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Emociones congeladas

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Miketz (Génesis 41:1-44:17 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

Controlar las emociones intensas puede ser difícil. En momentos de angustia, el sistema nervioso simpático (SNS) se activa, se incrementan la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea y la temperatura corporal. En ese estado, los sentimientos pueden parecer abrumadores y difíciles de cambiar.

Para poder calmarnos y recuperar el control, es necesario activar el sistema nervioso parasimpático (SNPS), que disminuye la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea y la temperatura corporal. La buena noticia es que existen estrategias que ayudan a cambiar el sistema fisiológico de estrés a calma (de SNS a SNPS). Una de estas estrategias, utilizada por la Terapia Dialéctica Conductual (DBT), es usar agua fría para alterar la temperatura del cuerpo. Si bien hay muchas permutaciones del ejercicio, el concepto clave es sumergir la cabeza en agua helada y sostener la respiración. Al hacerlo, la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea y la temperatura corporal disminuirán, "congelando" la emoción para que puedas enfrentar mejor el desafío.

Iosef, al ver a su hermano Biniamín por primera vez después de 20 años, se siente abrumado por la emoción. Si bien intuitivamente podemos entender esa reacción, la naturaleza de sus pensamientos y la emoción exacta que experimentó no queda clara a partir de los versículos. Sforno y Alshij sugieren que sintió empatía, pensando en toda la angustia que su padre y sus hermanos habían soportado durante todos esos años. Alternativamente, el Netziv sugiere que estaba angustiado por no poder revelarles todavía quién era y porque sabía que su plan les provocaría angustia. Rashi, basado en el Midrash, relata una historia para explicar mejor la respuesta. Cuando se encontraron, Iosef le preguntó a Biniamín sobre su familia. Biniamín le reveló a Iosef que cada uno de los nombres de sus diez hijos hacía referencia a algún elemento del sufrimiento de Iosef.

Más allá de cuál sea la razón precisa, de los versículos queda claro que los sentimientos eran intensos. Iosef, incapaz de controlar sus lágrimas, se aleja de sus hermanos y llora en otra habitación. Sin embargo, el hecho de estar abrumado por la emoción es una amenaza para todo su plan. Él tiene que continuar siendo el virrey e interactuar con los hermanos en el banquete, estableciendo el escenario para acusar a Biniamín de robar la copa de plata. ¿Cómo pudo Iosef pasar de estar abrumado por la emoción a volver a estar calmo, tranquilo y calculado?

Aunque fue increíblemente difícil, Iosef hizo un gran esfuerzo ("vaitapak"), logrando controlar sus emociones para dejar de llorar. Como parte de ese proceso, nos dicen que "vairjatz panav" – se lavó la cara. Rav Iosef Bejor Shor explica que la razón por la que se lavó la cara fue para eliminar los rastros de las lágrimas, para asegurarse que sus hermanos no se dieran cuenta que había llorado. Sin embargo, Shmuel ben Jofni (tal como lo entiende Otzar Mefarshi HaTorá), sugiere que lavarse la cara también sirvió para aliviar el dolor, cambiando la experiencia emocional, permitiéndole ahora compartir la comida con sus hermanos.

Aunque obviamente no podemos saber cuál fue la temperatura del agua que Iosef usó para lavarse la cara, de todos modos vemos aquí rastros de la técnica de trabajo de DBT. A pesar de la fuerza de sus sentimientos, Iosef fue capaz de cambiar su experiencia emocional al lavarse la cara, lo que lo ayudó a seguir adelante con su plan.

Cuando nos sentimos abrumados por una emoción que se interpone en el camino para llegar a nuestros objetivos, utilicemos la técnica del agua fría para ayudarnos a disminuir la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y la temperatura corporal, ayudándonos de esta manera a poder enfocarnos en lo que necesitamos hacer para actuar de forma efectiva.




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