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En busca del asombro

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16/08/2021 | por Emuna Braverman

Todos queremos transcender lo mundano, elevar lo común, tocar lo Divino.

En los últimos meses, tuve el privilegio de visitar algunos parques maravillosos, desde Yosemite, el Gran Cañón a las montañas Grey Smoky. Todos son espectaculares a su forma, completamente asombrosos, ya sea que uses la palabra como un modismo o con su sentido original.

Pero quizás lo que fue todavía más asombroso fueron las personas que encontramos en cada uno de estos lugares (con distancia social, por supuesto). En cada lugar que íbamos, era como ver un microcosmos del mundo. Desde la variedad de idiomas a la variedad de vestimenta, desde ciclistas a personas cubiertas de tatuajes, desde muy jóvenes a muy ancianos, estos lugares de increíble belleza atraen literalmente a todo el mundo.

¿Por qué? No sólo porque todos nos conectamos con la belleza, sino porque en un nivel mucho más profundo, todos queremos sentirnos inspirados, elevados, asombrados. Todos queremos transcender lo mundano, elevar lo común, tocar lo Divino. Todos queremos alcanzar a Dios.

No creo que todo el mundo lo defina de esta manera, pero pienso que es el verdadero instinto básico. Estos escenarios no sólo nos sacan de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones cotidianas… Estas experiencias no sólo nos dan perspectiva, sino que ellas realmente nos elevan fuera de este mundo.

Todos estamos demasiado enredamos en las dificultades y las trivialidades de la vida. Todos olvidamos tomarnos tiempo para conectarnos. Todos sabemos, en un nivel muy básico, que en la vida hay más que hipotecas y comprar autos. Todos queremos ver belleza natural.

Najmánides dijo (y estoy parafraseando) que “la naturaleza es sólo un conjunto de milagros a los que estamos acostumbrados”. No prestamos atención a las rosas fuera de nuestra casa ni a los árboles en nuestro jardín. Pero nos gustaría hacerlo. Realmente lo desearíamos. Por eso subimos a nuestros autos (esos que nos preocupa pagar) y conducimos horas sólo para poder ver un paisaje. (Algo positivo del COVID: los parques estaban significativamente menos llenos, lo que permitió ver escenarios incluso más impresionantes). Sabemos que la belleza nos elevará. Sabemos que nos conectaremos con lo Eterno, y eso es lo que deseamos desesperadamente.

Ver todo el espectro de la humanidad en los parques nacionales me dio esperanzas. Estábamos todos unidos y conectados en nuestro asombro, maravilla y apreciación del mundo que Dios creó para nosotros.

Yo no estaba sólo marcando otra actividad en mi lista, pero no hubiera podido anticipar todas las ramificaciones que tendrían esos viajes a los parques.

Los escenarios me inspiraron y me elevó ver el asombro en las caras de mis compañeros de viaje.

Dios nos da muchas oportunidades diferentes para estar agradecidos. Yo estoy trabajando para lograr apreciar todos sus matices. Me alegra haber superado mi miedo a las alturas y haber ido al Gran Cañón, aunque todo el tiempo le grité a mi esposo: “¡Me prometiste que no te acercarías al acantilado!”.




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