¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Argentina, Israel y la fuerza de las familias: una reflexión sobre el regreso de los 3 rehenes argentinos
Diez días después de la liberación de los tres ciudadanos argentino-israelíes que permanecieron más de dos años en manos de Hamas, la emoción inicial comienza a transformarse en reflexión. El regreso de Ariel y David Cunio y de Eitan Horn no solo cerró un capítulo de dolor y angustia, sino que también dejó al descubierto el entramado de solidaridad, compromiso y humanidad que unió a dos países a lo largo de este prolongado drama.
La historia de los argentinos secuestrados —y del largo esfuerzo por traerlos de vuelta— habla tanto de las víctimas como de quienes no se resignaron a olvidarlas. Desde el 7 de octubre de 2023, cuando los terroristas de Hamas irrumpieron en los kibutzim del sur de Israel, el gobierno argentino mantuvo una posición firme y coherente: exigir la liberación inmediata de todos los rehenes y acompañar a las familias en cada paso del proceso.
A lo largo de estos dos años, la Cancillería argentina, la Embajada en Tel Aviv y distintos organismos de gobierno se mantuvieron en contacto permanente con los familiares, gestionando asistencia, canalizando información y transmitiendo respaldo diplomático. No fue un acompañamiento protocolar, sino humano. En cada conversación, en cada carta y en cada llamado, se reiteró el mismo mensaje: Argentina no abandona a los suyos.
Esa relación se hizo visible cuando, en los días posteriores a la liberación, el presidente Javier Milei entregó en la Casa Blanca una carta redactada por las familias Cunio y Horn al presidente estadounidense Donald Trump, artífice del acuerdo que puso fin al cautiverio. En el texto, las familias agradecieron el papel del liderazgo internacional, pero también recordaron sus raíces: “Somos orgullosos ciudadanos argentinos, aunque nuestras vidas transcurran en Israel. Nuestros corazones pertenecen a ambas naciones, unidas en valores y amistad”.
La carta fue, además, una muestra del tono íntimo y genuino con que las familias vivieron esta historia. En ella, no hubo consignas políticas ni eslóganes, sino gratitud y una fe restaurada en la capacidad humana de empatía. “Después de 738 días de oscuridad y sufrimiento, nuestros seres queridos hoy están en casa. Este día se siente como un milagro”, escribieron.
El gobierno argentino, por su parte, celebró el fin del cautiverio y rindió homenaje a la fortaleza de los sobrevivientes. En su comunicado, la Oficina del Presidente destacó “la valentía y resiliencia de los rehenes que resistieron el miedo, el aislamiento y la crueldad con una entereza que hoy se erige como símbolo de esperanza y de fe en la vida”.
La historia de los Cunio y los Horn está marcada por esa resistencia. David Cunio fue secuestrado junto a su esposa y sus hijas mellizas de tres años, liberadas durante la primera tregua en noviembre de 2023. Ariel Cunio, su hermano, fue capturado con su novia, liberada meses después. Ambos fueron llevados desde el kibutz Nir Oz, una de las comunidades más golpeadas por el ataque del 7 de octubre.
Eitan Horn, por su parte, fue raptado cuando visitaba a su hermano Iair, también secuestrado y liberado meses antes. El día de su regreso, cientos de personas lo esperaron en Kfar Saba. “No tengo palabras, solo agradecimiento”, alcanzó a decir. Su madre, Ruth, rompió en llanto cuando lo abrazó por primera vez en el hospital de Tel Aviv. En esas escenas íntimas, transmitidas por los medios israelíes, se condensó la emoción de dos años de espera compartida por miles.
El lazo entre las familias y la Argentina no fue solo simbólico. La abuela de los Cunio, Ester, sobreviviente del ataque en Nir Oz, relató que dos terroristas irrumpieron en su casa y, sin entender hebreo ni inglés, les respondió en español: “Yo hablo en argentino”. Cuando uno de los atacantes le preguntó de dónde era y ella mencionó a Messi, el tono cambió. “¡Messi! A mí me gusta Messi”, le dijo el terrorista. En medio del horror, aquella escena improbable se volvió una historia viral en Israel
Para la Argentina, estos hechos dejaron también una reafirmación política. Milei fue el primer presidente argentino en décadas en alinearse explícitamente con Israel, condenando sin ambigüedades a Hamas y a toda forma de terrorismo. En sus declaraciones posteriores, insistió en que “el pueblo argentino sabe lo que es sufrir ataques terroristas”, en alusión a los atentados de la Embajada de Israel en 1992 y de la AMIA en 1994.
A diferencia de otros países de Sudamérica, en Argentina la decisión fue clara: acompañar a las víctimas, reclamar justicia y sostener la solidaridad con Israel como un compromiso ético.
Hoy, con los rehenes argentinos nuevamente libres, el alivio convive con el recuerdo de quienes no volvieron. Entre los cuerpos que Hamas aún debe devolver se encuentra el del argentino Lior Rudaeff, asesinado el 7 de octubre en el kibutz Nir Yitzhak. Su familia, que durante dos años mantuvo viva la esperanza, espera ahora poder despedirlo en paz.
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