El pastor luterano que fue ejecutado por conspirar para asesinar a Hitler

21/01/2026

12 min de lectura

Dietrich Bonhoeffer luchó con su propia teología y defendió al pueblo judío.

Para muchos judíos, el 7 de octubre fue un despertar brutal. Resulta que hay muchos más antisemitas entre nosotros de lo que pensábamos. En todo el mundo, manifestantes pro Hamás apuntaron contra sinagogas suburbanas gritando con furia “Del río al mar” a escasos metros de sus entradas.

Aún más perturbador fue el silencio de la mayoría. Aunque la mayoría de las personas todavía apoyan a Israel, los antisemitas dominan las calles. La mayoría de los buenos ciudadanos permanecen en silencio y pasivos, incluso cuando el antisemitismo no muestra signos de disminuir. ¿Por qué nuestros amigos no alzan la voz?

Aunque nos sorprenda, esta historia ya ha ocurrido antes, en la Alemania de los años 30. Entonces, como ahora, las personas de bien, disgustadas por las manifestaciones públicas de antisemitismo, guardaron silencio, ya sea creyendo que era algo que pasaría o por miedo a hablar.

Pero hubo algunas raras excepciones, entre ellas un pastor llamado Dietrich Bonhoeffer.

Aunque relativamente desconocido entre los judíos, Bonhoeffer ha alcanzado estatus de celebridad en los círculos cristianos. El extenso libro de Eric Metaxas, Bonhoeffer: Pastor, Mártir, Profeta, Espía, vendió más de un millón de copias. Para muchos, se ha convertido en un santo moderno: un hombre que murió defendiendo su fe y sus principios. Para los judíos, sin embargo, su legado es más complejo. Como dijo Rav Adin Steinsaltz, no creemos en “santos de plástico”. Aun así, Bonhoeffer tiene mucho que enseñarnos, ahora más que nunca.

Un pastor disidente

Nacido en 1906 en una familia prominente y altamente educada, Bonhoeffer tomó la decisión poco común de convertirse en pastor. Su padre agnóstico, el principal psicólogo de Alemania, cuestionó su decisión, al igual que sus siete hermanos. Argumentaban que la Iglesia era una “institución aburrida y burguesa”, a lo que Bonhoeffer respondió: “¡En ese caso, la reformaré!”

Mientras obtenía su doctorado en teología y se convertía en pastor, Bonhoeffer demostró ser un pensador independiente. Pasó un año estudiando en el Seminario Teológico de la Unión en Nueva York, donde se sintió atraído por la comunidad negra y se convirtió en defensor de los derechos civiles. También participó activamente en el movimiento ecuménico internacional y estuvo dispuesto a aprender de otras denominaciones cristianas, forjando amistades que más tarde serían cruciales en su lucha contra la Alemania nazi.

Para ser un pastor luterano alemán, Bonhoeffer tenía un amor inusual por la Biblia hebrea.

Para ser un pastor luterano alemán, Bonhoeffer tenía un amor inusual por la Biblia hebrea, lo que los cristianos llaman el “Antiguo Testamento”. Durante los 18 meses que pasó en prisiones nazis, la leyó repetidamente, encontrando más fuerza en ella que en el Nuevo Testamento.

Pero no era sólo una preferencia personal. Poco después de que Hitler asumiera el poder en 1933, el régimen nazi intentó purgar a la Iglesia alemana de sus elementos “judíos”. Los “cristianos alemanes”, un grupo cristiano pro-nazi, retrataban a Jesús como ario y rechazaban completamente la autoridad de la Biblia hebrea. A diferencia de muchos cristianos tradicionales, Bonhoeffer insistía en la importancia de la Biblia hebrea y el papel central de su protagonista principal: los judíos, el pueblo elegido por Dios. Incluso escribió un libro sobre los Salmos, pero se le negó el permiso para publicarlo, y su intento de hacerlo levantó sospechas sobre su lealtad al régimen.

Rápidamente, los cristianos alemanes asumieron el poder e iniciaron la nazificación de todas las iglesias en Alemania. Como parte de las leyes arias establecidas en todo el país, se prohibió a los pastores con ascendencia judía hablar en las iglesias alemanas. Para los nazis, ni siquiera el bautismo podía cambiar los hechos: un judío seguía siendo un judío. Esto era intolerable para Bonhoeffer, quien lideró un movimiento de pastores que se separaron de la Iglesia oficial nazi y formaron una nueva “iglesia confesante” que se mantendría libre de influencias nazis.

