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El poder del elogio

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Vaieshev (Génesis 37-40 )

por Rav Jonathan Sacks

Reubén es el líder que pudo haber sido pero nunca fue. Él era el primogénito de Iaakov. En su lecho de muerte, Iaakov dijo sobre él: "Reubén, tú eres mi primogénito, mi fuerza, el principio de mi vigor, excelso en dignidad y excelso en poder". Este es un atributo muy impresionante, sugiriendo una presencia física y una conducta dominante.

Más significativo es que en sus primeros años, entre los hijos de Iaakov Reubén consistentemente parece ser el que tiene mayor sensibilidad moral. Él era hijo de Leá, y sintió profundamente la desilusión de su madre por no ser la favorita de Iaakov. Esta es la primera descripción que encontramos de Reubén cuando era un niño:

"Reubén salió en los días de la siega del trigo y halló mandrágoras en el campo, y los trajo a su madre Leá" (Génesis 30:14)

Las mandrágoras se consideran afrodisíacas. Reubén sabía esto y de inmediato pensó en su madre. Fue un gesto conmovedor, pero falló porque se las entregó a Leá ante la presencia de Rajel, y sin tener la intención provocó una discusión entre ellas.

El siguiente episodio en el cual encontramos a Reubén es todavía más problemático:

"Rajel murió y fue sepultada en el camino a Efrat, en Bet Léjem…Mientras Israel residía en esa tierra, Reubén fue y se acostó (vaishkav) con Bilhá, la concubina de su padre" (Génesis 35:19-22)

Entendido de forma literal, esto hubiera sido un terrible pecado. Acostarse con la concubina del padre no es sólo un crimen sexual, sino que es un imperdonable acto de traición y engaño, tal como descubrimos luego en el Tanaj cuando Abshalom decidió rebelarse contra su padre David y reemplazarlo como rey. Entonces Ajitofel le dio el siguiente consejo:

"Acuéstate con las concubinas de tu padre, ha quienes ha dejado para cuidar el palacio, entonces todo Israel sabrá que te has hecho odioso a tu padre, y las manos de todos los que están contigo se fortalecerán" (Samuel II 16:21)

De acuerdo con los Sabios, el texto respecto a Reubén no debe entenderse literalmente.(1) Después de la muerte de Rajel, Iaakov había pasado su cama a la tienda de Bilhá, la sirvienta de Rajel. Reubén sintió que eso era una humillación intolerable para su madre. Para Leá era difícil soportar que Iaakov amara más a su hermana. Para ella hubiera sido insoportable descubrir que él incluso prefería más a la sirvienta de Rajel. Por eso, Reubén pasó la cama de Iaakov de la tienda de Bilhá a la de Leá. Por lo tanto, el verbo vaishkav no debe traducirse como "acostarse" sino como "cambió de lugar la cama".

Sin embargo, en este punto el texto hace algo extraño. Allí dice: "Reubén fue y durmió con (o cambió de lugar la cama) Bilhá la concubina de su padre, e Israel oyó…" A continuación encontramos un quiebre de párrafo en medio de la frase. Y la sentencia termina: "Y los hijos de Iaakov eran doce". Esto es muy raro. Lo que sugiere es un silencio audible. La comunicación se ha quebrado por completo entre Iaakov y Reubén. Si los Sabios tienen razón en su interpretación, entonces esta es una de las más grandes tragedias en todo el Génesis. Iaakov claramente creyó que Reubén había dormido con su concubina Bilhá. Por eso lo maldijo en su lecho de muerte:

"Impetuoso como las aguas, no aventajarás, pues subiste al lecho de tu padre y lo profanaste" (Génesis 49:4)

Sin embargo, de acuerdo con los Sabios esto no fue lo que sucedió. Iaakov hubiera estado dispuesto a hablar con Reubén si hubiese descubierto la verdad, pero Iaakov creció en una familia que carecía de una comunicación abierta y sincera (como vimos hace algunas semanas cuando estudiamos la parashat Toldot). Por eso, durante muchos años, el padre sospechó de Reubén por un pecado que no había cometido, y todo porque él se preocupó de los sentimientos de su madre.

Lo cual nos lleva al tercer episodio de la vida de Reubén, el más trágico de todos. Iaakov prefería a Iosef, el hijo de su amada Rajel, y los otros hermanos lo sabían. Cuando le dio a Iosef una señal visible de su favoritismo, la túnica bordada, los hermanos sintieron todavía más resentimiento. Cuando Iosef comenzó a soñar que el resto de la familia se prosternaba ante él, la animosidad de los hermanos llegó a punto de ebullición. Cuando estaban lejos de su casa, cuidando el rebaño, y vieron aparecer a Iosef a la distancia, su odio los llevó a decidir matarlo allí mismo. Sólo Reubén se resistió:

"Pero Reubén oyó esto y lo libró de sus manos y dijo: 'No debemos herirlo mortalmente'. Reubén les dijo: 'No viertan sangre. Arrójenlo a este foso que está en el desierto, pero no extiendan la mano sobre él', a fin de librarlo de sus manos y devolverlo a su padre (Génesis 37:21-22)

El plan de Reubén era simple. Él persuadió a los hermanos para que no mataran a Iosef, sino que en cambio lo dejaran morir de hambre en el pozo… Su intención era regresar más tarde, cuando los hermanos hubieran partido del lugar, para rescatarlo. Pero cuando regresó, Iosef ya no estaba allí. Había sido vendido como esclavo. Reubén estaba devastado.

