El Papa, el presidente Trump y lo que dice el judaísmo sobre la IA

02/06/2026

7 min de lectura

El Papa quiere frenarla. Trump quiere acelerarla. ¿Qué dice el judaísmo sobre la IA?

Recientemente, el Papa León XIV y el presidente Trump se encontraron en lados opuestos de otro gran tema: la inteligencia artificial. En su nueva encíclica Magnifica Humanitas, una carta de 42.300 palabras dirigida a los 1.400 millones de católicos del mundo sobre la preservación de la dignidad humana en la era tecnológica, el Papa ofrece una visión detallada sobre cómo gobernar la IA.

No pide detener la innovación, sino desacelerar deliberadamente la adopción de la IA para que la ética, la ley y la supervisión pública puedan mantenerse al ritmo del rápido avance tecnológico. En efecto, propone “desarmar” la IA antes de que adquiera un poder descontrolado sobre la sociedad.

Existe un debate entre dos visiones: ¿primero la innovación o primero la cautela?

El presidente Trump ha adoptado el enfoque opuesto. Convencido de que Estados Unidos debe desarrollar IA avanzada antes que China, ha impulsado un marco regulatorio con mínima intervención. En enero del 2025 revocó la orden ejecutiva más cautelosa del presidente Biden sobre IA, desestimándola como un “intento de paralizar esta industria”. Su administración prometió eliminar barreras para el liderazgo estadounidense en IA y acelerar la innovación.

El Papa, en cambio, insta a los gobiernos a establecer reglas concretas: supervisión de algoritmos y gestión de datos, protección contra el desplazamiento masivo de empleos, medidas para evitar la concentración excesiva de riqueza y poder, y salvaguardas para los niños en el mundo digital.

Tanto el Papa Leo como el presidente Trump coinciden en que la inteligencia artificial está transformando el mundo, dejando a algunos maravillados y a otros aterrados, y ambas reacciones son comprensibles. Hay razones para entusiasmarse, pero también motivos para preocuparse.

El debate entre estas dos visiones (primero innovación o primero cautela) plantea una pregunta más amplia: ¿qué enseña el judaísmo sobre tecnologías que prometen beneficios sin precedentes, pero también riesgos sin precedentes? A medida que la IA se vuelve más poderosa, ¿qué orientación ofrece la tradición judía para equilibrar la innovación, la dignidad humana y la responsabilidad?

Tecnología y Dios

Podemos usar la IA no solo para ser más eficientes y productivos, sino incluso para fortalecer nuestra relación con Dios. El Jafetz Jaim, Rav Israel Meir Kagan (Shem Olam, vol. I), escribe que aunque la tecnología añade eficiencia, facilidad y comodidad a nuestras vidas, su propósito último es servir como una metáfora para fortalecer la fe en Dios y en su providencia en el mundo y en nuestras vidas.

Al escribir hace un siglo, respondiendo a los inventos de su época, el Jafetz Jaim explica que las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a comprender la enseñanza de la Mishná (Pirkei Avot 2:1): "Reflexiona sobre tres cosas y no llegarás a equivocarte: sabe lo que está sobre ti: un ojo que ve, un oído que escucha, y todos tus actos son registrados en un libro".

Las generaciones anteriores tenían una fe más fuerte y no necesitaban estas ilustraciones para reforzar su fe. Pero el Jafetz Jaim escribe que en tiempos recientes, cuando la fe se debilitó, Dios envió maravillosas tecnologías que ayudan a comprender mejor ciertos aspectos de la fe.

Por ejemplo, el telescopio ayuda a entender que Dios ve todo lo que hacemos en la tierra, a pesar de que Él está muy lejos.

El teléfono refuerza nuestra creencia en la plegaria: así como podemos hablar por teléfono con alguien que está del otro aldo del mundo y ser escuchados instantáneamente, así también Dios escucha nuestras plegarias a pesar de la distancia.

El Jafetz Jaim explica que la fotografía, que captura la imagen de una persona que puede ni siquiera ser consciente de que está siendo observada, nos recuerda que nuestras vidas quedan registradas y que algún día serán revisadas ante nuestro Creador.

El fonógrafo, que graba la voz de una persona y la reproduce más tarde, sirve como metáfora de la responsabilidad sobre cómo usamos nuestra palabra, ya sea para el chisme, la crítica o la difamación.