Eventualmente, incluso la iglesia confesante se mostró incapaz de enfrentar a los nazis. En los primeros años del régimen, la mayoría de los cristianos aún creía que se podía razonar con Adolf Hitler e incluso que se lo podía domesticar. Muchos apreciaban su éxito al restaurar el orgullo nacional de Alemania tras la humillación de la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles. Karl Barth, un renombrado teólogo cristiano que luego se opuso firmemente a Hitler, intentó reunirse con él varias veces en 1934 creyendo que era un hombre con quien se podía dialogar. Cuando Hitler retiró a Alemania de la Liga de las Naciones. Martin Niemöller, un pastor alemán a quien luego los nazis encarcelaron durante siete años, envió un telegrama de felicitación a Hitler, jurando su lealtad al Führer. El Holocausto aún estaba por venir, pero las señales de advertencia eran claras.

Aunque inicialmente la iglesia confesante se opuso a los cristianos alemanes, la mayoría de sus líderes evitaron criticar políticamente al régimen nazi. Con pocas excepciones, guardaron un silencio vergonzoso sobre la persecución de los judíos alemanes.

Como escribiría más tarde Niemöller: “Primero vinieron por los socialistas, y no hablé, porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé, porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no hablé, porque no era judío. Luego vinieron por mí… y ya no quedaba nadie que hablara por mí”.

El silencio frente al mal en sí mismo es un mal.

Bonhoeffer no se dejó engañar. En una carta a su amigo Erwin Sutz, escribió: “Creo que cualquier discusión entre Hitler y Barth sería completamente inútil. De hecho, ya no debe permitirse. Hitler se ha mostrado claramente como lo que es, y la iglesia debería saber con quién está tratando... El movimiento de Oxford fue lo suficientemente ingenuo como para tratar de convertir a Hitler… un fracaso ridículo para no reconocer lo que está ocurriendo”.

La ingenuidad, la apatía y la cobardía, todo esto repugnaba a Bonhoeffer. Como escribe Eric Metaxas: “Bonhoeffer se enfurecía contra la idea de que la fe fuera simplemente un asentimiento intelectual a ideas teológicas. No se puede afirmar que se cree en algo si no se vive como si se creyera”. Para él, la fe implicaba vivir toda la vida en obediencia activa a Dios.
“El silencio frente al mal es en sí mismo un mal. No hablar es hablar. No actuar es actuar. Dios no nos considerará inocentes”.

Cuando Hitler llevó a Alemania al borde de la guerra, Bonhoeffer dejó el país para evitar ser reclutado, y se trasladó a los Estados Unidos. Pero casi de inmediato al llegar a Nueva York se dio cuenta de que había cometido un error. Leyó las palabras de Isaías: “El que cree no huye” (28:16) y escribió a Reinhold Niebuhr: “He cometido un error al venir a Norteamérica. Debo vivir este difícil período de nuestra historia nacional”.
Una decisión que llevaría a su muerte.

Bonhoeffer y los judíos

El 11 de abril de 1933, murió el padre del cuñado judío de Bonhoeffer. Se le pidió que oficiara el funeral, pero Bonhoeffer se negó, fallando en su primera oportunidad de defender a los judíos frente a la discriminación nazi. Siguió el consejo de su superior eclesiástico, quien le advirtió que no dirigiera un servicio fúnebre para un judío apenas unos días después de que los nazis promulgaran su legislación antisemita aria.

Bonhoeffer se avergonzó de su falta de valentía y escribió a su cuñado siete meses después: “Para ser sincero, no puedo imaginar qué me hizo actuar como lo hice. ¿Cómo pude haber tenido tanto miedo en ese momento? Me atormenta… porque es el tipo de cosa que nunca se puede reparar. Así que todo lo que puedo hacer es pedirte que perdones mi debilidad de entonces. Ahora sé con certeza que debí haber actuado de manera diferente”.

La teología de Bonhoeffer es aún más preocupante. Apenas cuatro días después de negarse a oficiar el funeral, completó su ensayo “La Iglesia y la cuestión judía”, un escrito que debería incomodar a cualquier judío con conciencia.

