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El misterio del agua de Sucot y la aridez de Pésaj.
A veces, un tema en la Torá no es identificado explícitamente por las fuentes clásicas, sino que se hace evidente gradualmente, al conectar los puntos entre fuentes separadas en el Jumash, el Talmud y el mundo natural. Los resultados pueden ser sorprendentes.
Sucot es la festividad del agua. Cada mitzvá de la observancia de Sucot está empapada de agua. Sucot marca el inicio de la temporada de lluvias en Israel, cuando nos rodeamos de toda clase de objetos que nos recuerdan al agua. En el momento cúlmine, en Shemini Atzeret, comenzamos las plegarias del año por la lluvia.
Las referencias al agua son muchas:
En Sucot, que marca el inicio de las lluvias, todos los símbolos de la festividad evocan, ya sea explícita o indirectamente, la abundancia de agua por la cual rezamos. Podemos decir que el agua es el símbolo de la vida.
En el extremo opuesto del calendario judío está Pésaj. Así como Sucot marca el inicio de las lluvias, Pésaj marca su fin y la transición al verano árido. Sin embargo, si todas las mitzvot y costumbres de Sucot están impregnadas de agua, ¿por qué los símbolos de Pésaj no reflejan de manera similar su propia estación seca?
De hecho, sí lo hacen. En Pésaj, el agua de hecho crea prohibiciones:
El jametz se produce cuando la harina entra en contacto con el agua, lo que causa fermentación. La diferencia entre matzá y jametz es únicamente el tiempo transcurrido en contacto con agua.
El Korban Pésaj, el sacrificio de Pésaj, en los tiempos del Templo la observancia principal de la festividad, no debía cocinarse en agua: “No lo coman crudo ni cocido en agua, sino asado al fuego” (Éxodo 12:9). El Talmud incluso discute respecto a qué clase de brocheta debía usarse para asar la carne. La preocupación era que el fuego extrajera humedad de la madera de la brocheta y que la carne se cocinara en parte con agua, lo cual está prohibido (Pesajim 74a).
La propia fecha de Pésaj se determinaba en parte por la sequedad. Uno de los criterios que consideraba el Sanedrín para decidir si posponer Pésaj agregando un segundo mes de Adar era si los caminos aún estaban fangosos por las lluvias invernales (Hiljot Kidush HaJódesh 4:5).
Además, en la historia del Éxodo de Egipto, el agua es un símbolo negativo. Egipto, la casa de la esclavitud, es un país lleno de agua durante todo el año, debido al poderoso río Nilo. El Nilo simboliza el sufrimiento de Israel: “A todo hijo que nazca lo arrojarán al Nilo” (Éxodo 1:22), y Moshé se salvó de morir en el agua del Nilo. Asimismo, la primera plaga fue sobre el Nilo, cuyas aguas se transformaron en sangre.
En la partición del Mar Rojo, el agua es nuevamente instrumento de muerte, primero cuando los israelitas llegaron al mar y no tenían a dónde huir, y luego cuando fueron salvados del mar mientras los egipcios se ahogaban. Los judíos fueron salvados por la sequedad, al “cruzar el mar en tierra seca” (Éxodo 14:22).
Tras cruzar el mar, los israelitas llegaron de inmediato a Mará (“amarga”), donde el agua era demasiado amarga para beber, y nuevamente fueron rescatados milagrosamente (Éxodo 15:22).
En general, la transición de la esclavitud a la libertad es también una transición de una tierra de abundante agua a un desierto seco y amargo. Aparentemente, Pésaj celebra la sequedad, lo opuesto a la celebración del agua de Sucot.
Como nota al margen, cada festividad tiene sus propios colores característicos. El color de Sucot es el verde, indicado por los colores de las Cuatro Especies (incluido el etrog, que madura de verde a amarillo), y por las ramas verdes que cubren la sucá. El verde es el color del exuberante paisaje invernal de Israel, empapado de lluvias.
