El hombre que acuñó el término "genocidio" se horrorizaría ante esto


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Cómo el rey Mohamed V adoptó una valiente postura moral para proteger a 250.000 ciudadanos judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de no judíos arriesgaron sus vidas para salvar a judíos de la deportación a los campos de exterminio en la Europa ocupada por los nazis. Además de libros y películas como La lista de Schindler, estas personas han recibido reconocimiento por parte de Yad Vashem, el Museo del Holocausto de Israel, como “Justos entre las Naciones”. Sin embargo, se ha enseñado poco sobre la difícil situación de los judíos en el norte de África ocupada por los nazis, y los musulmanes locales que arriesgaron sus vidas para salvarlos.
Una figura se destaca por salvar a los judíos de toda una nación. El sultán Mohamed V de Marruecos se mantuvo firme frente a las autoridades francesas de Vichy y protegió a la población judía de Marruecos, salvándolos finalmente de la deportación y la masacre en los campos de exterminio nazis.
En 1940, Marruecos albergaba alrededor de 250.000 judíos, lo que representaba el 10 % de la población del país: la comunidad judía más grande del mundo árabe en ese momento.
Los judíos llegaron por primera vez a Marruecos en el año 70 EC, después de que Roma destruyera Jerusalem, cuando 97.000 judíos de Judea fueron capturados y vendidos como esclavos por toda la región mediterránea. Otra gran ola de inmigración judía ocurrió tras la inquisición española en 1492, cuando cientos de miles de judíos sefaradíes fueron expulsados de la Península Ibérica. Muchos de ellos se establecieron en ciudades marroquíes como Fez, Marrakech y Casablanca, dedicándose al comercio, la artesanía y el estudio.
Una foto grupal en la celebración de un bar mitzvá en Fez, 1943 The Magnes Collection of Jewish Art and Life via Flickr under CC BY-NC-SA 2.0 DEED
A pesar de la compleja historia de las relaciones entre judíos y musulmanes, que incluyó episodios de violencia antijudía, durante la mayor parte de la historia de Marruecos existió una coexistencia duradera que dio forma a la sociedad del país. Pero esta convivencia pacífica fue puesta a prueba con el auge de la influencia nazi en Marruecos a comienzos de los años 40, cuando el país era un protectorado francés bajo el régimen de Vichy.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas coloniales francesas controlaban el Magreb, es decir, los países del norte de África que más tarde serían Marruecos, Argelia y Túnez. El 25 de junio de 1940, tras una invasión de seis semanas, Francia se rindió ante Alemania. Mientras las tropas alemanas ocupaban dos tercios de la Francia continental, el sur de Francia y las colonias africanas quedaron bajo la jurisdicción del nuevo régimen de Vichy, gestionado por los franceses, pero bajo supervisión alemana. Este gobierno francés pronazi estaba ansioso por impresionar a sus patronos alemanes e implementó su propio conjunto de leyes antisemitas tanto en Francia como en sus colonias y protectorados en el norte de África. El gobierno de Vichy adoptó rápidamente las mismas políticas discriminatorias y leyes raciales que se estaban propagando por toda Europa, incluyendo leyes antisemitas dirigidas contra la población judía. Influenciadas por la ideología nazi, estas leyes buscaban aislar, despojar de derechos y, en última instancia, eliminar a los judíos de las sociedades en las que vivían. El grado en que se aplicó el statut des juifs (ley de los judíos) varió en cada una de las colonias.
El joven sultán sentado al lado del ex résident général francés, Hubert Lyautey, en 1930.
En Marruecos, esto significó el despido de los judíos de cargos públicos, la expulsión de las escuelas públicas y severas restricciones en universidades y carreras profesionales. Muchas familias judías fueron forzadas a vivir en las mellahs (los barrios judíos históricos) y quienes ya vivían allí frecuentemente tenían prohibido salir. Aunque la guetización no fue tan severa como en Europa, las mellahs se volvieron superpobladas, escaseaba la comida y eran habituales los brotes de tifus y cólera. Además, 2.100 judíos fueron enviados a 30 campos de trabajo forzado en todo Marruecos, donde muchos murieron de hambre, agotamiento, enfermedades y violentas golpizas de los guardias.
