La visión del judaísmo sobre la Cábala
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La parashá de esta semana instruye a llevar las primicias, los bikurim, y ofrecerlas a los cohanim en el Templo. “Y te regocijarás con todo el bien que Hashem, tu Dios, te ha dado a ti y a tu casa” (Deuteronomio 26:11). ¿Por qué la gente necesita que le instruyan regocijarse y ser feliz? Después de todo, por fin pueden cosechar lo que sembraron. Plantaron una semilla pequeña, esperaron y regaron mientras brotaba, esperaron y regaron mientras crecía, hasta que finalmente se convirtió en árbol, y luego siguieron cuidándolo hasta que por fin el árbol dio fruto. En ese momento, los agricultores deberían rebosar de emoción. ¿Por qué la Torá les ordena ser felices?
Aunque los agricultores pueden comenzar felices y emocionados de cosechar aquello por lo que tanto trabajaron y de llevar las primicias a los cohanim, nuestros Sabios enseñan que cuando ven lo que llevan los demás (posiblemente frutos más grandes o abundantes, una canasta mejor, etc.), su felicidad puede desvanecerse y ser reemplazada por celos. Cuando vemos a nuestras familias, nuestros hogares y nuestras pertenencias, a menudo estamos realmente satisfechos con lo que tenemos. Hasta que miramos lo que tienen nuestros vecinos y amigos.
Estamos contentos con nuestro Honda hasta que nuestro amigo compra un Lexus. El Lexus no cambia al Honda, pero nuestra percepción del Honda sí cambia. Nuestra felicidad reside completamente en nuestra percepción. Y lo hermoso de la percepción es que está bajo nuestro control.
Puedo elegir cómo percibo mi entorno. Puedo elegir en qué enfocarme: ¿en el auto más caro de mi amigo o en el hecho de que mi auto funciona? Lo que elijo alimentar con mi energía determinará cómo veo las cosas, y esa actitud, a su vez, determinará mi estado de ánimo: ¿seré feliz o sentiré envidia? ¿Me concentraré en todas las bendiciones de mi vida o en lo que me falta? ¿Elegiré ver en el mundo la belleza o los problemas? Dios nos da esa elección, y cuando elegimos mirar hacia adentro, a todas las bendiciones que tenemos, podemos estar seguros de ser felices y regocijarnos.
Compararnos con los demás genera celos y resentimiento en lugar de plenitud y alegría. Esta idea se refleja en el tercer párrafo después del Shemá, que dice: “No se desvíen tras su corazón y tras sus ojos”. ¿Por qué dice primero “corazón”, si normalmente primero vemos algo y después lo deseamos?
Creo que la idea es que si nuestro corazón no está primero lleno de gratitud a Dios, de felicidad y satisfacción con lo que tenemos, entonces, por supuesto, cuando veamos algo “más grande y mejor”, lo desearemos. Pero cuando estamos verdaderamente felices con todo lo que Dios nos ha dado, no sólo no tendremos celos de los demás, sino que también podremos alegrarnos por las bendiciones que Dios les ha dado a ellos.
Piensa en un momento en el que sentiste celos de alguien. Reflexiona sobre el motivo y agradece a Dios por tu parte. Por ejemplo, si sentiste celos del auto nuevo de un amigo, piensa en tu propio auto y concéntrate en lo positivo (por ejemplo, que estás agradecido de tener un auto que funciona, que tiene aire acondicionado, reproductor de CD, etc.), hasta que vuelvas a sentirte bien respecto a lo que antes te provocaba celos.
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