Masacre en un evento de Janucá en Australia


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Los ingenieros del estado judío construyeron una infraestructura eficiente. Luego llegó la revolución de 1979.
Irán se está quedando sin agua. “Si no llueve en Teherán para finales de noviembre, tendremos que racionar el agua”, dijo el presidente Masoud Pezeshkian el 6 de noviembre. “Si aun así no llueve, tendremos que evacuar Teherán”. La culpa recae en el odio fanático de la República Islámica hacia Israel. Décadas atrás, el estado judío salvó a Irán de una ruina catastrófica causada por la mala gestión del agua. Pero luego el liderazgo extremista tras la revolución lo destruyó todo.
Tras un devastador terremoto en 1962, el Sha Mohammed Reza Pahlavi invitó discretamente a expertos israelíes para asesorar a Irán en la modernización de su infraestructura hídrica. Al igual que Irán, Israel tenía un clima árido y una población en rápido crecimiento. Pero había logrado desarrollar métodos y tecnologías que permitían a agricultores y habitantes de las ciudades disponer de toda el agua que necesitaban.
Fueron tantos los expertos hídricos israelíes que trabajaron en la reestructuración del agua en Irán que, a fines de los años sesenta, se establecieron para sus hijos escuelas en hebreo en varios lugares del país.
Los primeros ingenieros hidráulicos que llegaron a Irán fueron seguidos por decenas y eventualmente centenas. Fueron tantos los expertos israelíes trabajaron en la reestructuración del agua en Irán y en la revisión de las prácticas agrícolas, que para fines de los años sesenta, se establecieron para sus hijos escuelas en hebreo en varios lugares del país. En algunas áreas los negocios tenían carteles en hebreo.
Entrevisté a varios ingenieros hidráulicos israelíes que trabajaron en Irán antes de la revolución de 1979. Ellos describieron un ambiente cálido en el que israelíes e iraníes colaboraban. Exceptuando un partido de fútbol con un equipo israelí visitante, ninguno de mis entrevistados recordaba conductas o expresiones antiisraelíes o antisemitas.
Para cuando cayó el sha, los sistemas de agua de Irán estaban floreciendo. El país tenía una productiva planificación agrícola centrada en el agua; los sistemas de plomería de las grandes ciudades habían sido modernizados para reducir fugas; y había varias plantas desalinizadoras, todas diseñadas, construidas y operadas por israelíes en asociación con expertos e ingenieros iraníes. Después de la revolución, los israelíes se marcharon rápidamente y muchos de los ingenieros iraníes que habían trabajado con ellos fueron exiliados o ejecutados.
El enfoque apolítico y tecnocrático hacia la infraestructura hídrica desarrollado por los israelíes también fue víctima de la revolución. Poco después de la partida de los israelíes, el liderazgo religioso del régimen delegó en gran medida los temas hídricos al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), los ejecutores ideológicos del régimen. El IRGC desarrolló empresas de ingeniería y construcción encargadas de abordar los problemas hídricos de Irán, enriqueciendo a sus líderes con miles de millones de dólares.
Nik Kowsar, un periodista iraní exiliado que suele escribir sobre lo que denomina la “mafia del agua” de Irán, resaltó en una entrevista telefónica los proyectos multimillonarios de “presas y transferencia de agua” que fueron adoptados “no porque funcionaran, sino porque significaban comisiones enormes, contratos opacos y cero responsabilidades”.
Más que dinero fluyó en la dirección equivocada. Khatam-al-Anbiya, una empresa propiedad del IRGC, utilizó su mandato sin restricciones para desviar cauces hacia ciertos grupos preferidos, a menudo con consecuencias humanas y ambientales devastadoras.
En un ejemplo entre muchos, a partir del 2002 el proyecto Qomrud del IRGC desvió agua de afluentes del río Dez, que fluye por el suroeste de Irán, hacia el centro religioso de Qom, en el centro del país. Si bien esto benefició los intereses económicos de Qom, las fuentes de Kowsar dicen que también llevó grandes cantidades de agua para enfriar la maquinaria de la instalación subterránea de enriquecimiento de uranio Fordow cercana, atacada el pasado junio por bombas anti-búnker norteamericanas.
Desvíos de agua del IRGC como el proyecto Qomrud dejaron a muchas granjas y comunidades sin suficiente agua para cultivos y ganado. Agricultores de grupos étnicos y regiones menos favorecidas fueron empujados a la pobreza, lo que provocó que abandonaran sus comunidades tradicionales y trasladaran a sus familias a grandes ciudades. Esto contribuyó a la creación de barrios marginales alrededor de Teherán y otras ciudades. Desde el inicio de la Revolución Islámica, 31.000 de las 69.000 aldeas de Irán han sido abandonadas, siendo una de las causas principales la escasez de agua.
¿Qué podría haber logrado Irán, en agua y en otros ámbitos, si hubiera utilizado los miles de millones que dilapidaron para servir al pueblo iraní?
La falta de planificación para las necesidades de agua de poblaciones urbanas en crecimiento ha creado nuevos problemas. Las ciudades no pueden satisfacer la demanda. Con hasta 17 millones de personas en su área metropolitana, Teherán y sus suburbios constituyen casi el 20% de la población total de la nación y enfrentan la crisis de agua más inmediata. Otras ciudades también están experimentando una escasez hídrica que podría haberse evitado mediante la reducción de fugas, el uso de agua reciclada, la gestión de aguas subterráneas, plantas desalinizadoras en zonas costeras y otras medidas. La disminución del agua debido a la sobreexplotación de acuíferos está causando el hundimiento del terreno en las provincias de Teherán e Isfahán. Edificios y tuberías de agua están comenzando a agrietarse debido a la subsidencia del suelo.
En un llamado no tan sutil a un levantamiento popular iraní, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ofreció en agosto el regreso de ingenieros hídricos israelíes para ayudar a Irán a salir de su inminente catástrofe, pero con una condición: el fin del régimen hostil iraní y uno nuevo comprometido con relaciones amistosas. ¿Qué podría haber logrado Irán, en agua y en otros ámbitos, si hubiese utilizado los miles de millones que dilapidaron en infraestructura hídrica dañina, caos regional y la búsqueda de armas nucleares para servir al pueblo iraní en su lugar?
Este artículo apareció originalmente en "The Wall Street Journal".
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