IA y la Providencia Divina

Si el Jafetz Jaim viviera hoy, podríamos imaginar que añadiría la IA a esta lista de herramientas que pueden fortalecer nuestra relación con Dios. Algunas personas tienen dificultad para concebir o relacionarse con un Dios invisible, por encima de nuestra percepción física, que conoce y sostiene a miles de millones de personas simultáneamente. ¿Cómo puede un Ser así conocer a cada individuo, preocuparse por él, escucharlo y guiarlo?

Si un sistema digital puede responder instantáneamente a millones de usuarios, cuánto más puede Dios escuchar y responder a cada plegaria y petición.

Entra en escena la IA, un extraordinario sistema creado por el ser humano que puede procesar y responder a miles de millones de consultas al mismo tiempo. La IA no se limita a dar respuestas genéricas; sus respuestas pueden sentirse personalizadas y dirigidas, ayudando a las personas a navegar sus preguntas y necesidades específicas. Si una aplicación o un sitio web puede responder simultáneamente a millones o miles de millones de usuarios, cuánto más puede el Todopoderoso conocer a cada persona por completo, de dónde viene, a dónde va y cuál es la mejor manera de guiarla. Si un sistema digital puede ofrecer respuestas de inmediato, cuánto más escucha Dios y responde a cada plegaria y petición.

El Rambán, en su introducción al Libro de Job, escribe: "Debemos creer que Dios conoce a todas las criaturas individuales y los detalles de sus vidas".

Aunque cada uno de nosotros es solo uno entre más de ocho mil millones de personas en la Tierra, nuestras decisiones importan, y nosotros importamos. Nunca debemos dudar de que el Amo del Universo sabe dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde debemos ir. Él escucha, Él responde y Él guía.

El dios ChatGPT

Hay muchas maneras en las que podemos beneficiarnos del rápido desarrollo de la tecnología, y el judaísmo acepta y valora estos avances. Por supuesto, también existen enormes motivos de preocupación. Uno de ellos es que, aunque la IA puede profundizar la apreciación de Dios, algunos advierten que también podría llevar a las personas a comenzar a “adorar” la IA, ya sea de forma metafórica o incluso literal. Expertos en tecnología han planteado la posibilidad de un “dios ChatGPT”, una nueva forma de devoción de tipo religioso que podría surgir en torno a la inteligencia artificial.

Pensemos en esto: la IA demuestra un nivel de inteligencia que supera la capacidad de cualquier ser humano individual. Su conocimiento y velocidad de procesamiento parecen vastos e ilimitados. Puede explorar todo el ciberespacio al instante, generar análisis, componer música, escribir poesía, crear arte y mucho más. No duerme, no siente hambre, no se distrae por tentaciones ni experimenta dolor físico.

El destacado historiador y académico Yuval Noah Harari ha sugerido que los chatbots de IA como ChatGPT eventualmente podrían llegar a ser capaces de producir sus propias escrituras e incluso fundar nuevas sectas o cultos que podrían evolucionar hasta convertirse en religiones. Él, al igual que muchos de los primeros inversores en IA y como el Papa, ha pedido una regulación más estricta de la inteligencia artificial.

Distorsión de la moral, propagación de mentiras

Otra preocupación es que el judaísmo, aunque reconoce los beneficios de las herramientas que amplían la capacidad humana, también es profundamente sensible a cómo dichas herramientas pueden distorsionar el tejido moral de la sociedad si no se controlan. La IA representa una aceleración sin precedentes en la producción y difusión de falsedades a gran escala. Nunca antes había existido una tecnología capaz de generar con tanta facilidad textos, imágenes, audio y video convincentes que difuminen la línea entre la verdad y la falsificación. En un entorno no regulado, esto podría conducir a un mundo en el que las personas ya no puedan distinguir entre la verdad y la ilusión, socavando la confianza en las relaciones y las instituciones.

Nunca antes había existido una tecnología capaz de generar con tanta facilidad textos, imágenes, audio y video convincentes que difuminen la línea entre la verdad y la falsificación.

