El terremoto de Colombia sacudió a mi familia y mi fe

16/08/2026

4 min de lectura

El apartamento de mi hermano se derrumbó. Él sobrevivió. Mientras Colombia se reconstruye, hay una pregunta que el terremoto me obligó a hacerme.

El lunes por la tarde, en Jerusalem, suena mi teléfono. Es mi hijo Juan llamando desde Colombia, como suele hacerlo antes de salir a trabajar. Contesto esperando una conversación normal.

En cambio, escucho pánico.

“Hubo un terremoto terrible”, dice. “Todo tembló durante mucho tiempo”.

Con las líneas de telefonía celular apenas funcionando, su voz llega entrecortada. “Por favor, llama a la familia”, alcanza a decir antes de que se corte la llamada. “Averigua si todos están vivos”.

¿Vivos? Me tiemblan las manos mientras llamo a mi hermano Carlos en Pereira, la ciudad donde crecí. La llamada no entra. Lo intento de nuevo. Nada.

Entonces aparece un mensaje de WhatsApp: Carlos y su familia sobrevivieron. Su apartamento del quinto piso, no.

Mientras el techo y las paredes se derrumbaban a su alrededor, me cuenta Carlos, se apiñaron en el marco de una puerta y se abrazaron unos a otros. De alguna manera, lograron bajar cinco pisos y salir a la calle, sin un rasguño. Su hogar es un montón de escombros. Sin embargo, milagrosamente, están vivos.

Entre lágrimas, llamo a mi sobrina Lina. Ella me cuenta que su casa también fue destruida. Para entonces, los videos inundan Internet: edificios desplomándose entre nubes de polvo, calles sepultadas bajo el hormigón, familias aterrorizadas buscándose unas a otras.

El terremoto de magnitud 7.4 golpeó el oeste de Colombia con una fuerza devastadora. La cifra de muertos asciende a cientos. Miles están heridos o desaparecidos, muchos atrapados bajo edificios derrumbados. La electricidad, el agua y las comunicaciones dejan de funcionar en amplias zonas.

Estoy sentado en Jerusalem, mirando imágenes de calles que conozco. La distancia genera una sensación de impotencia. Lo único que puedo hacer es seguir llamando, enviando mensajes, rezando y esperando el siguiente fragmento de noticias.

La ley judía prescribe una bendición al experimentar un terremoto: “Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, cuya fuerza y poder llenan el mundo”.1 La bendición no explica la tragedia. Reconoce que somos pequeños, que la vida es frágil y que el mundo está cargado de un poder que escapa a nuestro control.

Un país cambia de rumbo

Otro pensamiento me oprime: ¿Por qué ocurrió esto y por qué ahora?

Solo tres días antes, Abelardo de la Espriella había asumido como nuevo presidente de Colombia. El primer día hábil de su gobierno ocurrió el terremoto.

Es imposible ignorar el momento. La tradición judía afirma que un terremoto puede acompañar el final de un gobierno y el comienzo de otro.2

Colombia estaba atravesando esta transición. Bajo el expresidente Gustavo Petro, Colombia había roto relaciones diplomáticas con Israel, expulsado a los diplomáticos israelíes y avanzado hacia la apertura de una embajada en Ramala.

El nuevo presidente, De la Espriella, hizo campaña con una visión opuesta. “Colombia restaurará y fortalecerá su relación con el Estado de Israel como nunca antes”, declaró. “Israel puede contar con Colombia como un amigo leal y un aliado firme”.

Tras su victoria electoral, De la Espriella prometió reconocer a Jerusalem como capital de Israel y trasladar la embajada de Colombia a Jerusalem. El día del terremoto, reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán.

Por supuesto, nadie conoce los cálculos celestiales detrás de ningún desastre natural. Sin embargo, la tradición judía nos alienta a utilizar los momentos de conmoción para sacudir algo dentro de nosotros.

El Talmud3 ofrece una imagen inquietante de un terremoto: cuando Dios ve el sufrimiento judío entre las naciones, lágrimas Divinas caen al mar y hacen que la tierra tiemble. Evidentemente, esto no es una explicación científica. Es una imagen espiritual de un país reconsiderando su rumbo mientras la tierra temblaba.