Al comienzo del ensayo, Bonhoeffer cita a Martín Lutero, el antisemita padre de la Reforma Protestante y de la iglesia alemana, quien dijo en 1546: “Aún debemos mostrarles [a los judíos] la doctrina cristiana y pedirles que se conviertan y acepten a [Jesús], a quien por derecho deberían haber honrado antes que nosotros… Si se arrepienten, abandonan la usura y aceptan a [Jesús], con gusto los aceptaremos como nuestros hermanos”.

Con unas pocas frases, Bonhoeffer culpa a los judíos por crucificar a Jesús y pide su conversión al cristianismo.

Luego, con unas pocas frases, Bonhoeffer culpa a los judíos por crucificar a Jesús y pide su conversión al cristianismo. “La iglesia… nunca ha perdido de vista la idea de que el ‘pueblo elegido’, que clavó al redentor del mundo en la cruz, debe cargar con la maldición de su acción a través de una larga historia de sufrimiento… Pero la historia del sufrimiento de este pueblo, amado y castigado por Dios, está bajo el signo del regreso final del pueblo de Israel a su Dios. Y ese regreso ocurre en la conversión de Israel”.

Bonhoeffer a continuación intenta suavizar la posición cristiana tradicional, trasladando la culpa de la muerte de Jesús a todos los pueblos. “Rechazamos la doctrina falsa que haría de la crucifixión… culpa exclusiva del pueblo judío, como si otros pueblos y razas no lo hubieran crucificado. Todas las razas y pueblos, incluso los más poderosos, comparten la culpa de su muerte y se hacen culpables de ella cada día, cuando cometen ultrajes contra el espíritu de la gracia”.

Aun así, a pesar de la teología antisemita que heredó de la iglesia luterana, Bonhoeffer escribió en el mismo ensayo que “la Iglesia tiene una obligación incondicional hacia las víctimas de cualquier ordenamiento social, incluso si no pertenecen a la comunidad cristiana” y que “ninguna nación puede jamás recibir el encargo de vengar en los judíos el asesinato del Gólgota”.

En conjunto, el ensayo de Bonhoeffer resulta muy desagradable de leer. Si los judíos son al menos parcialmente culpables del asesinato de Jesús, entonces seguramente merecen su sufrimiento. ¿Por qué, entonces, deberían los cristianos preocuparse por los judíos que en ese momento estaban siendo perseguidos por los nazis?

Sin embargo, Bonhoeffer sí se preocupaba. Julie Bonhoeffer, su abuela de 91 años, cruzó públicamente las líneas de piquetes para comprar en tiendas judías boicoteadas por los nazis, un acto de desafío que causó una profunda impresión en su nieto. A medida que avanzaba la década de 1930, sus cartas mostraban una creciente preocupación por el destino de los judíos que contradecía su teología luterana. En un momento dado, Bonhoeffer declaró (en una dura reprimenda a sus colegas pastores) que “sólo quien clama por los judíos puede entonar cantos gregorianos”. Si un pastor dirigía el culto en su iglesia ignorando el terrible sufrimiento de los judíos que ocurría ante sus ojos, Dios no se interesaba por su servicio de adoración.

El gran cambio en su pensamiento ocurrió el 10 de noviembre de 1938, el día después de la Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos, cuando Hitler ordenó a la Gestapo perpetrar un pogromo a nivel nacional contra los judíos. 91 judíos fueron asesinados, miles golpeados, y 267 sinagogas fueron destruidas junto con miles de negocios judíos. Al día siguiente, Bonhoeffer habló del horror con sus estudiantes del seminario, quienes en realidad creían que la causa de este mal debía ser la “maldición” que todos los judíos cargaban por rechazar a Jesús. Perturbado por la insensibilidad de sus estudiantes, Bonhoeffer respondió con enojo: “Si hoy arden las sinagogas, mañana arderán las iglesias”.

Si hoy arden las sinagogas, mañana arderán las iglesias.

