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Purim y cómo elevarnos por encima del mal.
Entre los rasgos más distintivos de las celebraciones de Purim se encuentran las galletas especiales conocidas en hebreo como oznei Hamán, literalmente “las orejas de Hamán”. Podemos preguntarnos por qué se eligió precisamente esta parte del cuerpo… La forma triangular de estos pasteles bien podría corresponder a la nariz de Hamán. También podemos preguntarnos por qué específicamente se eligieron las orejas de Hamán para estas masas y no las de algún otro personaje de la Meguilá. La respuesta a estas preguntas también nos ayudará a entender mejor la mitzvá de beber en Purim.
Nuestros Sabios reconocieron una jerarquía particular entre nuestros sentidos principales, paralela en muchos aspectos a su simbolismo en la literatura secular.
El sentido más bajo es el del olfato. Los biólogos lo consideran el sentido más primitivo, y es el que nos da la menor cantidad de información detallada sobre el objeto percibido. Por otro lado, este sentido es el más directo y visceral, y puede darnos una impresión directa de la esencia de algo, una impresión no mediada por las propiedades detalladas del objeto, las cuales pueden ser engañosas. “El ojo puede engañar, pero la nariz sabe”.
Por encima de este se encuentra el sentido del oído. A través del lenguaje, nuestro sentido del oído nos permite aprender detalles infinitos sobre un tema. Pero el lenguaje nos da conocimiento de algo solo de manera indirecta. Si nuestra fuente de información es confiable, entonces el oído nos brinda un atajo hacia el conocimiento; si no lo es, es el camino más seguro hacia el error.
Por encima de estos está la vista. Cuando vemos algo, la imagen completa, incluidos todos sus detalles, queda abarcada en una sola mirada. Si el olfato es directo pero carece de detalle, y el oído es detallado pero indirecto, la vista tiene la capacidad de integrar las partes con el todo para ofrecer una imagen completa.
El Benei Isajar (Rav Tzvi Elimelej de Dinov, un líder jasídico) explica que el peligro espiritual particular de Amalek, el archienemigo del pueblo judío e infame ancestro de Hamán, es para nuestra daat, el conocimiento, que está simbolizado por nuestro sentido del oído. Podemos identificar esto con el peligro que proviene de ideologías hostiles. La amenaza de Amalek no es meramente un odio ciego hacia Israel, sino que se manifiesta en doctrinas elaboradas que son contrarias a la Torá, a veces de maneras sutiles. Una persona puede oír opiniones interesantes y de moda y ser convencida de conformarse a ellas. Esto, en última instancia, la pone en un curso de colisión con la misión del pueblo judío.
En palabras del Benei Isajar: “Amalek corresponde al daat del lado del mal… Y vemos que cuando Dios le dio a Moshé la mitzvá de borrar a Amalek, dijo: ‘Escribe esto en un libro como recuerdo y ponlo en los oídos de Iehoshúa, [porque ciertamente borraré la memoria de Amalek de debajo de los cielos]’ (Éxodo 17:14) — Específicamente en los oídos… para que nuestra fe sea de la naturaleza de los oídos, que corresponden al daat de santidad” (Benei Isajar, Adar III:2).
Consumir las orejas de Hamán en la comida de Purim simboliza la eliminación de las opiniones malvadas, el daat del mal, que está simbolizado por los oídos que oyen. Este es el peligro espiritual particular de Amalek, quien fue el progenitor de Hamán.
De esto se desprende que si podemos elevarnos por encima de esta amenaza, extrayendo nuestro conocimiento no de lo que se oye por ahí sino de una visión clara del panorama general, nos salvaremos de la amenaza de Amalek. Esta idea está implícita en la mitzvá de beber en Purim.
Nuestros Sabios usaron una frase algo críptica para transmitir la mitzvá de embriagarse en la comida de Purim: “Mijaiev inish livsumei bePuraia ad delo iadá bein arur Hamán lebaruj Mordejai” — “Una persona está obligada a embriagarse en Purim hasta que no sepa distinguir entre ‘maldito sea Hamán’ y ‘bendito sea Mordejai’” (Meguilá 7b). Un examen cuidadoso de la frase muestra que esta se basa en la jerarquía de las sensaciones explicada anteriormente.
A través de la alegría y el abandono de Purim no buscamos escapar de este mundo, sino más bien elevarnos por encima de él. Consumimos y saturamos nuestras facultades inferiores para enfocarnos en nuestros poderes superiores de percepción, para regocijarnos en el plan Divino en el que las amenazas y los planes de los malvados en última instancia son transformados en un bien eterno.
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