Pero lo peor aún estaba por venir. Las autoridades de Vichy comenzaron a planear la deportación de toda la población judía de Marruecos a los campos de exterminio en Europa, donde sin duda la mayoría moriría.
El rey Mohamed V pertenecía a la dinastía alauita, que gobernaba Marruecos desde el siglo XVII. Tras la conquista francesa en 1912, Marruecos se convirtió en un protectorado según el Tratado de Fez, que estipulaba que París dictaría las leyes, controlaría la economía y el ejército, pero el monarca marroquí conservaba un poder limitado en asuntos internos y religiosos. A pesar de sus limitaciones legales bajo el dominio colonial francés, los reyes marroquíes gozaban de un fuerte respaldo popular, probablemente debido a que argumentaban ser descendientes del profeta Mahoma, el fundador del islam.
Mohamed V se convirtió en sultán a los 17 años, tras la muerte de su padre en noviembre de 1927. Su reinado estuvo marcado por un creciente movimiento nacionalista contra el dominio colonial francés, y para el inicio de la Segunda Guerra Mundial ya era conocido como un defensor de la soberanía marroquí.
El sultán Mohamed V de Marruecos
Cuando el régimen de Vichy promulgó sus leyes antijudías, el rey se encontró en una posición difícil. Legalmente, debía firmar los decretos legislativos franceses. En circunstancias normales, los franceses no se involucraban en los asuntos internos de Marruecos relacionados con los distintos grupos sociales (árabes, bereberes, judíos, etc.), pero el régimen de Vichy, bajo influencia nazi, buscó imponer en Marruecos las mismas políticas brutales que se habían aplicado en Europa. Mohamed V argumentó que cualquier decreto antijudío invadía su ámbito de autoridad y violaba el Tratado de Fez.
El rey, un hombre de firmes principios morales y un profundo sentido de la justicia social, rechazó rotundamente estas políticas. Es célebremente citado por haber dicho a las autoridades de Vichy: “No apruebo en absoluto las nuevas leyes antisemitas y me niego a asociarme con una medida que desapruebo. Reitero, como ya lo hice en el pasado, que los judíos están bajo mi protección y rechazo cualquier distinción que deba hacerse entre mi pueblo”.
Mohamed V de Marruecos, vestido con una túnica blanca, camina junto al Gran Visir del país, Si Mohamed El Mokri, después de colocar una corona de flores en la Tumba del Soldado Desconocido en el Arco de Triunfo, durante una visita a París, Francia, alrededor del 4 de julio de 1930. (Foto: AP)
Mohamed V consideraba la persecución de los judíos no sólo injusta, sino también contraria al islam. Según la ley islámica, los judíos eran considerados dhimmi, una minoría religiosa tolerada con derecho a practicar su fe (bajo ciertas restricciones). A cambio del pago de la yizia, un impuesto especial para las minorías religiosas, los judíos debían recibir protección del gobierno islámico bajo cuyo dominio vivían. La amenaza contra la comunidad judía de Marruecos impulsó a Mohamed V a cumplir su rol islámico como protector de los judíos. Aunque legalmente su poder era limitado, su influencia en la sociedad marroquí era significativa, lo que lo convirtió en una espina molesta para sus patrones franceses.
La negativa del rey Mohamed V a cumplir con las órdenes francesas representó un desafío directo al régimen pronazi. Cuando el gobierno de Vichy publicó sus leyes antijudías en octubre de 1940 y nuevamente en agosto de 1941, Mohamed V actuó como abogado de facto de los judíos marroquíes, negociando constantemente con el régimen. Aunque finalmente estuvo obligado por ley a firmar los decretos, su resistencia retrasó su implementación y su cumplimiento fue débil.
