en cualquier parte del mundo se puede encontrar una clase que mantiene a judíos de todo el planeta en la misma página talmúdica, cada día.
Sin embargo, la brillante idea de Rav Shapiro no habría sido posible sin la contribución decisiva de un tal Daniel Bomberg.
Nacido en Amberes a finales del siglo XV en una familia de impresores de clase media, Bomberg recibió una sólida educación en artes liberales que incluso incluía nociones de hebreo. Esto le resultó muy útil cuando fue a hacer fortuna a la bulliciosa metrópolis de la Venecia renacentista, hogar de una población judía mercantil que recientemente había sido confinada al gueto.
La imprenta estaba en su infancia, pero los judíos se encontraban entre los primeros en adoptar esta nueva tecnología disruptiva. La familia Soncino producía hermosas ediciones de tratados individuales del Talmud, confiando en que los menores costos de producción de los libros judaicos impresos pondrían los textos al alcance de las familias promedio. Conocidos por su erudición, los Soncino se esmeraban en producir obras de calidad duradera, pero simplemente no podían imprimir sus tratados con suficiente rapidez para satisfacer la demanda.
Portada de una Biblia hebrea de 1525 impresa por Daniel Bomberg.
Aquí es donde Bomberg vio su oportunidad. Reuniendo a un grupo de eruditos judíos, comenzando por judíos que se habían convertido al cristianismo, Bomberg produjo rápidamente versiones impresas de clásicos judíos como la enciclopédica edición Mikraot Guedolot de la Torá. Las primeras ediciones estaban plagadas de errores, y muchos lectores resentían el uso de apóstatas en su preparación, pero Bomberg había evaluado correctamente el mercado. El 'pueblo del Libro' quería muchos más libros, especialmente el Talmud, y la demanda superaba con creces la oferta pausada de las impresiones de la familia Soncino.
Bomberg pronto reemplazó a su personal inicial de judíos cristianos por reconocidos eruditos rabínicos provenientes directamente del gueto. Como cristiano, también pudo negociar condiciones favorables para su negocio, incluido el derecho a una censura mínima por parte de la Iglesia, argumentando que los textos antiguos debían preservarse en su estado original. Incluso consiguió privilegios poco comunes para su personal judío, como la exención del requisito de llevar el humillante sombrero judío.
En un período de extraordinaria productividad, la imprenta de Bomberg produjo una cantidad impresionante de libros hebreos, incluida la primera edición impresa completa del Talmud de Babilonia. Bomberg copió sin reparos el diseño de los Soncino, con el comentario de Rashi junto al lomo y Tosafot en el borde exterior de la página, y añadió muchas innovaciones propias, entre ellas una especialmente significativa: los números de página.
Sí, números de página. Por muy orientados al texto que estuvieran los judíos, simplemente nunca nos habíamos ocupado de inventar una paginación básica (también nos retrasamos en la puntuación y, como sabe cualquiera que haya luchado por aprender hebreo moderno, tampoco éramos muy hábiles con las vocales). Observando las convenciones de impresión que evolucionaban rápidamente en el siglo XV, Bomberg añadió la letra “bet” a la primera página de texto del tratado Berajot en su segunda edición del Talmud, y así nació el daf.
Desde entonces, se ha derramado mucha tinta rabínica y académica intentando en vano comprender por qué no comenzó con la “álef”, la primera letra del alfabeto. La explicación sencilla es que Bomberg consideraba la portada como el primer folio, o la página uno.
Aunque hoy parezca obvio, la brillante introducción de la numeración de páginas por parte de Bomberg acabó estableciendo el estándar para cada daf en prácticamente todas las ediciones impresas del Talmud durante los siguientes quinientos años. Si una palabra determinada aparece en una página de Bomberg, debería aparecer en la misma página en todas las ediciones futuras del Talmud. Los impresores posteriores adoptaron esta asignación estandarizada de pasajes precisos a cada página, y no se jugaba con Bomberg: incluso el gran erudito contemporáneo, Rav Adin Steinsaltz, fue duramente criticado en ciertos círculos por alterar el diseño tradicional de la página en su premiada edición del Talmud.
Sin embargo, al estandarizar el daf, Bomberg hizo posible la idea de un estudio internacional y coordinado del Talmud. Rav Shapiro literalmente no podría haberlo hecho sin él.
Este artículo apareció originalmente en OU.org
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