Al día siguiente, Bonhoeffer leyó el Salmo 74 como parte de sus lecturas bíblicas diarias. Cuando llegó a los versículos 7 y 8, se detuvo en seco: “Prendieron fuego a Tu santuario; profanaron hasta el suelo la morada de Tu nombre… quemaron todos los lugares de reunión de Dios en la tierra”. Él subrayó los versículos y escribió “11/9/38”, la fecha de la Kristallnacht. Bonhoeffer creía que Dios le estaba enviando un mensaje a través de la Biblia, y al reflexionar sobre los versículos comprendió una verdad importante: las sinagogas quemadas en Alemania eran lugares de reunión Divina. Atacar al pueblo judío, los hijos amados de Dios, equivalía a atacar al propio Dios. Para Bonhoeffer, esto fue lo más cercano que experimentaría a una profecía; fue una revelación de Dios.

Uno de sus estudiantes recordó que su maestro estaba “impulsado por una gran inquietud interior, una ira santa”, y salió corriendo en su coche hacia Berlín, “para estar con hermanos y amigos en problemas”. Desde ese momento, Bonhoeffer estuvo dispuesto a arriesgar su vida para ayudar al pueblo judío.

Resistencia y captura

Bonhoeffer se enteró de la conspiración secreta alemana para derrocar a Hitler gracias a su cuñado Hans von Dohnanyi, quien trabajaba en el Ministerio de Justicia y fue un temprano opositor de los nazis. En 1940, Dohnanyi ayudó a Dietrich a evitar el servicio militar asignándole un puesto en la Oficina de Inteligencia Militar, donde trabajaban muchos de los conspiradores antinazis.

Las primeras deportaciones de los judíos de Berlín a destinos desconocidos en el este comenzaron en octubre de 1941. A los pocos días, Bonhoeffer redactó un memorando con detalles de las deportaciones y lo envió a contactos en el extranjero, con la esperanza de movilizar al mundo en favor de los judíos.

Poco después, Bonhoeffer se involucró en una operación secreta con el nombre en clave U7 (Operación 7), cuyo objetivo era salvar a siete judíos de la muerte (la cifra finalmente se duplicó a 14). Los judíos, entre ellos algunos amigos de Dohnanyi, estaban en listas de deportación y casi con seguridad serían asesinados. El plan era llevarlos a Suiza convenciendo a los nazis de que serían agentes del gobierno alemán y mintiendo al mundo al decir que los alemanes trataban bien a los judíos. Sin embargo, los suizos, oficialmente neutrales en la guerra, se negaron a aceptar judíos.

Fue entonces cuando Bonhoeffer intervino, rogando a sus contactos cristianos en Suiza que usaran su influencia para aceptar al grupo judío. Finalmente, los suizos accedieron, pero exigieron una gran cantidad de moneda extranjera como precio de entrada. El plan siguió adelante y los judíos fueron salvados, pero el intercambio de divisas extranjeras acabó siendo la perdición de Bonhoeffer. Más tarde, la Gestapo notó la irregularidad, lo que finalmente llevó a su arresto.

Sus esfuerzos culminaron en el fallido intento de asesinar a Hitler y derrocar al régimen el 20 de julio de 1944.

Tras la Operación 7, Bonhoeffer se involucró cada vez más en la conspiración contra Hitler, trabajando estrechamente con su hermano Klaus y su cuñado Dohnanyi. Después de varios intentos, sus esfuerzos culminaron en el fallido intento de asesinar a Hitler y derrocar al régimen el 20 de julio de 1944.

Después de que la Gestapo descubriera los fondos transferidos a Suiza en la “Operación Siete”, Bonhoeffer y Dohnanyi fueron arrestados en abril de 1943. Inicialmente, Bonhoeffer enfrentó cargos relacionados con conspiración para rescatar judíos, uso indebido de sus viajes al extranjero y de su puesto en inteligencia para ayudar a pastores de la Iglesia Confesante a evitar el servicio militar. Tras el fallido golpe del 20 de julio de 1944, se revelaron sus vínculos con círculos de resistencia más amplios, lo que llevó a su traslado a la prisión de la Gestapo en Berlín, y luego a los campos de concentración de Buchenwald y Flossenbürg.

El 9 de abril de 1945, menos de un mes antes de la rendición de Alemania, fue ejecutado junto a su hermano Klaus y sus cuñados Hans von Dohnanyi y Rüdiger Schleicher. Juntos, sus cuerpos fueron arrojados a una pila y quemados, donde sus cenizas se mezclaron con las de incontables judíos asesinados antes que ellos.

