Después de la masacre en Australia, es hora de reafirmar nuestra identidad judía


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Uno de los héroes más inusuales de la Segunda Guerra Mundial.
Muchos invitados se encontraban reunidos alrededor de mesas bellamente arregladas en el pequeño departamento de Rav Jaim Shmulevitz, ubicado en la Ieshivá Mir de Jerusalem.
El ilustre rosh ieshivá de Mir, Rav Jaim, se puso de pie para hablar, y dijo con afecto: “Querido Reb Abraham, ¡que merezcas crecer en Torá y temor a Dios, en línea con las aspiraciones de tu corazón puro! ¡Que llegues a ser un verdadero hijo de Abraham Avinu, de quien ahora llevas el nombre!”
Esta no era una celebración de bar mitzvá. El homenajeado era Setzuso Kotsuji, un profesor japonés de 60 años, que había sido circuncidado al convertirse al judaísmo, adoptando el nombre hebreo “Abraham”.
“Nunca olvidaremos lo que hiciste por nosotros cuando estábamos en Japón”, continuó diciendo Rav Jaim, “ni cómo arriesgaste tu vida para salvarnos. El mérito de ese sacrificio personal fue lo que te sostuvo y te llevó a buscar refugio bajo las alas de la Shejiná [la Presencia Divina] y a convertirte en un miembro genuino del pueblo al que tanto ayudaste”.
Setzuso Kotsuji nació en 1900 en una familia aristocrática japonesa. Su padre, que era un destacado sacerdote sintoísta, descendía de una larga línea de sacerdotes reconocidos.
Kotsuji (a la derecha) con Rav Abraham Hershberg
Kioto, el lugar de nacimiento de Setzuso, era el centro de la religión sintoísta. Su padre esperaba que Setzuso siguiera la tradición familiar y estudiara para el sacerdocio.
Setzuso, en cambio, emprendió una búsqueda épica de la verdad. A los 13 años, visitó una librería de antigüedades donde descubrió un Tanaj, la Biblia hebrea, traducida al japonés. Con avidez, devoró esa obra sagrada y aprendió sobre el monoteísmo. Al darse cuenta de que esa era la verdad, comenzó lentamente a alejarse de la religión sintoísta politeísta. Finalmente, dejó de asistir por completo al templo sintoísta y buscó a alguien que le enseñara más sobre judaísmo.
Después de casarse, la búsqueda de la verdad de Setzuso lo llevó a los Estados Unidos, donde comenzó a estudiar Tanaj y hebreo en una universidad norteamericana. Al regresar a Japón con un doctorado en estudios hebreos y judaicos, continuó ampliando su conocimiento en estos temas.
En 1937, publicó su primer libro en japonés sobre lengua y gramática hebrea. En esa época, también fundó el Departamento de Tanaj y Hebreo en la Universidad de Tokio. Este departamento atrajo a muchos estudiantes no judíos y, rápidamente, el profesor Kotsuji ganó reconocimiento en Japón como académico y pensador. También era muy estimado en círculos gubernamentales, donde hizo muchos amigos. Posteriormente, utilizó estas conexiones para ayudar a los refugiados judíos que llegarían a Japón. El profesor Kotsuji publicó otros estudios sobre judaísmo, Tanaj y hebreo.
En esa época, varios investigadores japoneses publicaron estudios que vinculaban a la nación japonesa con las Diez Tribus Perdidas exiliadas por Sanjeriv. Estas afirmaciones erróneas provocaron un auge de interés por el judaísmo entre la intelectualidad japonesa y los libros del profesor Kotsuji fueron ampliamente leídos.
Durante sus estudios en Estados Unidos, el profesor Kotsuji no había conocido a judíos observantes de la Torá. Los conoció por primera vez en Charbin, la capital de Manchuria, donde existía desde 1890 una gran comunidad de judíos rusos. Cuando Japón conquistó Manchuria, el emperador japonés invitó al profesor Kotsuji a servir como su Asesor de Asuntos Judíos. El profesor Kotsuji aceptó y se mudó a Charbin, donde permaneció algunos años. Allí, el profesor entabló cálidas relaciones con la comunidad judía y su rabino principal, el Rav Moshé Aharón Kiskilov.