En cambio, el color de Pésaj, indicado por la carne asada, la matzá y la cebada y el trigo cuyos ciclos de cosecha están comenzando. El marrón es el color del desierto y del paisaje veraniego reseco de Israel.
Tras haber identificado los símbolos, el mensaje sigue siendo elusivo. ¿Qué significa “celebrar la sequedad”? Es natural celebrar la llegada de las lluvias, rezar por lluvia, reconocer nuestra dependencia de la misericordia de Dios para el sustento. Pero, ¿cuál es el propósito de enfatizar el seco verano que se avecina?
El punto de interés no es la falta de agua en sí misma, sino más bien la presencia de agua oculta. Después de todo, la carne asada no está seca; tiene jugos internos que le dan sabor. De manera similar, no se puede hornear matzá sin usar agua, aunque el agua se absorbe en la masa y no es aparente en el producto final.
Lo mismo ocurre con los demás símbolos de la festividad: también en el desierto hay agua, en pozos, manantiales y cisternas. Si abres un grano de cebada o trigo en proceso de maduración, encontrarás humedad retenida de las lluvias invernales.
Lo que falta es el agua de lluvia, el agua que cae del cielo como una bendición visible de Dios. En lugar del agua visible del invierno, el verano sólo ofrece agua oculta, agua que aparece por sorpresa en medio del paisaje árido, como un milagro… como el milagro de las aguas de Mará.
Así como en Sucot rezamos por agua, en Pésaj decimos la “plegaria por el rocío”, una clase de agua oculta, extraída del mismo aire en las últimas horas de la noche.
En Pésaj no celebramos la sequedad, sino el agua oculta, el hecho de que incluso en el desierto seco y árido existe la esperanza de encontrar agua fresca y revitalizante que salve nuestras vidas. Así como en los días más oscuros de la esclavitud en Egipto, fuimos repentinamente rescatados por milagros inesperados. El agua de Pésaj es el agua de los milagros, el agua de la redención. El desafío que tenemos ante nosotros es creer en la redención cuando todo a nuestro alrededor luce desolador, y trabajar para hacerla realidad: encontrar agua en el desierto seco.
Otra respuesta podría ser que Pésaj celebra no la ausencia de agua, sino más bien la presencia de la némesis del agua: el fuego. Algunos símbolos:
De manera apropiada, Dios se manifiesta por primera vez a Moshé en la historia del Éxodo no sólo en el desierto, sino en forma de zarza ardiente (en contraste con la revelación a través de las Nubes de Gloria asociadas a Sucot). La revelación de Dios en Sucot se asemeja a la columna de nube, que nos protege del calor y el brillo del desierto. En Pésaj, la revelación de Dios es como la columna de fuego, que ilumina nuestro camino fuera de Egipto en medio de la noche.
Las formas más prominentes del fuego en Pésaj hoy son la vela con la cual buscamos jametz en nuestros hogares, y la quema del jametz en la víspera de Pésaj. El fuego nos sostiene, asando nuestra carne y horneando nuestro pan; destruye, tanto el jametz como la carne que sobra del sacrificio; y derrama luz en los rincones oscuros, como la vela que usamos para buscar.
En Pésaj somos redimidos de la servidumbre acuática de Egipto a través del duro fuego purificador del desierto. En Sucot, el desierto es suavizado por la frescura de la humedad y las nubes protectoras. A lo largo del año aprendemos a equilibrar pureza con comodidad, libertad con orden, fuego con agua.
Si en Sucot debemos aprender a ver la mano de Dios en las lluvias del invierno, en Pésaj debemos aprender a ver la presencia de Dios en el fuego del verano. Ya sea que suframos la oscuridad del exilio y la esclavitud o el fuego de la guerra y la escasez, debemos ver la mano de Dios y anticipar Su redención. Debemos buscar el agua oculta con su esperanza de milagros.
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