Una cuestión de legado

En 1996, el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos celebró una ceremonia para honrar a Hans von Dohnanyi y Dietrich Bonhoeffer como “justos entre las naciones” por ayudar a salvar judíos durante el Holocausto. Sin embargo, la invitación al acto incluía la siguiente declaración: “Aunque repudió el nazismo, Bonhoeffer también expresó el sesgo antijudío de las enseñanzas cristianas de siglos”. Medio siglo después de su muerte, los judíos seguían divididos en cuanto a cómo ver al valiente pastor alemán.

Bonhoeffer nunca pudo superar del todo la creencia cristiana tradicional de que Dios castiga al pueblo judío por la crucifixión y su negativa obstinada a aceptar la fe cristiana. Desde esta perspectiva, Bonhoeffer fue parte del problema milenario del antisemitismo cristiano que sentó las bases del Holocausto.

Lo que lo distingue es que, en la práctica, Bonhoeffer fue capaz de elevarse por encima de sus prejuicios heredados y arriesgar su vida en una operación para salvar judíos.

Al mismo tiempo, debemos recordar que Bonhoeffer vivió en una época en que estas opiniones eran indiscutiblemente aceptadas por la gran mayoría de los cristianos en Alemania. Desde esta perspectiva, culparlo por su teología sería como condenar a Abraham Lincoln como racista por compartir algunos prejuicios propios de su tiempo. Lo que distingue a Bonhoeffer es que, en la práctica, fue capaz de elevarse por encima de sus prejuicios heredados y arriesgar su vida en una operación para salvar judíos.

Hasta el final, sus opiniones sobre los judíos seguían evolucionando. A principios de la década de 1940, Bonhoeffer reconoció claramente la culpa de la Iglesia (y quizás la suya propia). “Ella [la Iglesia] guardó silencio cuando debía haber clamado, porque la sangre de los inocentes clamaba al cielo. Ella no ha hablado la palabra correcta en el momento y lugar adecuados… La Iglesia confiesa que ha sido testigo de la aplicación sin ley de la fuerza brutal, del sufrimiento físico y espiritual de innumerables personas inocentes, de la opresión, el odio y el asesinato, y que no ha alzado su voz por las víctimas ni ha encontrado formas de acudir en su ayuda. La iglesia es culpable de la muerte de los más débiles e indefensos” (Ética, pág. 93).

Algunos creen que, de haber sobrevivido, Bonhoeffer habría replanteado radicalmente sus posiciones teológicas sobre los judíos. Ruth Zerner escribe que los “estudiantes y herederos teológicos de Bonhoeffer en la Alemania de la posguerra han liderado el desmantelamiento creativo del legado cristiano del antijudaísmo y sus consecuencias históricas” (Church, State and the ‘Jewish Question’). Eberhard Bethge, el amigo más cercano y confidente de Bonhoeffer, quien más tarde desempeñó un papel importante en el cambio de la teología cristiana con respecto al pueblo judío, creía que Bonhoeffer fue una figura de transición que preparó el camino para el arrepentimiento cristiano y la reconciliación con los judíos tras la guerra.

En última instancia, lo que más importa es el impacto de Bonhoeffer en los cristianos de nuestra generación. Ahora que millones en todo el mundo vuelven a pedir la destrucción del pueblo judío, ¿se levantarán los cristianos en defensa de Israel y de los judíos en todo el mundo? ¿O se retirarán a lo que Bonhoeffer llamó “la virtud privada”? “Estas personas ni roban, ni matan, ni cometen adulterio… pero cierran los ojos y oídos ante la injusticia que los rodea. Sólo a costa del autoengaño pueden mantener su inocencia privada limpia de las manchas de una acción responsable en el mundo. En todo lo que hacen, lo que dejan de hacer no les dejará descansar” (Ética, p. 80).

¿Aprobarán los cristianos la prueba? Como habría dicho Bonhoeffer, Dios está mirando… y juzgando.

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Juan Wulff
Juan Wulff
3 meses hace

Daría mil gracias a Rav Elie por este articulo sobre D.B.claro,respetuoso,crítico y elogioso.Para mi,DB fue un modelo de coherencia con respecto a sus pricipios éticos.Se enfrentó tanto al Régimen Nazi como a sus jerarquias eclesiasticas.Pasó a la acción ayudando eficazmente a salvar judios.lo que llevaría a su detención y ahorcamiento.No puedo menosa de recordar a Hanna y sus hijos descrito en MacabeosII.

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