El secreto de las bendiciones duraderas

07/07/2026

5 min de lectura

Matot (Números 30:2-32:42 )

A lo largo de la historia judía, nuestras pruebas más grandes no siempre han venido de la persecución, sino de la prosperidad. Mientras que la pobreza pone a prueba nuestra capacidad de resistencia, la riqueza suele representar un desafío aún mayor para nuestro carácter. Quizá ningún episodio bíblico ilustre este desafío con tanta claridad como la historia de las tribus de Reubén y Gad en la porción de la Torá de esta semana, cuya abundancia las llevó a tomar una decisión trascendental.

La petición y el reproche

Después de las milagrosas victorias de Israel sobre los ejércitos de Sijón y Og, las tribus de Reubén y Gad se acercan a Moshé con una petición: "La tierra que Dios ha conquistado es una tierra apta para el ganado, y tus siervos tienen mucho ganado. Si hemos hallado gracia ante tus ojos, que esta tierra sea dada a tus siervos como posesión; no nos hagas cruzar el Jordán (hacia la Tierra de Israel)". (Números 32:4-5).

Su argumento parece razonable:

  • Su ganado prosperará en esa región.
  • Si Dios les concedió ese territorio mediante la victoria, seguramente quiso que se establecieran allí.
  • Si Dios los ayudó a conquistar esa tierra fuera de Israel, también los ayudará a conquistar la Tierra de Israel.
  • Las demás tribus recibirán porciones más grandes en Israel si Reubén y Gad permanecen al este del Jordán.(1)

Sin embargo, Moshé responde con una intensidad sorprendente, comparando su petición con el pecado de los espías que condenó a su generación a vagar durante cuarenta años por el desierto. "¿Irán sus hermanos a la guerra mientras ustedes se quedan aquí? ¿Por qué desaniman a los hijos de Israel de cruzar hacia la tierra que Dios les ha dado?"(2)

La raíz del problema

¿Qué vio Moshé en su petición que nosotros podríamos pasar por alto? La Torá ofrece una pista sutil al introducir este episodio: "Los hijos de Reubén y los hijos de Gad tenían muchísimo ganado".(3) Este detalle, aparentemente insignificante, lo revela todo.

Como enseña el Midrash:

Dios creó tres dones preciosos en el mundo: la sabiduría, la fortaleza y la riqueza. Cuando se reciben como regalos divinos, se convierten en los bienes más valiosos que existen. Pero cuando una persona se apropia de ellos como si fueran exclusivamente suyos, esos dones no perduran. Las tribus de Reubén y Gad cometieron precisamente ese error: se separaron de sus hermanos a causa de sus animales y de su riqueza. Por ello, sus ciudades fueron destruidas y fueron las primeras tribus en ser exiliadas. La riqueza no tiene permanencia cuando el Santo, bendito sea, no quiere que la tenga, pues todo proviene de Dios.(4)

Moshé comprendió que detrás de sus argumentos aparentemente lógicos, se escondía una peligrosa distorsión de prioridades. El dinero había llegado a ser para ellos más importante que permanecer junto a sus hermanos(5) y cumplir el mandato de Dios. Al igual que Lot, el sobrino de Abraham, quien eligió la prosperidad de Sodoma antes que la guía espiritual de Abraham (Génesis 13:10-11), ellos estaban dispuestos a separarse de la comunidad por una ganancia material.

Pero la historia no termina allí. En respuesta al severo reproche de Moshé, ambas tribus prometen unirse a la conquista antes de establecerse en sus nuevas tierras. Sin embargo, incluso en esa promesa vuelven a mostrar sus prioridades equivocadas. Dicen: "Construiremos corrales para nuestro ganado y ciudades para nuestros hijos". Moshé corrige inmediatamente el orden: "Construyan ciudades para sus hijos y después corrales para su ganado".

No era una simple cuestión de palabras. Como explica Rashi, habían puesto sus bienes materiales antes que sus propios hijos: lo secundario por encima de lo esencial. Incluso cuando intentaban corregirse, sus prioridades seguían revelando el problema de fondo.(6)

Como dijo Francis Bacon: "El dinero es un gran siervo, pero un pésimo amo".

Los dos caminos de la riqueza

Vale la pena detenernos en un detalle fascinante del Midrash. La riqueza de estas tribus provenía de Dios, como resultado de las victorias militares que Él les concedió. Sin embargo, el Midrash afirma que ellos "se apropiaron" de esa riqueza. ¿Cómo puede la misma riqueza ser, al mismo tiempo, un regalo divino y algo "arrebatado"?