Su acto de desafío más célebre ocurrió en noviembre de 1941, durante el Día del Trono, la fiesta real anual que conmemora la ascensión del rey. A esta ceremonia acudían altos funcionarios del país, autoridades francesas y durante la Segunda Guerra Mundial, también oficiales de la SS alemana. Mohamed V estaba a cargo de decidir dónde se sentarían los invitados y decidió no sólo invitar a los principales representantes de la comunidad judía de Marruecos, incluidos rabinos importantes, sino que los colocó junto a las autoridades de Vichy en la mesa de honor.
Por su parte, los franceses estaban sorprendidos y disgustados al ver a judíos en el banquete real, y al mismo tiempo se sintieron avergonzados frente a sus patronos alemanes. El mensaje fue claro y contundente: él no apoyaría la marginación de sus súbditos judíos.
Para enero de 1942, la Alemania nazi alcanzó su máxima influencia desde el norte de África hasta Escandinavia y desde el Atlántico hasta Moscú. La mayoría de las comunidades judías de Europa, el norte de África y el Medio Oriente estaban bajo control nazi directo o indirecto. En ese momento, su política pasó de leyes discriminatorias, guetización y asesinatos esporádicos, a una solución final organizada y sistemática: la destrucción de todos los judíos bajo el control nazi. Los campos de exterminio en Polonia no fueron diseñados únicamente para los judíos polacos. Los judíos fueron deportados a Auschwitz desde regiones tan lejanas como Francia, los Balcanes y Grecia. Con la resistencia exitosa de los soviéticos ante los avances alemanes y la negativa del Reino Unido a rendirse, los alemanes dejaron de considerar que el resultado de la guerra estaba asegurado. Los esfuerzos por exterminar a los millones de judíos bajo su dominio se intensificaron, y las nuevas políticas de la “solución final” también repercutieron en el norte de África.
Retrato grupal de mujeres judías marroquíes bebiendo té, entre 1940 y 1950 The Magnes Collection of Jewish Art and Life via Flickr under CC BY-NC-SA 2.0 DEED
Durante la Conferencia de Wannsee en enero de 1942, donde se delineó el plan para exterminar a todos los judíos europeos, la cifra para “la Francia no ocupada” (es decir, Vichy) fue estimada en 700.000 judíos, mucho más de los que vivían realmente en el sur de Francia. Esto solo tenía sentido si se combinaban los judíos del sur de Francia con los judíos de Marruecos, Argelia y Túnez, todos bajo el régimen de Vichy. Claramente, los judíos marroquíes también estaban en la mira para la solución final.
No está claro cómo el régimen de Vichy en coordinación con la Alemania nazi habría llevado a cabo la deportación masiva de judíos marroquíes a los campos en Polonia. El mar Mediterráneo servía como una barrera natural que separaba a Marruecos de la masacre en Europa. Transportar un cuarto millón de judíos a través del mar y luego enviarlos en tren desde el sur de Europa hasta Polonia habría sido una pesadilla logística y bastante impráctico, considerando la actividad naval aliada en el Mediterráneo. Es posible que el ferrocarril transahariano, que en ese momento se utilizaba para trasladar tropas senegalesas (bajo el mando del régimen francés de Vichy) desde África Occidental hacia el norte de África, pudiera haberse reutilizado para deportaciones de judíos hacia el este. Túnez, por ejemplo, estaba bajo ocupación alemana directa y ya contaba con un sistema de campos de trabajo esclavo. Otra alternativa fue propuesta por Haj Amin al-Husseini, el muftí palestino pronazi de Jerusalem, quien sugirió construir campos de concentración en Palestina tras una victoria alemana en el Medio Oriente.
“No hay ciudadanos judíos, no hay ciudadanos musulmanes. ¡Todos son marroquíes!”
