El relato de una madre y sus hijos en el Iom Kipur del terror en Manchester

05/10/2025

3 min de lectura

En Manchester, en Iom Kipur, una madre corre con sus hijos hacia casa después de un ataque terrorista, rezando, recordando y preguntándose: ¿cómo despertamos a un mundo que sigue cambiando a nuestro alrededor?

Hoy desperté a un mundo diferente. El Manchester en el que vivo se siente distinto esta mañana.

No es la primera vez que esto me sucede. Estuve en el último avión al que se le permitió salir del espacio aéreo estadounidense con destino a Israel el 11 de septiembre del 2001; al día siguiente desperté a un mundo diferente. Viví en Jerusalem durante la segunda intifada; desperté a un mundo diferente muchas veces. Y, como el resto del mundo, yo también desperté el 8 de octubre a un mundo diferente.

Y hoy, mientras miro por la ventana de mi cocina la típica llovizna de Manchester, el mundo es diferente una vez más.

Ayer, en Iom Kipur, salí a media mañana con mis tres pequeños hijos. Había visto los helicópteros en el aire y mis hijos me preguntaron por ellos. No estaba segura, pero salimos de todos modos. Luego vimos más patrullas de policía y nos dijeron que teníamos que dar la vuelta y regresar a casa; había habido un apuñalamiento en una sinagoga cercana y todas las sinagogas estaban entrando en confinamiento.

Les dije a mis hijos que tenían que quedarse cerca de mí y caminar muy rápido. Con el corazón acelerado, emprendí el camino de regreso a casa. Recordé que mi abuela decía que cuando caminaba sola de noche por Lodz antes de la guerra, si tenía miedo, recitaba el Shemá una y otra vez. Así que recité el Shemá en silencio mientras corríamos de regreso.

Mis hijos creyeron que el policía había dicho “derribadas” en lugar de “confinadas” y seguían preguntando por qué había que derribar todas las sinagogas. Llegamos a casa y observamos los helicópteros que permanecieron en el cielo todo el día. Lentamente fueron llegando las noticias. Lentamente las calles se poblaron de nuevo y salimos un poco. Y lentamente trato de entender qué significa esto para nosotros los judíos aquí, en Manchester, en el Reino Unido y para nuestro mundo.

Todavía estamos dormidos

Slovie Jungreis Wolff cita a su madre, la sobreviviente del Holocausto húngara Esther Jungreis z”l, quien decía en sus últimos años: “Sé lo que he visto. Sé dónde he estado. Estamos dormidos”.

El llamado del shofar durante los últimos días ha tenido la intención de servir como un despertador existencial. Y, sin embargo, nada fue como la llamada de atención de ayer. El mundo se siente diferente hoy, pero no estoy segura de que realmente lo sea. Nuestra misión fue y es entender que no es la primera vez que hemos estado bajo amenaza como judíos. Y no es la primera vez que Dios ha intentado llamar nuestra atención.

Intenté tranquilizar a mis hijos. Me quedé con ellos en el jardín trasero cuando estaban asustados y les aseguré que hoy habría más policías en la escuela. “¡Buenas noticias!”, le dijo mi hijo de 6 años a su padre. “¡Habrá policías en la escuela hoy!”. Pero si lo dejamos ahí, en el enfoque sobre el antisemitismo, las preguntas sobre cómo comunicarnos con los niños y procesar el trauma, creo que estamos perdiendo de vista el verdadero llamado.

El Talmud dice que cuando ocurre una tragedia, es deber de cada individuo examinar sus propios actos, cómo se comporta y cómo se presenta en la vida. Lo que cada uno de nosotros hace en la intimidad de su vida, lo que elegimos cambiar y mejorar, importa.

Mi mundo se siente tambaleante y creo que el camino hacia adelante, la salida de esta oscuridad, no es algo meramente político; es tomar en serio la llamada personal de despertar que acabo de recibir.

Ruego que dejemos de despertar a mundos diferentes, que no tengamos que susurrar el Shemá con miedo en la calle ni preguntar cómo hablar con nuestros hijos sobre ataques terroristas. Hasta entonces, haré lo mejor que pueda por preguntarme: ¿Dónde puedo cambiar y hacerlo mejor? Haré mi parte para ayudar a sacar al mundo de esta inmensa oscuridad.


Dedicado a la refuá sheléima de Iehonatán Zalman ben Sheina Gittel y Anshel Itzjak ben Malka.

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