La amistad y admiración del profesor Kotsuji por el pueblo judío alcanzó su punto máximo en 1941, cuando los refugiados judíos del Holocausto comenzaron a llegar a Japón en busca de refugio.
Cuando la Ieshivá Mir llegó a la ciudad japonesa de Kobe, el profesor Kotsuji fue allí para familiarizarse con el mundo de la Torá. En Kobe, se acercó mucho a los ilustres rabinos y estudiantes de Mir, cuyo refinamiento y nobleza de espíritu tuvieron un profundo impacto en él.
Los permisos que los refugiados judíos habían recibido para entrar a Japón eran solo visas de tránsito, que expiraban a las dos semanas de su llegada. Aunque las autoridades japonesas extendieron estas visas varias veces, con el tiempo se ejerció presión sobre la ieshivá para que abandonara Japón y continuara hacia su “destino”, que, por supuesto, no existía, ya que no tenían a dónde ir.
Por motivos puramente humanitarios, el profesor Kotsuji se involucró en los problemas de los refugiados y se esforzó vigorosamente por extender sus visas. Para lograrlo, utilizó su amistad con el ministro japonés de Asuntos Exteriores. Cuando los altos mandos de la policía de Kobe se opusieron a la extensión de las visas, el profesor Kotsuji los sobornó con grandes sumas de dinero, que pidió prestadas a su rico cuñado y pagó él mismo.

Como resultado de la intervención del profesor Kotsuji, las autoridades japonesas aceptaron extender las visas de los refugiados varias veces, permitiéndoles quedarse ocho meses en lugar de las dos semanas originales. Más tarde, cuando Japón decidió expulsar a los judíos del país, no los expulsó completamente, sino que los deportó a Shanghái, China, que estaba bajo control japonés.
A medida que llegaban más refugiados judíos a Japón, aumentaba el sentimiento antisemita. Esto se debía a que Alemania, aliada de Japón, intentaba persuadir a Japón de expulsar a sus judíos. Esta venenosa propaganda antisemita inundó los medios japoneses y los periódicos publicaron caricaturas repugnantes de judíos. En 1941, en vísperas de la guerra de Japón contra Estados Unidos, Japón y Alemania se acercaron aún más y el antisemitismo se intensificó. Líderes japoneses de alto rango comenzaron a culpar públicamente a los judíos de ambas guerras mundiales, afirmando que dondequiera que fueran, los judíos provocaban estragos.
El profesor Kotsuji contrarrestó estas acusaciones y libró una valiente batalla contra la incitación antisemita. Determinado a presentar a los judíos de manera positiva a los japoneses, publicó un libro titulado “El verdadero carácter del pueblo judío”, en el que desmentía todos los mitos y mentiras alemanas sobre los judíos, y los describía como una nación altamente ética y justa.
El profesor Kotsuji viajó por todo Japón, dando conferencias que elogiaban al pueblo judío y refutaban las mentiras de sus enemigos.
El profesor Kotsuji viajó por todo Japón, dando conferencias que elogiaban al pueblo judío y refutaban las mentiras de sus enemigos. Incluso apeló a los japoneses para que ayudaran a los judíos, declarando: “La Providencia Divina ha traído a miles de refugiados desafortunados a nuestras costas, para que los ayudemos y les otorguemos un refugio seguro, donde encontrarán paz y tranquilidad. Esta es nuestra misión en la vida. No la traicionemos”.
El profesor Kotsuji practicó lo que predicaba, y gran parte del trato humano que los japoneses dieron a los refugiados judíos puede atribuirse a sus esfuerzos. Cuando una delegación de líderes de refugiados judíos, encabezada por el Rebe de Amshinover y Rav Moshé Shatzkes, se reunió con representantes del gobierno japonés en Tokio, contó con la ayuda del profesor Kotsuji, quien actuó como mediador y traductor. Gracias a su intervención, los japoneses mejoraron su actitud hacia los refugiados judíos y resistieron la presión de Alemania para expulsarlos, al menos temporalmente.
