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El Tabernáculo y nosotros

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Pekudei (Éxodo 38:21-40:38 )

por Rebetzin Esther Jungreis

Sabiduría milenaria e ideas inspiradoras para compartir en tu mesa de Shabat

La construcción del Tabernáculo se puede percibir en muchos niveles. En un aspecto, todos somos un santuario en miniatura, porque dentro de cada uno hay una chispa de Dios. Por lo tanto, debemos estudiar cada aspecto de la construcción del Tabernáculo para poder concretar nuestro potencial espiritual.

Está escrito: “Moshé erigió el Tabernáculo”.(1) Nuestros Sabios enseñan que la inauguración del Tabernáculo duró siete días, en cada uno de los cuales Moshé erigió y desmanteló el Tabernáculo. Sólo al octavo día permitió que quedara de pie. A primera vista, puede ser difícil entender la razón de esto, pero en ella podemos encontrar una enseñanza capaz de transformar nuestra vida. Cada vez que Moshé atravesó el proceso de erigir y desmantelar el Tabernáculo, nos transmitió la fortaleza para reconstruirnos, para aprender de nuestros fracasos y reinventarnos para llegar a alcanzar nuestro potencial espiritual. Moshé Rabeinu nos enseñó una gran lección: los fracasos pueden transformarse en crecimiento y la debilidad puede transformarse en fortaleza. De eso se tratan los desafíos de la vida.

Si seguimos estudiando sobre la construcción del Tabernáculo notaremos que cada vez que se concretó una actividad la frase siguiente es: “Como Hashem le ordenó a Moshé”.(2) Si realmente deseamos vivir como judíos, debemos comprometernos a hacer lo que Dios le ordenó a Moshé. Nuestra Torá es un manual de instrucciones perfecto que se refiere a cada uno de los detalles de nuestra vida. Si seguimos la Torá, estaremos a salvo de las influencias negativas de nuestra sociedad y cultura. Es como encontrar un oasis en un desierto hostil o descubrir una isla en un mar turbulento. Construir un Tabernáculo en nuestro interior asegura nuestra supervivencia judía y que cumplamos nuestra misión.

NUNCA DEBEMOS TEMER

Vivimos en un mundo amenazador y lleno de incertidumbre, un mundo que nuestros Sabios predijeron y describieron como ikveta demeshija, las huellas del Mesías (el período que precede al período mesiánico). Nuestros Sabios predijeron que durante esta época todos nuestros íconos nos fallarían y que nuestro mundo se desmoronaría ante nuestros ojos. Nacional e internacionalmente, nos veremos plagados por un caos político y económico. Internamente, nuestras familias se fragmentarán y en lugar de serenidad y amor prevalecerá la turbulencia y las divisiones. Pero si construimos un santuario en nuestro interior, estaremos alejados de esas plagas.

El pasaje que concluye la parashá nos enseña que “la nube de Dios estaba sobre el Tabernáculo durante el día y el fuego estaba sobre él durante la noche…”.(3) Esta enseñanza nos recuerda que si convertimos a nuestra vida en un santuario, la nube de Dios siempre nos protegerá durante el día y Su fuego, la luz de la Torá, iluminará nuestra oscuridad… Por lo tanto nunca necesitaremos temer.

NUNCA DES NADA POR SENTADO

Está escrito que cuando el pueblo judío completó su labor, Moshé bendijo a la nación.(4) Una vez más somos testigos de la eternidad de las palabras de Moshé, porque la bendición que proclama nos resulta familiar de Salmos 90:17, una plegaria que decimos todas las noches antes de dormir, una plegaria que está siempre en nuestros labios: Vehié noam - que la bondad de Hashem, nuestro Dios, esté sobre nosotros… También aprendemos de la bendición de Moshé que debemos expresar hakarat hatov (agradecimiento), porque una bendición es también una expresión de gratitud.

Sin embargo, debemos preguntarnos algo: si el pueblo judío cumplía los mandamientos de Dios, cumpliendo con sus responsabilidades, ¿por qué era necesario agradecerle? Una vez más, aquí hay una enseñanza que nos debe guiar siempre. No debemos dar nada por sentado. Cada acción, cada acto debe ser reconocido con agradecimiento y bendición. Por ejemplo, cuando el cohen completa su bendición a la congregación, decimos: ieshar cóaj, gracias, a pesar de que es su responsabilidad y tiene la obligación de hacerlo. Decir gracias nos permite valorar más la vida y reconocer que estamos en deuda y que debemos devolverle al mundo.

Esta conciencia es crítica en nuestra cultura enfocada en los derechos, donde llegamos a creer que merecemos absolutamente todo. El énfasis de la Torá en la sensación de estar en deuda nos sensibiliza respecto a nuestra responsabilidad de devolver algo. De hecho, las palabras modim y lehodot, que significan gracias en hebreo, tienen un significado doble. Además de gracias, significan admisión, porque decir gracias es una admisión, es reconocer nuestra dependencia de la bondad de los demás. A muchos les resulta difícil aceptar su propia vulnerabilidad. Están convencidos que se hicieron a sí mismos y que no le deben nada a nadie. Pero esa actitud es autodestructiva; inhibe las relaciones significativas, destruye los matrimonios e impide que las personas se acerquen a Dios.


NOTAS

1. Éxodo 40:18.
2. Ibíd. 39:1 y en otros lugares.
3. Ibíd. 40:38
4. Ibíd. 39:43.




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