El único día del año en que el judaísmo te invita a llorar

22/07/2026

3 min de lectura

Una vez al año, el judaísmo te da permiso para dejar de ser fuerte. Aquí tienes un sencillo ejercicio de escritura para ayudarte a sentir aquello que has estado guardando en tu interior.

A primera vista, Tishá BeAv puede parecer una de las festividades judías más difíciles de comprender. Conmemora la destrucción de los dos Templos en Jerusalem y las innumerables tragedias que siguieron a lo largo de la historia del pueblo judío. Ayunamos, nos sentamos en el suelo, atenuamos las luces y leemos el Libro de las Lamentaciones y antiguos poemas de duelo conocidos como Kinot.

Para muchas personas, puede parecer un día dedicado a recordar una tragedia ocurrida hace casi dos mil años. Pero no se trata solo del pasado; también habla de nuestra vida presente.

Cada festividad judía tiene su propia energía espiritual. Pésaj trata sobre la libertad. Sucot, sobre la alegría y la confianza. Tishá BeAv también es una festividad: una festividad del duelo.

Durante el resto del año, el judaísmo nos anima a vivir con esperanza, gratitud y resiliencia. Pero hay un día al año en el que se nos da permiso para dejar todo eso a un lado. No tienes que fingir que estás bien. Se te invita a sentarte junto a aquello que te duele.

Algunos de los encuentros más profundos ocurren cuando te permites estar con la verdad de tu dolor.

El Libro de las Lamentaciones llama a Tishá BeAv un moed, una palabra que significa tanto festividad como lugar sagrado de encuentro. Porque algunos de los encuentros más profundos que puedes tener, contigo mismo, con los demás y con Dios, ocurren cuando te enfrentas honestamente a tu sufrimiento.

La destrucción del Templo no fue solo la pérdida de un edificio magnífico; marcó el comienzo de un mundo en el que la presencia de Dios quedó oculta. Puedes saber que Él está presente, pero aun así tener dificultades para sentir esa cercanía.

Rezas, pero a veces te preguntas si alguien te escucha.

Tienes esperanza, pero la espera continúa.

Buscas sentido en experiencias que parecen no tener ninguno.

Esa sensación de confusión, de anhelo, de profunda soledad, forma parte de lo que significa vivir en el exilio.

Un poderoso ejercicio de escritura

El año pasado, mientras me preparaba para Tishá BeAv, me descubrí pensando en las antiguas Kinot que los judíos han recitado durante generaciones. ¿Qué pasaría si dedicara unos minutos a escribir mis propias palabras?

Invité a un grupo de mujeres a probar este ejercicio. Escribieron lamentaciones sobre enfermedades, conflictos familiares, sueños rotos y relaciones dolorosas. Algunas escribieron sobre sentirse desconectadas de Dios. Aunque las circunstancias eran muy distintas, las emociones que había debajo eran sorprendentemente parecidas. El ejercicio las ayudó a conectar con sus propias luchas, entre ellas mismas y con Dios.

Quizá tú también puedas hacerlo.

Por un solo día este año, atrévete a mirar de frente el dolor que llevas en el corazón. Comparte con Dios tus preguntas, tus decepciones y tu tristeza.

Tishá BeAv es un moed, un lugar sagrado de encuentro. Un día para encontrarte con tu propia verdad y conectarte con Dios desde ese dolor.

Este año, prueba este sencillo ejercicio. Apaga el teléfono y reserva quince minutos de silencio. Escribe tu propia lamentación personal.

Empieza haciéndote una sola pregunta: ¿Qué me duele profundamente en este momento?

No lo pienses demasiado.

Escribe durante diez minutos sin preocuparte por la gramática ni por hacer que suene bonito.

Simplemente sé honesto. Date permiso para mirar de frente los dolores más profundos de tu corazón.

Cuando termines, lee despacio lo que has escrito.

Después pregúntate: Si tuviera el valor de enfrentar este dolor por completo, ¿qué cambiaría dentro de mí?

Escribe sobre eso durante unos minutos más.

Y, por último: ¿Cómo es mi sueño de redención o de salvación?

Escribe también sobre eso.

Cuando termines, vuelve a leer todo lo que escribiste y reflexiona sobre lo que has descubierto acerca de ti mismo.

El calendario judío nos recuerda que el duelo nunca es el final de la historia. Apenas unos días después de Tishá BeAv llega Tu BeAv, una festividad asociada con el amor, la conexión y los nuevos comienzos. El judaísmo insiste en que, incluso después de la destrucción, siempre es posible reconstruir.

Ese es el regalo oculto de Tishá BeAv.

Es un día que se te concede para que no tengas que ser fuerte, para que puedas llorar. Es el día en que puedes encontrarte con el dolor de tu corazón, permanecer con él y conectar con Dios desde ese lugar de auténtica santidad.

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