Una "luz para las naciones", la misión del pueblo judío


5 min de lectura
El crecimiento real requiere tiempo y constancia.
¿Por qué el judaísmo celebra Tu BiShvat, el Año Nuevo de los árboles, justo en medio del invierno, cuando los árboles se alzan desnudos contra un cielo gris, aparentemente sin vida? La respuesta revela una lección esencial sobre el crecimiento personal y cómo desbloquear el potencial humano.
El momento en que celebramos Tu BiShvat surge de raíces profundas en la ley judía. El Talmud, en Rosh Hashaná, establece el día 15 del mes de Shvat (en hebreo “Tu” significa 15 y Shvat es el nombre del mes) como uno de los cuatro años nuevos del calendario judío. Esto tiene un significado legal en cuanto a la fijación del año agrícola para los diezmos, así como un componente festivo que lo convierte en una festividad menor. Esta elevación de lo que podría parecer un hito agrícola menor apunta a algo mucho más profundo que una simple marca estacional.
Para comprender esta profundidad, primero debemos explorar la conexión que hay en el pensamiento judío entre los seres humanos y los árboles.
Para prosperar, un árbol necesita cuatro elementos básicos: tierra, agua, aire y fuego (luz solar). Cada elemento nos enseña algo sobre el crecimiento y el potencial humano.
La tierra representa nuestra necesidad de raíces fuertes: los valores, tradiciones y fundamentos que nos anclan. Sin embargo, estar arraigado es fundamentalmente diferente de estar estancado. Al igual que las raíces de un árbol, nuestra conexión con el pasado debe proporcionar estabilidad y, al mismo tiempo, permitir el crecimiento.
Para ser efectiva, el agua, que los sabios la comparan con la Torá, debe fluir. No basta simplemente que llueva. La lluvia es necesaria en el lugar adecuado para prevenir sequías e irrigar correctamente los campos. Recuerdo cuando era un niño en Florida y no entendía cómo estábamos viviendo una sequía a pesar de tener huracanes y tormentas tropicales. Me explicaron que sin lluvia en el lago Okeechobee de Florida, que abastecía de agua al estado, de poco ayudaba que lloviera en el sur de Florida para aumentar la cantidad de agua disponible en nuestros grifos y mangueras. De manera similar, la sabiduría debe canalizarse activamente hacia donde se la necesita.
El aire representa el aliento divino, el alma que nos anima con el potencial de crecer.
Y el fuego simboliza la pasión y el calor de la comunidad que nutre el desarrollo. Estos cuatro elementos son esenciales para brindarnos el entorno de apoyo que necesitamos para crecer.
Cuando la Torá describe la creación de la humanidad, utiliza la palabra “Adam” conectada tanto con “adamá” (tierra) como con “adamé” (seré como el Todopoderoso). Esta doble etimología revela la posición única de la humanidad en la creación: fuimos formados de la tierra (la base física) como todas las criaturas, pero poseemos la capacidad divina de crecer, de llegar a ser, de transformarnos. Nuestra constitución física es muy similar a la de los animales (en hebreo “behemá”, que es una contracción de “ba má” (lo que es, está en ello). Pero a diferencia de los animales, los seres humanos encarnamos un potencial continuo. A través de nuestras elecciones y determinación, siempre podemos elevarnos de lo animal a lo divino. Los animales permanecen estáticos, mientras que los seres humanos somos potencial en desarrollo.
Este potencial encuentra su metáfora perfecta en el árbol durante el invierno. En invierno, el árbol puede parecer muerto, pero está muy vivo. Debajo del suelo congelado, invisible para todos los observadores, la savia comienza su lento ascenso por las ramas del árbol. Este movimiento oculto, esta preparación para la espectacular floración de la primavera, refleja las verdades más profundas sobre el crecimiento y la transformación auténticos. Así como las magníficas flores de la primavera dependen por completo del duro trabajo invernal y de procesos invisibles, nuestro trabajo más importante ocurre de manera lenta pero constante, bajo la superficie, de formas que no notamos.