Un eco judío bajo las ruinas

Como reciente converso al judaísmo (un viaje que relaté en Aish.com), el terremoto tiene para mí una profunda resonancia personal. Golpeó una región poblada por muchos descendientes de Bnei Anusim (conversos), judíos obligados a convertirse durante la Inquisición española. Un gran número de conversos sefardíes se establecieron en la región paisa de Colombia. A lo largo de los siglos, algunas familias conservaron discretamente fragmentos de memoria judía en apellidos, costumbres e historias cuyos orígenes ya no podían explicar.

En los últimos años, pequeñas comunidades de Bnei Anusim han comenzado a regresar a una vida judía plena. Una de esas comunidades surgió en mi ciudad natal, Pereira. Muchos de sus miembros son amigos míos.

Un video del terremoto que se volvió viral muestra a una congregación en Pereira recitando “Shemá Israel” durante los rezos de la mañana, mientras todo tiembla. Fue filmado en la casa de mi amiga Devorah, donde he pasado muchos Shabatot.

La imagen me conmovió: descendientes de judíos que alguna vez fueron obligados a susurrar su fe, proclamando ahora en voz alta la unidad de Dios mientras la tierra se mueve bajo sus pies.

El shofar que nos sacude para despertarnos

El terremoto de Colombia coincide con el comienzo del mes judío de Elul, que conduce a Rosh Hashaná. Cada mañana, en las sinagogas, hacemos sonar el shofar.

Maimónides describe su mensaje: ¡Despierten de su sueño! ¡Levántense de su letargo! Miren hacia adentro y examinen el rumbo de sus vidas.4

El shofar es como un terremoto controlado. Sacude almas en lugar de edificios. Interrumpe el ritmo familiar de la vida y nos obliga a plantearnos la pregunta que pasamos la mayor parte del año evitando: si todo lo que doy por sentado desapareciera repentinamente, ¿qué quedaría?

Para la familia de mi hermano, esta pregunta no es una metáfora. Mientras estaban en la calle, sacudidos hasta lo más profundo, comprendieron con enorme claridad qué es lo que más importa.

Rosh Hashaná es llamado el Día del Juicio porque toda la humanidad pasa ante el Creador.5 Sin embargo, el juicio no se refiere únicamente al pasado. También tiene que ver con la posibilidad. ¿En qué clase de persona me convertiré durante el próximo año? ¿Qué reconstruiré? ¿Qué cimientos sostendrán la vida que quiero crear?

Desde Jerusalem, ya puedo oír el llamado del shofar, incluso antes de que suene. ¡Despierta! No postergues la vida que estás destinado a vivir. El suelo bajo nuestros pies nunca es tan permanente como parece.


  1. Mishná, Berajot 9:2; Shulján Aruj OC 227:1
  2. Talmud de Jerusalem (Berajot 9:2) y Midrash (Tehilim 18)
  3. Berajot 59a
  4. Mishné Torá, Teshuvá 3:4
  5. Mishná, Rosh Hashaná 1:2
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sadia
sadia
18 días hace

Que HASHEM te bendiga a ti y a todos los tuyos. Amen Sela

Schirel
Schirel
18 días hace

No es coincidencia de que pasaron unos días después de que el presidente Abelardo de la Espriella hiciera oficialmente su primera declaración presidencial y el terremoto no fue en ese día.
Que Hashem proteja al nuevo presidente y a Colombia castigando la violencia, guerra amoralidad que se ha infiltrado en Colombia.
Gracias a Hashem que en su familia no hubo pérdidas humanas y los que ya no están Dios los tenga en reposo.

Migdonia
Migdonia
18 días hace

El terremoto del pasado 10 de agosto acá en Colombia, nos deja una gran reflexión: que debo hacer de ahora en adelante por mi vida, por mi familia, por mi nación. Esto se aplica a todo el mundo, porque no se sabe ni el día ni la hora que hemos de comparecer ante el tribunal Divino.
Como usted bien lo expreso en el articulo, Colombia se movió, porque tiene que tomar otro rumbo, lo cierto y eso espero, es que sea un rumbo que lleve a tener un verdadero encuentro con Dios y que sea de bendición, no solo para ella misma como Nación, sino además, ara Israel y otras Naciones del mundo.

Editado por última vez 18 días hace by Migdonia
Leah
Leah
18 días hace

Mucha fuerza, estoy en combia arissralda tambien voy a esa sinagiga a veces el local de la amiga done vivo tambie quedo como el apto de carlos seguire orando por todos Hashem ejad. Shavua tov

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