El regalo más valioso para Janucá

16/12/2025

3 min de lectura

Durante ocho días, el brillo de nuestra menorá se verá aumentado por la oscuridad de mi smartphone.

Trabajo en una escuela judía comunitaria en una ciudad donde los judíos son una minoría y las menorot son superadas en número por los árboles de Navidad. Con Janucá y Navidad cayendo en la misma época, hay entre los estudiantes muchas discusiones sobre ambas festividades, incluida la creencia errónea y repetida de que la festividad judía fue creada para que los judíos no sintieran envidia en Navidad. Después de todo, las fiestas generalmente ocurren en la misma época del año, ¿y no se tratan ambas celebraciones de regalos?

Pues no. Dar regalos en realidad no tiene nada que ver con Janucá. Los sabios hablan de dar guelt (dinero) a los niños, pero la idea de los regalos es un concepto moderno que no tiene origen en el judaísmo. Quizá esto comenzó como una manera de combatir la “envidia del árbol”, pero de todos modos es una práctica que no introducimos en mi hogar.

En The Blessing of a Skinned Knee, la Dra. Wendy Mogul habla sobre el niño que anhela desesperadamente un determinado juguete o muñeco, el último objeto de moda. Deseosos de demostrar nuestro gran amor por nuestro hijo, gastamos el dinero, lo buscamos por todos lados y, con gran entusiasmo, le damos su mayor deseo, obteniendo gran felicidad al ver el brillo en los ojos de nuestro hijo mientras juega con el objeto, llevándolo a todas partes, incluso durmiendo con él en la cama… hasta la semana siguiente, cuando la emoción se desvanece y quiere algo nuevo.

Hay un regalo mucho más grande que nuestros hijos anhelan desesperadamente y es un regalo cuya emoción nunca se desvanece y es irreemplazable.

Es el regalo de nuestro tiempo.

En nuestros mundos ocupados, entre trabajo, mandados y las múltiples necesidades de los hijos, al final del día estamos exhaustos. Algunos días literalmente me arrastro de regreso a casa (mientras los niños se patean en la parte trasera del coche), ayudando con las tareas (dos niños pidiendo ayuda al mismo tiempo, mientras un tercero hace un berrinche por el cansancio y un cuarto vacía el gabinete de especias en el suelo), mientras preparo la cena al mismo tiempo. La hora de la cena puede ser un momento maravilloso para charlar sobre los eventos del día, pero hay días en que mi cerebro y paciencia simplemente se han agotado, y mi teléfono ofrece una distracción fácil del día caótico y estresante, y, para mi vergüenza, de mis hijos.

Al enviar un mensaje, estoy diciendo que la persona a quien lo envío es más importante para mí que las cuatro personas que traje al mundo.

Y el hecho de que todos los demás estén pegados a su teléfono no alivia la culpa que siento al ver la frustración en los ojos de mi hijo al tener que jugar un papel secundario frente a mi teléfono y las personas a las que este me conecta en todo el mundo. Estoy dejando claro que la persona a quien envío el mensaje es para mí más importante que las cuatro personas que traje al mundo.

Por eso, el año pasado comencé una nueva práctica. Durante los ocho días de Janucá, me desconecto de todas las redes sociales para permitirme estar completamente presente con mi familia durante este tiempo mágico. En lugar de compartir fotos familiares y publicaciones sobre encender la menorá, estoy allí para disfrutar del momento solo para nosotros. Estoy completamente presente para cantar con mis hijos junto a las velas y luego bailar juntos, hacer latkes, jugar al dreidel, relatar la historia de Janucá y discutir los increíbles milagros que les sucedieron a los macabeos mientras compartimos nuestras esperanzas y plegarias por los milagros que anhelamos hoy.

No les damos regalos; la palabra ni siquiera se menciona. Pero mi presencia completa sí se nota.

A pesar de la falta de regalos, mis hijos se iluminan al hablar sobre Janucá y cómo la familia se une. Mis padres y mi suegra sí les envían regalos, pero cuando mis hijos recuerdan Janucá, los regalos apenas aparecen en su memoria. Lo que recuerdan es el tiempo en familia.

Así que este año, el brillo de nuestra menorá llenando nuestro hogar se verá aumentado por la oscuridad de mi smartphone, mientras les doy a mis hijos su mayor regalo para Janucá.

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