El patrón triple

17/05/2026

4 min de lectura

Nasó (Números 4:21-7:89 )

Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem.

Uno de los momentos destacados de la parashá Nasó es la Bendición Sacerdotal. El texto de esta bendición, que los kohanim otorgan al pueblo judío, concluye: “Que Dios vuelva su rostro hacia ti y te conceda paz” (Números 6:26).

Nuestros Sabios elogian enormemente la paz. Por ejemplo, el Midrash (Bamidbar Rabá 11:7) dice en nombre de Rav SHimon bar Jalafta: “Grande es la paz, pues no hay recipiente que pueda contener la bendición excepto la paz”. El Midrash trae una prueba sobre esta idea con el versículo (Salmos 29:11): “Dios bendecirá a Su pueblo con paz”.

Podemos comprender esta idea de forma más profunda si observamos con atención la expresión “Su pueblo”. El pueblo judío está compuesto por tres categorías de personas: sacerdotes (cohanim), levitas (leviim) e israelitas (israelim). El acrónimo en hebreo de las palabras “cohanim”, “leviim” e “israelim” forma la palabra cli, que significa “recipiente”. Una vez que entendemos que el propio pueblo judío es un recipiente, podemos captar una comprensión más profunda de la afirmación del Midrash. El recipiente del pueblo judío solo puede recibir bendición cuando hay paz.

Podemos ofrecer cuatro consejos principales para lograr la paz con los demás:

  1. Asegurarnos de que todo lo que hacemos sea por el bien de Dios. Si actuamos por el honor Divino y no para alimentar el ego, podemos vernos unos a otros como parte del mismo equipo, combinando nuestras fortalezas y talentos hacia un objetivo común.
  2. Entrenarnos para ver solo lo bueno en los demás. En lugar de sentirnos amenazados por las diferencias de otros, debemos verlas como cualidades positivas.
  3. El Pele Ioetz sugiere centrarnos en la recompensa que recibimos por hacer la paz, como incentivo para perseguirla. Él da un ejemplo ilustrativo: imagina que alguien te pide que hagas las paces con una persona que no soportas. Tu reacción inicial sería negarte. Pero si te ofrecen dinero (50 dólares, 100, 1.000, 100.000 o incluso dos millones) llega un punto en que cualquier persona aceptaría. Según el Pele Ioetz, la recompensa en el Mundo Venidero por hacer la paz supera con creces cualquier incentivo material de este mundo. Saber esto debería motivarnos a buscar la paz.
  4. Hacer las paces a veces requiere ceder o comprometerse. Solo podemos hacerlo si cultivamos la humildad y aprendemos a estar satisfechos con lo mínimo.

Las tres familias levitas

Aunque estos cuatro puntos son importantes, también podemos proponer otro enfoque para comprender la expectativa de Dios sobre nosotros cuando se trata de la paz. El inicio de la porción de la Torá de esta semana se centra en la tribu de Leví, que está compuesta por tres familias principales: Kehat, Guershón y Merari. Basándonos en el Shem MiShmuel y en el Netivot Shalom, podemos entender a estas tres familias como representantes de tres niveles espirituales.

La familia de Kehat representa el nivel más elevado y justo. Su función era cargar el Arca Sagrada (Rashi sobre Números 4:4), el componente más sagrado del Tabernáculo. La importancia de esta tarea subraya su elevado nivel espiritual.

La familia de Guershón representa el nivel intermedio. Ellos cargaban la cortina que separa el Kódesh Kodashim del resto del Santuario (Números 4:25). Un lado de la cortina está cercano a la intensa santidad del Kódesh Kodashim, mientras que el otro no lo está. Podemos sugerir que esta cortina alude al nivel espiritual de una persona promedio, que oscila entre momentos de gran devoción y momentos en los que se siente menos conectada con lo Divino.

La familia de Merari representa el nivel más bajo. Ellos cargaban las vigas y columnas del Santuario (Números 4:31), cuyo peso podía resultar pesado. Este peso físico representa la carga del nivel espiritual más bajo.

La tribu de Leví tenía la misión de enseñar al pueblo judío cómo conectarse con lo Divino (ver Rambam, “Shmita VeIovel”, 13:12-13). Las tres familias principales de esta tribu nos muestran que estamos obligados a servir a Dios no solo cuando nos encontramos en un nivel espiritual elevado, como las personas más justas, ni solo cuando nos sentimos en un estado promedio, sino incluso cuando nos sentimos en lo más bajo y más alejados de Dios. Independientemente del estado emocional en el que nos encontremos, debemos comprometernos a cumplir la voluntad de Dios con una actitud positiva.

Esta idea nos ofrece una nueva perspectiva sobre la expectativa de Dios respecto a la paz. Además de estar en paz con los demás, debemos aprender a estar en paz con nosotros mismos, sea cual sea el nivel en el que estemos funcionando. Cuando estamos frustrados con nosotros mismos, es mucho más probable que reaccionemos con enojo hacia los demás. Sin embargo, estar en paz con nosotros mismos normalmente conduce a estar en paz con los demás. Si podemos aprender de la tribu de Leví cómo mantener nuestro equilibrio interior, tendremos muchas más posibilidades de establecer también la paz con los demás.

Que seamos bendecidos para cultivar dentro de nosotros las cuatro cualidades principales que conducen a la paz: actuar únicamente por el bien de Dios; ver lo bueno en los demás; enfocarnos en las recompensas que se obtienen mediante este comportamiento; y ser humildes y conformarnos con lo mínimo, lo que nos permitirá saber ceder. Y, lo más importante, que aprendamos a estar en paz con nosotros mismos. Que reconozcamos el valor de nuestro servicio, incluso en su nivel más bajo, y que comprendamos que, incluso entonces, tenemos el potencial de funcionar en el nivel más elevado.

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