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El "Príncipe de la Jalá"

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17/06/2022 | por Elana Shap

La belleza se encuentra en las cosas simples de la vida.

Idan Chabasov, alias el "Príncipe de la Jalá", no recibió su amor por la jalá como parte de una tradición familiar. El aroma a jalá recién horneada no era característico de la cocina de sus abuelas, una turca y otra bujara, ni del hogar de Tel Aviv donde creció. Cocinar y hornear ni siquiera era uno de sus intereses.

Pero ahora, a los treinta y tantos años, su cuenta de Instagram "Challah Prince" (el Príncipe de la Jalá), abierta en enero del 2020, cuenta con más de 100.000 seguidores. Chabasov está emocionado de viajar a los Estados Unidos cuatro veces al año para hacer talleres y presentaciones en el restaurante de un conocido chef de Nueva York. En sus talleres por Internet participan personas de todo el mundo y en Israel lo verán muy pronto en una campaña publicitaria de una tarjeta de crédito.

Chabasov comenzó a hornear jalá cuando se fue a vivir a Berlín en el 2014. "Comencé a ir a pequeñas cenas de Shabat que se realizaban para los israelíes de la ciudad. Recuerdo que una vez miré la mesa y me di cuenta que había pan normal, pero no jalá. Entonces decidí asumir la responsabilidad de hornear y llevar las jalot todas las semanas. Cada viernes, también les llevaba una jalá recién horneada a mis vecinos alemanes. Al principio creyeron que era raro que alguien les llevara comida, porque no es algo habitual, como en Israel. Pero en definitiva estaban muy agradecidos".

Fuente: Idan Chabasov

Es fácil ver por qué el Príncipe de la Jalá tiene tantos admiradores. Las intrincadas jalot trenzadas de Chabasov, que pueden llegar a incluir hasta 17 tiras de masa, son tradicionales pero innovadoras. Cada creación muestra su arte antes de ser horneado o con un tono dorado que hace agua la boca.

Crédito: Shai Neiburg

Además de panadero, Chabasov es jovial, apuesto y por lo general usa una remera negra o blanca que deja a la vista sus múltiples tatuajes (uno de los cuales, por supuesto, es una jalá). Puede ser divertido, como en la imagen donde su cabello oscuro está cubierto de harina y sonríe pícaramente mientras sostiene una tira de masa trenzada en la mano. En otro post sostiene dos jalot, una a cada lado de su rostro. Esas imágenes claramente están influenciadas por sus estudios de animación y artes visuales y por la carrera en marketing que hizo antes de mudarse a Berlín.

Al principio, la vida en la ciudad europea no fue fácil. Poco después de llegar, experimentó su primer invierno helado y se hundió en la depresión. Chabasov comenzó a estudiar meditación como un medio para enfrentar el problema, y pronto se dio cuenta que había una fuerte conexión entre los ejercicios que estaba haciendo para calmar su mente y el proceso de horneado de jalá que, para entonces, ya se había convertido en un hábito semanal.

Lo que influye en el resultado final no es la receta, sino la energía.

"Ambas son formas para calmarse y lograr estar más atentos y más conscientes", explica. "Preparar jalá es un proceso especial de observación y paciencia. En mis talleres siempre destaco que lo importante es el proceso y no el resultado. Comerla, al final, es sólo un bono adicional".

Su actitud de retornar a lo esencial se extiende a usar siempre la misma receta sin ninguna improvisación. En las creaciones del Príncipe de la Jalá no encontrarás los colores del arcoíris, rellenos ni coberturas no tradicionales. "Me gusta que las cosas sean simples porque creo que la belleza se encuentra en las cosas simples de la vida. Tampoco creo, como muchos dicen, que mi receta sea la mejor de todas. Mi pasión nunca fue buscar recetas diferentes, no trato de ser un chef ni un maestro panadero".

Lo que sí, dice Chabasov, es que él es un artista que usa la jalá como su camino creativo y espiritual. "Todo comienza al pararte detrás del bol y entregar tu mejor energía. Dos personas pueden preparar la misma receta con los mismos ingredientes, pero una será más sabrosa que la otra. Lo que influye en el resultado final no es la receta, sino la energía".

Crédito: Jan Feldman


Crédito de la imagen principal: Shai Neiburg



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