Vivimos en una era que promete y promueve la transformación instantánea, desde dietas relámpago hasta esquemas para hacerse rico rápidamente que inundan nuestras redes sociales. Esta impaciencia cultural hace que la lección de Tu BiShvat sea aún más vital. Consideremos el famoso experimento del malvavisco, en el que los investigadores ofrecen a los niños una elección: un malvavisco ahora o dos si pueden esperar 15 minutos. Los niños que demostraron la capacidad de retrasar la gratificación mostraron posteriormente mejores resultados en múltiples áreas de la vida: desde el rendimiento académico hasta la salud y las relaciones. La capacidad de invertir en un crecimiento invisible, de confiar en procesos que no muestran resultados inmediatos, es fundamental para los logros significativos. La maestría proviene de una práctica sostenida y deliberada. El éxito no se trata de una habilidad innata, sino de desarrollar la mentalidad de valorar el proceso por encima de los resultados inmediatos.
Los ciclos de crecimiento de los árboles también nos enseñan verdades profundas sobre el desarrollo humano. Después de que Adam y Javá comieran del árbol en el Jardín del Edén, los seres humanos ya no se sustentaron solo de frutas, sino que necesitaron vegetales para su nutrición. A diferencia de los árboles frutales, que continúan creciendo y produciendo año tras año, la mayoría de los vegetales deben plantarse cada temporada, ya que a menudo se consume toda la planta. Sin embargo, los árboles frutales conservan su naturaleza única, encarnando el principio del potencial oculto. Su fruto emerge solo después de largos períodos de crecimiento y madurez, recordándonos que los logros más valiosos requieren paciencia, perseverancia y confianza en el proceso.
A menudo saboteamos nuestro propio crecimiento al exigir resultados inmediatos y visibles. Considera cómo muchos abordamos el ejercicio. “¡Voy a entrenar todos los días!”, declaramos, solo para abandonar el compromiso la semana siguiente cuando no vemos una transformación instantánea. O nos decimos: “Empezaré el lunes cuando las condiciones sean perfectas”, sin darnos cuenta de que el crecimiento comienza en circunstancias imperfectas, del mismo modo que la savia comienza a fluir en lo profundo del invierno.
La paradoja del crecimiento es que de forma consistente sobreestimamos lo que podemos lograr en un día, mientras subestimamos lo que podemos alcanzar a lo largo de una vida. La sabiduría judía enseña que el método mediante el cual suele operar la inclinación al mal es a través del cambio incremental: hoy te sugiere un pequeño compromiso, mañana otro, hasta que el camino del descenso se vuelve evidente. Sin embargo, este mismo principio de cambio incremental puede aprovecharse para una transformación positiva. Así como el fracaso no es definitivo, tampoco lo es ningún éxito aislado. Lo que importa es mantener un avance constante hacia adelante, abrazando cada paso del recorrido en lugar de obsesionarse con el destino.
Considera la física de la arena. Si se quita un solo grano de un gran montón, el cambio es imperceptible. Continúa este proceso grano a grano, y con el tiempo la transformación se vuelve innegable. La pregunta de cuándo exactamente el montón “grande” se convirtió en “pequeño” es imposible de precisar. Sin embargo, el cambio es muy real. Este principio se aplica a todo crecimiento significativo, ya sea en el aprendizaje, el desarrollo del carácter o la adquisición de habilidades.
En una era de resultados instantáneos y actualizaciones constantes, en la que esperamos respuestas inmediatas y progresos visibles, Tu BiShvat llega en el silencio del invierno para recordarnos que el crecimiento auténtico requiere tiempo. Los cambios más importantes a menudo comienzan de maneras que no podemos ver. Nuestros aparentes fracasos y períodos de latencia pueden estar preparándonos para una futura floración. Y así como cada árbol crece a su propio ritmo mientras sigue las mismas leyes naturales, el camino de cada persona hacia el crecimiento es exclusivamente suyo, aunque se rija por principios universales.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.
Excelente ♡muchas gracias