La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
La porción de la Torá de esta semana trata principalmente del fenómeno de una “nega”, una enfermedad física de la piel que expresa una dolencia espiritual. El Séfer Ietzirá (2:7) afirma que no hay nada más elevado que el “oneg” (deleite) y nada más bajo que la “nega”. ¿Cómo debemos entender esta enigmática afirmación?
El Midrash Sojer Tov (citando a Rabí Itzjak sobre el Salmo 92) señala que todos los aspectos del Shabat son dobles. En el Templo Sagrado, la ofrenda de alimento consistía en una doble porción (Éxodo 16:22); los sacrificios animales consistían en dos corderos (Números 29:9); el castigo por profanar el Shabat se describe con doble lenguaje (Éxodo 31:14); la recompensa por observar el Shabat contiene doble expresión (Isaías 58:13); el mandamiento de observar el Shabat aparece en dos formas, “zajor” (recuerda) y “shamor” (guarda); y el Salmo que se cantaba en Shabat tiene dos nombres, “mizmor” y “shir” (Salmo 92:1).
Según el Shem MiShmuel, el Midrash no solo menciona que el Shabat está asociado con expresiones dobles. Más bien, aprendemos que la esencia misma del Shabat es doble. Por un lado, el Shabat es llamado el “secreto de la unidad” (Zóhar), a través del cual todos los judíos son iguales. Por otro lado, el Shabat se compara con el Mundo Venidero, donde cada persona justa recibe recompensa basada en su mérito individual (Ver Shemot Rabá 52:3 y Shabat 152a). El Shem MiShmuel explica estos dos aspectos de la siguiente manera:
Todo el pueblo judío es igual cuando se trata de abstenerse de transgredir. En la pasividad, todos somos iguales. Este es el primer aspecto del Shabat: la unidad en la que todos son equivalentes. El otro aspecto del Shabat, como mencionamos, es aquel en el que cada persona recibe recompensa de acuerdo con su mérito individual. Esto se refiere a las mitzvot que requieren acción para cumplirse. Lejos de ser iguales en este ámbito, cada uno crece de manera distinta dependiendo de cuánta energía, sinceridad e intención pura invierte en el cumplimiento de las mitzvot.
Podemos ampliar esta idea y sugerir que el pueblo judío tiene una misión doble. Tenemos una misión nacional unificada, en la que todos somos iguales. Sin embargo, cada individuo también tiene una misión única y específica, diferente de la de cualquier otra persona.
Generalmente, la idea de una misión personal se entiende como usar nuestros talentos individuales para aportar algo único al mundo. Basado en el Shem MiShmuel, ahora vemos que también podemos cumplir nuestra misión individual a través del cumplimiento de las mitzvot. Aunque las acciones externas de todos puedan parecer idénticas, en realidad cada persona las realiza con un grado distinto de entusiasmo y dedicación.
El “metzorá”, la persona afectada por una enfermedad espiritual de la piel, queda descalificada tanto de su misión nacional como de su misión individual. La Torá nos dice (Levítico 13:46) que el metzorá habita solo, lo cual el Talmud (Arajín 16b) interpreta como “fuera del campamento judío”. Este aislamiento simboliza su desconexión del propósito nacional del pueblo judío.
Además, aprendemos que el metzorá es aislado durante una semana (Levítico 13:4) o a veces dos semanas (Levítico 13:5). Esto nos muestra que diferentes personas requieren diferentes cantidades de tiempo para liberarse de su deterioro espiritual. El tiempo necesario para que cada metzorá sane depende de la forma particular en que desarrolló su conducta corrupta. Esto demuestra la destrucción de su misión individual, ya que el tiempo de curación está directamente relacionado con el esfuerzo que invirtió en cometer transgresiones.
Ahora podemos entender el comentario del Séfer Ietzirá de que no hay nada más elevado que el oneg ni nada más bajo que la nega (un juego de palabras, ya que en hebreo ambas se componen de las mismas letras). La palabra oneg se asocia frecuentemente con el Shabat. Nada es más elevado que el oneg, el deleite del Shabat, porque, como dijimos, su esencia es doble. El Shabat expresa plenamente tanto el propósito nacional como el individual del pueblo judío, simbolizando así el servicio a Dios en su totalidad y plenitud.
La nega, en cambio, simboliza la degradación total del metzorá, quien queda incapacitado para cumplir tanto su misión nacional como individual. No hay nada más bajo que esta incapacidad de cumplir el propósito propio en ningún nivel.
Que todos seamos doblemente bendecidos para cumplir nuestras misiones, tanto nacionales como individuales, y así poder servir a Dios de manera completa y plena.
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