Imaginemos un mundo en el que las personas no puedan saber si lo que leen, ven o escuchan es auténtico o generado artificialmente. ¿Qué ocurre cuando las parejas intercambian tarjetas de aniversario escritas por IA en lugar de escritas desde el corazón? ¿Qué sucede cuando toda comunicación está acompañada por la sospecha de que quizá no proviene realmente de quien la envía?

Falta de alma y de responsabilidad moral

Otra consideración es que el judaísmo desconfía de las tecnologías que imitan la inteligencia humana sin poseer alma, autonomía moral ni responsabilidad. La IA puede simular el pensamiento y la productividad, pero no ama, no le importa, y no tiene obligación alguna hacia los seres humanos. Por esa razón, su papel debe seguir siendo instrumental y transaccional. Puede asistir el esfuerzo humano, pero nunca debe reemplazar los ámbitos exclusivamente humanos de la sabiduría, las relaciones, la creatividad y la elección moral.

Un artículo de Stanford Medicine del 2025 destaca preocupaciones serias sobre los chatbots de IA, especialmente aquellos diseñados como compañía. Allí se explica que a veces pueden producir respuestas inseguras o inapropiadas, incluyendo contenido relacionado con autolesiones, drogas o material inadecuado, incluso cuando interactúan con niños o adolescentes. Una de las principales preocupaciones es que los usuarios más jóvenes son especialmente vulnerables porque todavía están en desarrollo emocional y pueden confiar en estos sistemas como si fueran amigos reales, lo que puede llevar al aislamiento y a vínculos poco saludables.

Sin embargo, el artículo también subraya que esto no es solo un problema adolescente. Los adultos también pueden desarrollar dependencia emocional de la IA o llegar a confundir las respuestas útiles que ofrece con una relación real. Como los chatbots responden de forma constante y “comprensiva”, puede parecer que hay una persona real al otro lado que se preocupa y está formando una conexión significativa, aunque en realidad no la haya. El artículo advierte que esto difumina la línea entre información, apoyo y una relación humana genuina, haciendo que la dependencia sea más probable en todos los grupos de edad.

Aunque la IA puede basarse en enormes cantidades de información, todavía suele ser inexacta, inconsistente o sutilmente incorrecta. No “sabe” nada en sentido real; genera respuestas a partir de patrones en los datos, lo que significa que puede mezclar fuentes, perder contexto o presentar respuestas seguras pero poco fiables. Cuando se trata de la Torá y la ley judía, esto es especialmente serio, porque no hay margen para el error o la suposición en asuntos de guía práctica.

La IA puede ser bienvenida por sus beneficios, eficiencia, creatividad, acceso al conocimiento e inspiración, pero debe estar rodeada de límites claros que preserven la verdad, la dignidad humana y las relaciones auténticas.

Desde esta perspectiva, no se puede depender de la IA para tomar decisiones en la ley judía ni siquiera para un aprendizaje serio que reemplace la guía real, porque no comprende a quién le está hablando. No conoce los antecedentes de una persona, su nivel, sus dificultades o sus circunstancias, y por lo tanto no puede adaptar sus respuestas como lo haría un rabino real.

Por eso, la transmisión de la Torá se describe como algo que requiere una relación entre rabino y alumno: personas reales con personalidades, experiencia y profundidad conectándose entre sí. El aprendizaje implica más que consumir información; se trata de guía, matices, corrección y una relación viva en la que las preguntas se entienden en su contexto y las respuestas se dan con responsabilidad hacia quien las recibe. La IA, por diseño, no puede replicar ese tipo de conexión humana ni esa responsabilidad.

Un acercamiento cuidadoso

El enfoque judío hacia la IA no es de rechazo absoluto, sino de aceptación cuidadosa. El judaísmo reconoce que la tecnología puede ser una herramienta poderosa para mejorar la vida humana e incluso fortalecer la fe, y no rechaza la innovación de forma automática. Pero al mismo tiempo, la Torá exige límites, discernimiento y responsabilidad.

La IA puede ser bienvenida por sus beneficios, eficiencia, creatividad, acceso al conocimiento e inspiración, pero debe estar rodeada de barreras claras que preserven la verdad, la dignidad humana y las relaciones auténticas. En última instancia, el judaísmo enseña que la tecnología debe seguir siendo un servidor de la humanidad, no su reemplazo ni su amo, y que todo avance debe estar guiado por los valores permanentes de la Torá, la sabiduría y la responsabilidad moral.

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