3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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En la cacofonía de la vida moderna, el Shabat proporciona un oasis atemporal donde el alma encuentra sentido en medio del caos.
Nuestro mundo nunca se detiene. El progreso se ha convertido en nuestra religión, la productividad en nuestra virtud, y el descanso en un placer culposo.
Pero, ¿y si nuestra obsesión por el movimiento constante nos está haciendo perder algo fundamental sobre la existencia humana? ¿Y si la clave del progreso está en saber cuándo detenerse?
Aquí entra el Shabat. Nunca en la historia hubo tanta necesidad de este santuario semanal frente a la búsqueda implacable de logros mundanos. Un día a la semana, la maquinaria del esfuerzo humano se detiene. Los teléfonos enmudecen. Las computadoras se cierran. La creación misma toma un respiro. Observar el Shabat ha transformado mi comprensión de mi lugar en el mundo.(1)
El judaísmo afirma que la vida tiene un destino: el Mundo Venidero. En Pirkei Avot (Ética de los Padres) 4:16, los sabios rabínicos describen: “Este mundo es un pasillo; el próximo mundo es el salón del banquete. Prepárate en el pasillo para poder entrar en el banquete”.
Cuando comencé a volverme observante, no entendía la necesidad de un Mundo Venidero. Después de una tormenta de verano en Atlanta, estaba con Rav Karmi Ingber en su patio trasero recogiendo ramas caídas. Le pregunté: “Este mundo es maravilloso; tenemos mucho que hacer aquí. Podemos crecer, construir relaciones, ayudar a otros, cumplir mitzvot. ¿Por qué necesitamos un Mundo Venidero?”
Él respondió: “Si te dijera que tomes todas las ramas que recogimos y las vuelvas a poner en el césped, ¿cómo te sentirías?” Me dio un momento para reflexionar. “Esa es una vida sin el Mundo Venidero”. Nuestras acciones se sienten significativas porque creemos que nos están llevando a algo más grande. El destino da sentido a todo el viaje. Su mensaje me llegó.
El destino da sentido a todo el viaje.
Y ese es el propósito del Shabat. El Talmud dice: “El Shabat es un anticipo del sabor del Mundo Venidero”.(2) En un mundo sumido en la marcha implacable del progreso y la cacofonía de la vida moderna, el Shabat es un oasis atemporal donde el alma encuentra consuelo y propósito en medio del caos. En Shabat, tratamos de experimentar la vida como completa y perfecta. No hay más actos de creatividad, no más trabajo, no más cocinar. Se supone que ni siquiera tenemos que pensar en lo que haremos después del Shabat. Lo que es, es. Hemos llegado. Todo está completo.
Entender el Shabat como nuestro anticipo semanal del sabor del Mundo Venidero aclara tres aspectos desconcertantes de este día sagrado:
Porque el Shabat nos conecta con nuestro propósito final. Durante seis días creamos nuestra realidad y en Shabat vivimos en la realidad que hemos creado. Seis días de devenir, un día de ser. Ese es el microcosmo de este Mundo y el Mundo Venidero. En este mundo creamos nuestra realidad; quién seremos por la eternidad. En el Mundo Venidero, experimentamos a la persona que hemos creado. Para poder corregir el rumbo durante ese proceso creativo, Dios nos da el Shabat para mantenernos alineados con nuestro propósito superior y nuestros ideales.
Shomer significa ‘guardar’, y el Shabat representa nuestro destino: nuestro día de llegada. Por lo tanto, alguien que es Shomer Shabat es alguien que guarda su propósito final viviendo cada momento con el final en mente. Este título captura perfectamente la esencia de un judío observante: alguien que modela sus acciones presentes en torno a su destino eterno.
Porque el Shabat es la experiencia de la llegada: de haber alcanzado nuestro destino. La sensación es de “Ahhhh... Lo logré. Todo está perfecto tal como es.”
Estas respuestas apuntan a algo profundo sobre la perspectiva judía de la vida. Vivir una vida con Shabat es estar en un viaje impregnado de la energía de conectarse con el destino final. La sociedad occidental se enfoca sólo en los resultados. La espiritualidad oriental se enfoca sólo en el proceso. Para el judío, la respuesta es: ¡Ambos!
Aquí tienes una práctica para saborear esta perfección cada Shabat.
Cuando se ponga el sol el viernes por la noche, cierra los ojos y respira profundamente. Deja de lado las tareas no acabadas de la semana, por ahora están completas. Siente esa sensación de “Ahhhh... Lo logré”. Entonces abre los ojos a un mundo perfecto tal como es. Este momento de serenidad del Shabat es tu anticipo del sabor del Mundo Venidero.
Que todos podamos saborear el placer sagrado del Shabat cada semana y merecer experimentar el descanso y la perfección supremos del Mundo Venidero.
¡Shabat Shalom!
La inspiración para este ensayo proviene de las enseñanzas de Rav Akiva Tatz.
Notas:
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