En 1941, cuando el gobierno japonés cambió de actitud y deportó a los refugiados judíos a Shanghái, el profesor Kotsuji mantuvo vínculos cálidos y activos con los judíos. Aunque Japón estaba relativamente vacía de judíos en ese momento, él seguía dando conferencias sobre las contribuciones positivas del pueblo judío. Esta actividad era particularmente riesgosa, ya que el gobierno japonés estaba liderado por un grupo nacionalista pro-nazi que perseguía ferozmente a todos sus opositores. Pero eso no detuvo al profesor Kotsuji, quien habló en contra de los nazis sin importarle las consecuencias. Cuando el editor de su libro le pidió eliminar las denuncias a los nazis, el profesor Kotsuji se negó.
Muchos advirtieron al profesor Kotsuji que estaba arriesgando su vida publicando ese material y dando sus conferencias. Pero el valiente profesor no les prestó atención. Hacia finales de 1942, la Oficina de Investigación japonesa comenzó a creer los informes alemanes de que subversivos judíos planeaban controlar el mundo, y acusaron al profesor Kotsuji de colaborar con los enemigos de Japón, los judíos.
El profesor Kotsuji fue arrestado e interrogado bajo tortura. Entonces ocurrió un milagro.
El profesor Kotsuji fue arrestado e interrogado bajo tortura. Sus interrogadores exigieron que revelara su papel en el complot. Cuando él declaró que no existía tal grupo de subversivos judíos y que todo era producto de la imaginación de los antisemitas, fue torturado aún más hasta poner su vida en peligro.
Entonces ocurrió un milagro. En el punto álgido del interrogatorio, un coronel japonés de alto rango que conocía muy bien al profesor Kotsuji visitó la prisión donde estaba recluido. El coronel se sorprendió al ver al académico, uno de los más respetados de Japón, encarcelado por cargos claramente falsos y encerrado junto a criminales. De inmediato, el coronel exigió que el profesor Kotsuji fuera liberado y que se retiraran todos los cargos en su contra.
Este incidente reforzó la ya fuerte fe en Dios del profesor Kotsuji.
Tras el final de la guerra, los refugiados judíos del Lejano Oriente mantuvieron estrecho contacto con el profesor Kotsuji. Cuando llegó el ejército estadounidense a Japón, el profesor Kotsuji se hizo amigo del capellán, el Rabino Mental, quien le enseñó más sobre judaísmo.
Años después, el profesor Kotsuji completó su traducción del Cantar de los Cantares, proyecto que le permitió comprender mejor la relación entre Dios y el pueblo judío.
El profesor Kotsuji continuó manteniendo correspondencia con sus amigos del periodo en Kobe, los sabios de la Ieshivá Mir. Cuando se sintió listo para llevar una vida plenamente observante, informó a estos amigos que iría a Jerusalem para convertirse.
En 1959, el profesor Setzuso Kotsuji, de 60 años, fue cálidamente acogido en la fe judía por sus amigos de Mir y recibió el nombre de Abraham ben Abraham Kotsuji.
El profesor Abraham Kotsuji pasó los últimos años de su vida en una comunidad religiosa en Brooklyn. Durante ese período estuvo enfermo y sin dinero. Los líderes de la Ieshivá Mir formaron un comité especial que se movilizó para ayudarlo y recaudar fondos para su sustento.
El profesor Kotsuji falleció el 5 de jeshván, 5734/1974, en Estados Unidos. De acuerdo con su voluntad, fue enterrado en el cementerio Har HaMenuchot de Jerusalem. A su funeral asistió una gran multitud de rabinos destacados, líderes comunitarios y estudiantes de la Ieshivá Mir.
Abraham ben Abraham Kotsuji pasará a la historia primero como uno de los gentiles justos más destacados del mundo, y luego como uno de los conversos más sobresalientes del judaísmo. Su total dedicación al pueblo judío y su disposición a arriesgar su vida por ellos es una fuente eterna de inspiración y un puro kidush Hashem.
Que su nombre sea bendecido para siempre.
Este artículo apareció originalmente en "Yated Neeman".
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