Tres veces Reubén trató de ayudar, pero a pesar de sus mejores intenciones, sus esfuerzos fracasaron. Él fue el responsable de la pelea entre Rajel y Leá. Su padre sospechó erróneamente que él había cometido un terrible pecado y lo maldijo en su lecho de muerte. También fracasó y no pudo salvar a Iosef. Reubén sabía cuándo las cosas no estaban bien, y trataba de actuar para mejorarlas, pero en cierta forma carecía de la prudencia, la seguridad o el coraje para lograr el resultado deseado. Debería haber esperado hasta que Leá estuviera sola antes de darle las mandrágoras. Debería haber protestado directamente ante su padre sobre dónde planeaba dormir. Debería haber salvado físicamente a Iosef y llevarlo de regreso a su hogar.

¿Qué le ocurrió a Reubén para que careciera de confianza? La Torá nos da una pista conmovedora e inequívoca. Presta atención a estos versículos que describen el nacimiento de los dos primeros hijos de Leá (y Iaakov):

"Dios vio que Leá no era amada, por lo que abrió su matriz; pero Rajel era estéril. Leá concibió y dio a luz un hijo al que llamó Reubén, pues dijo: 'Porque Dios ha visto mi aflicción. Sin dudas ahora me amará mi marido'. Concibió de nuevo y cuando dio a luz otro hijo, dijo: 'Porque Dios ha escuchado que no soy amada, me ha dado también a este'. Y lo llamó Shimón" (Génesis 29:32-33)

En ambas ocasiones fue Leá, no Iaakov, quien puso nombre a los niños, y ambos nombres eran un llanto a Iaakov para que le prestara atención y la amara, si no por ella misma, por lo menos porque le había dado hijos. Iaakov evidentemente no lo notó.

El texto parece implicar que Reubén se convirtió en lo que se convirtió porque la atención de su padre estaba en otra parte. Él no se preocupaba por Leá ni por sus hijos (el texto mismo dice que "Leá no era amada"). Reubén sabía esto y sentía intensamente la vergüenza de su madre y la aparente indiferencia de su padre.

Para poder ser líderes, las personas necesitan aliento. Es fascinante contrastar la indecisión de Reubén con la seguridad (incluso exagerada) de Iosef, quien era amado y preferido por su padre. Si queremos que nuestros hijos tengan confianza para actuar cuando es necesario, tenemos que darles poder, alentarlos y elogiarlos.

Hay una Mishná fascinante en Pirkei Avot:

Rabán Iojanán ben Zakai tuvo cinco discípulos, llamados Rabí Eliezer ben Hyrcanus, Rabí Iehoshúia ben Jananiá, Rabí Iose el sacerdote, Rabí Shimón ben Netanel y Rabí Elazar ben Araj. Él solía relatar sus elogios: Eliezer ben Hyrcanus, un pozo sellado que nunca pierde una gota. Iehoshúa ben Janania, dichosa quien lo dio a luz. Iose el sacerdote, un hombre piadoso. Shimón ben Netanel, un hombre que teme al pecado. Elazar ben Araj, un manantial que siempre fluye (Mishná, Avot 2:10-11)

¿Por qué la Mishná, cuyo objetivo es enseñarnos verdades duraderas, da esta descripción aparentemente trivial de los alumnos de Rabán Iojanán ben Zakai y nos dice cómo él solía elogiarlos? Creo que la respuesta es que la Mishná nos está diciendo cómo educar a nuestros discípulos, cómo ser un entrenador, un mentor y un guía: usando elogios focalizados.

La Mishná no dice simplemente que Iojanán ben Zakai decía cosas buenas sobre sus alumnos, sino que usa una expresión poco usual: "Él solía contar (moné) sus elogios". Esto significa que sus comentarios positivos eran precisos y puntuales. Él le decía a cada uno de sus discípulos cuál era su fuerza específica.

Eliézer ben Hyrcanus tenía una memoria destacada, En ese momento, cuando todavía no había sido escrita la Ley Oral, él podía recordar las enseñanzas de la tradición mejor que cualquier otra persona. Elazar ben Araj era creativo, capaz de encontrar una corriente interminable de interpretaciones frescas. Cuando seguimos nuestras pasiones o dones particulares, contribuimos al mundo lo que sólo nosotros podemos darle.

Sin embargo, el hecho de que tengamos dones excepcionales también puede implicar que tenemos notorios defectos. Nadie tiene sólo cualidades positivas. Es suficiente si tenemos una. Pero también debemos saber qué es lo que nos falta. Eliezer ben Hyrcanus estaba tan fijado en el pasado que se resistía el cambio incluso cuando eso era lo que decidían la mayoría de sus colegas. Eventualmente fue excomulgado por no aceptar las decisiones de sus colegas (Baba Metzía 59b).

La suerte de Elazar ben Araj fue todavía más triste. Después de la muerte de Iojanán ben Zakai, se separó de sus colegas. Todos se fueron a Yavne y él a Hamat (Emaus). Era un lugar agradable para vivir y allí vivía la familia de su esposa. Aparentemente, el confiaba tanto en sus dones intelectuales que creyó que podía mantener por sí mismo su nivel de erudición. Eventualmente olvidó todo lo que había estudiado (Avot de Rabí Natan 14:6). El hombre que era más dotado que sus contemporáneos eventualmente murió casi sin hacer ninguna contribución a la tradición.

Hay un delicado equilibrio entre el descuido que lleva a alguien a carecer de confianza para hacer lo necesario, y los elogios y el favoritismo excesivo que crean un exceso de confianza y llevan a la persona a creer que es mejor que los demás. Ese equilibrio es necesario si queremos ser la luz del sol que ayuda a otros a crecer.

Shabat Shalom


NOTAS

  1. Ver Shabat 55a-b



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