En 1942, el régimen de Vichy intentó elaborar una lista de los 250.000 ciudadanos judíos marroquíes, presumiblemente para su deportación a los campos de exterminio. Aunque conocían bien la postura de Mohamed V al respecto, durante una reunión privada en el palacio real intentaron convencerlo de que produjera dicha lista. Mohamed V, según se informa, hizo una poderosa declaración a las autoridades francesas diciendo:
“No hay ciudadanos judíos, no hay ciudadanos musulmanes. ¡Todos son marroquíes!”
Esto no fue sólo un gesto simbólico; fue un desafío directo a la implementación de la “solución final” para los judíos en Marruecos. Los nazis eran conocidos por castigar, deponer o eliminar a los gobiernos colaboradores que no se alineaban con las políticas del Tercer Reich. Mohamed V corría el riesgo de perder el trono o incluso la vida, pero aun así mantuvo su postura. Al hacerlo, logró retrasar el proceso de deportación lo suficiente como para que la situación cambiara.
En la madrugada del 8 de noviembre de 1942, antes del amanecer, las fuerzas aliadas desembarcaron en múltiples puntos de las costas atlántica y mediterránea de Marruecos y Argelia, en una operación denominada "Antorcha" (“Torch”). Comandados por el general estadounidense (y futuro presidente) Dwight D. Eisenhower, 107.000 soldados estadounidenses asaltaron las playas del norte de África, enfrentando fuerte resistencia de las fuerzas francesas de Vichy. Los Aliados bombardearon severamente a la flota francesa en varios puertos y pusieron a Casablanca bajo sitio.
El sultán Mohamed sentado junto a Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill durante la Conferencia de Casablanca en 1943; detrás de él se encuentra su hijo, el príncipe Hassan.
En tan solo tres días, las fuerzas de Vichy en Marruecos y Argelia se rindieron. Eisenhower convenció al almirante Darlan, líder de las fuerzas francesas de Vichy en el norte de África, que cambiara de bando a cambio de mantener su posición de poder. Tras la orden de Darlan para que todo el personal militar francés bajo su mando cesara las hostilidades y colaborara con los Aliados, las fuerzas estadounidenses y británicas consolidaron su presencia en suelo marroquí y argelino. Desde allí, lanzaron una campaña militar que derrotó a las fuerzas alemanas e italianas en la Túnez ocupada para mayo de 1943, eliminando así la última amenaza nazi sobre las comunidades judías del norte de África.
La decisión del rey Mohamed V de proteger a su población judía durante la Segunda Guerra Mundial dejó una huella imborrable en la historia de Marruecos y del mundo judío en general. Sus acciones posiblemente salvaron 250.000 vidas judías, y hoy, los judíos marroquíes en todo el mundo lo recuerdan con gran respeto y admiración. Mohamed V ha sido reconocido póstumamente por varias organizaciones judías, entre ellas el Centro Simon Wiesenthal, la Federación Sefaradí Norteamericana y el Congreso Judío Mundial. Este reconocimiento es testimonio del coraje y la claridad moral que definieron su reinado.
Las acciones de Mohamed V sirven como un poderoso recordatorio de que, incluso en tiempos de oscuridad, siempre hay personas que eligen hacer lo correcto. La historia lo recordará como un amigo del Pueblo Judío y un precursor de las futuras relaciones judeo-marroquíes.
Casi un millón de judíos de ascendencia marroquí residen actualmente en Israel, donde conservan fuertes lazos con su herencia marroquí y, a lo largo de los años, han actuado como defensores del fortalecimiento de las relaciones entre Marruecos e Israel. En diciembre de 2020, en el contexto de los Acuerdos de Abraham, Israel y Marruecos establecieron relaciones diplomáticas oficiales. Bajo el actual gobierno marroquí, el país continúa honrando su herencia judía e incluso ha incorporado en los últimos años la educación sobre el Holocausto en su sistema educativo. Esta política inclusiva refleja los valores que Mohamed V defendió durante su reinado. Él será recordado por mucho tiempo como “el rey marroquí que salvó a los judíos”.
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