La respuesta revela un principio fundamental: un mismo recurso, aunque haya sido recibido directamente de Dios, puede convertirse en un regalo divino o en una carga espiritual, dependiendo del uso que hagamos de él. Como explica el Midrash, cuando la riqueza (o cualquier bendición) sirve como medio para cumplir la voluntad de Dios, permanece conectada con su Fuente y perdura. Pero cuando la convertimos en un fin en sí misma, la desconectamos de su origen, como una flor arrancada de sus raíces, destinada inevitablemente a marchitarse.

Los dones divinos siguen siendo verdaderamente divinos solo cuando nos acercan más a Dios y a nuestra comunidad.

Moshé percibió desde el principio ese potencial destructivo y por eso reprendió con tanta dureza a las tribus de Reubén y Gad. Con el tiempo, aquello que Moshé intentó arrancar de raíz terminó manifestándose. Tal como enseña el Midrash, al colocar la riqueza por encima de la comunidad e incluso de sus propios hijos, estas tribus fueron las primeras en ser desterradas de su tierra.

Un ejercicio práctico

El mensaje para nosotros es claro: los dones de Dios siguen siendo dones solo cuando nos conducen hacia Él y hacia nuestra comunidad. Dedica unos minutos a hacer un inventario personal.

  1. Identifica tus dones - Haz una lista de las bendiciones que has recibido: riqueza o estabilidad económica; salud; talentos; apariencia física; carisma; relaciones personales; etc.
  2. Examina su propósito - Para cada una de ellas, pregúntate:
  • ¿La estoy utilizando principalmente para servirme a mí mismo o para servir a Dios?
  • ¿Alguna vez este don me ha alejado de mi comunidad o de mis prioridades más elevadas?
  1. Diseña un plan de acción - Escoge uno de esos dones y responde:
  • ¿Cómo puedo utilizar esta bendición para beneficiar a otras personas esta semana?
  • ¿Cómo puedo emplearla para acercarme más a mi comunidad, en lugar de alejarme de ella?
  • ¿Cómo puedo asegurarme de que este don esté al servicio de mis ideales más elevados?

Recuerda: el verdadero valor y la permanencia de un don no dependen de poseerlo, sino del propósito para el cual se utiliza.

¡Que tengamos el mérito de emplear todos los dones que hemos recibido para servir al propósito más elevado posible!


Este artículo fue inspirado en una clase de Rav David Steinhauer, del Programa de Certificación Rabínica del Kolel de Jerusalem, así como en los escritos de Rav Ierujam Levovitz, guía espiritual de la Ieshivá Mir en la Bielorrusia del siglo XX.

  1. Ver el comentario del Or HaJaim sobre estos versículos.
  2. Unos pocos versículos antes, el Midrash critica a Moshé por haberse enojado con el ejército por haber perdonado la vida de las mujeres. Rashi sobre Números 31:21:1 ויאמר אלעזר הכהן וגו׳ "Entonces Eleazar, el sacerdote, dijo..." Debido a que Moshé cayó en la ira (Números 31:14), cayó también en un error: olvidó las leyes relativas a la purificación de los utensilios que habían absorbido impureza al contener alimentos de los pueblos paganos. Lo mismo ocurrió en el octavo día de la consagración de los sacerdotes, como está escrito: "Y Moshé se enojó con Eleazar e Itamar" (Levítico 10:16). Se enojó, y por ello se equivocó (respecto al macho cabrío de la ofrenda por el pecado que Aharón se negó a comer). Del mismo modo, cuando dijo: "¡Escuchen ahora, rebeldes!" (Números 20:10) y luego golpeó la roca, fue precisamente a causa de su ira que cometió ese error. (Sifri Bamidbar 157:9; cf. Pesajim 66b). Sin embargo, en nuestro relato, la crítica de Moshé es aceptada como correcta. ¿Qué cambió?
  3. Números 32:1
  4. Midrash Tanjuma, Matot 5
  5. El gran sabio Hilel formuló una de sus enseñanzas fundamentales sobre la vida: "No te separes de la comunidad". (Pirkei Avot 2:4). ¿Por qué? Según el Maharal de Praga, en Derej Jaim (2:40-44), la comunidad representa la totalidad; por eso posee permanencia y continuidad. La comunidad tiene una existencia más sólida y duradera que el individuo aislado. En consecuencia, quien se separa de la comunidad se aparta de aquello que posee la mayor permanencia y fuerza de existencia.
  6. Midrash Tanjuma, Matot 7
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