En un centro de rehabilitación, descubrí el poder del mes judío de Elul

27/08/2025

6 min de lectura

Mi Elul más poderoso lo experimenté siendo terapeuta en un centro de tratamiento para abuso de sustancias.

Cada año, cuando me siento a redactar mis resoluciones para las Altas Fiestas, tiendo a frustrarme al descubrir (una vez más) que mi lista se parece demasiado a la que escribí el año anterior.

Jamás habría imaginado que recibiría una lección transformadora sobre cómo aprovechar mejor el período de Elul mientras trabajaba como terapeuta en un centro de tratamiento para personas con adicciones.

Aquí comparto cuatro ideas clave que aprendí al observar de cerca el proceso de “rehabilitación”:

1. Cómo se ve “verbalizar” el problema

Poco después de que una persona ingresa a rehabilitación, se le realiza una evaluación donde comparte aspectos de su vida pasada y presente: sustancias usadas, intentos previos de sobriedad, eventos importantes y retos vividos.

Con esa evaluación, el cliente y el terapeuta trabajan juntos para identificar las áreas principales a tratar con el fin de avanzar y mantener la sobriedad. Se formula un plan detallado, con metas terapéuticas claras, tareas y fechas específicas desde el inicio.

Este esfuerzo abarcador por renovarse y crecer por parte de quienes están dedicados a recuperarse puede inspirarnos en nuestro propio período de rehabilitación espiritual.

Para lograr un cambio auténtico, hay que identificar y enfrentar los obstáculos y problemas de raíz. Hace falta un trabajo individualizado para evitar retornar a los viejos comportamientos. Y todo empieza con un plan claro y realista que considere el panorama completo.

Con la esperanza de lograr cambios duraderos y permanentes a partir de mi lista de Elul, ¿me he tomado el tiempo de detallar metódica y completamente la “historia” completa de mi último año? ¿He evaluado y desarrollado metas claras y específicas para poder formar un plan exhaustivo y medible para avanzar?

2. Cómo se ve el esfuerzo real por cambiar

En cualquier sesión de terapia es evidente que las personas difieren enormemente en su nivel de consciencia sobre la gravedad de sus problemas. Lo mismo ocurre con su grado de motivación y con cuán dispuestas están para efectuar acciones concretas hacia un cambio real Algunos se reclinan en sus sillas con los brazos cruzados, y dicen: “Puedo dejarlo cuando quiera y no necesito ayuda”; “todos creen que todavía tengo un problema, pero ahora estoy bien”.

Sin embargo, cuando se les pide que expliquen con más detalle cómo y en qué aspectos han cambiado, sólo ofrecen respuestas vagas.

Otros, en cambio, enfrentan el programa de lleno. Comparten el daño que se han causado a sí mismos y a otros, y el remordimiento que sienten por ello. Reconocen las tendencias, patrones de pensamiento y conductas contra las que están luchando. Comentan en cuál de los “12 pasos” se encuentran o qué tarea de tratamiento están realizando en ese momento. Y expresan su determinación de seguir avanzando a pesar de los obstáculos muy reales que enfrentan.

Gran parte de lo que ocurre a lo largo del día de un paciente es registrado: la disposición a participar en las sesiones de terapia, su comportamiento en los grupos, incluso el tono y el lenguaje corporal… Todo se combina para dar una imagen de qué tan bien está progresando hacia su meta de sobriedad. Durante este período crítico, no se trata de palabras bonitas, sino de cambios concretos en la conducta y la actitud que reflejan si realmente está dispuesto y preparado para crecer.

Al mirar la lista de metas que me he propuesto, me pregunto en qué punto estoy en cuanto a mi propia disposición y preparación interna para realizar estos cambios.

3. Cómo se ve un plan para un cambio duradero

Lograr la sobriedad inicial no basta. A lo largo del tratamiento, se le pide a la persona constantemente identificar en detalle los “desencadenantes” que pueden provocar una recaída: pensamientos, emociones, lugares, relaciones que puedan contribuir a este ciclo si no se trabaja sobre ellos.

Se espera que el paciente tenga respuestas claras: ¿qué habilidades adquirió para manejar una tentación? ¿A quién recurrirá para buscar apoyo si siente necesidad de usar la sustancia? En consecuencia, numerosos grupos clínicos y sesiones individuales giran no sólo en torno a comprender el pasado, sino a formular un plan para mantener límites con las “personas, lugares y cosas” que se ha identificado que lo llevan a recaer.

Al paciente se le repite una y otra vez que nunca debe conformarse con el progreso alcanzado. Que debe seguir alerta. Este “plan de prevención de recaídas” se considera la clave para el mantenimiento de la sobriedad a largo plazo. Y tener una imagen absolutamente clara de los “desencadenantes” y vulnerabilidades personales es una parte fundamental del proceso.

¿He mirado de manera auténtica, sincera y brutal los “desencadenantes” subyacentes que me mantienen vulnerable a estas conductas específicas?

Antes de completar el programa de tratamiento, se revisa y cuestiona cada aspecto de su plan de prevención para asegurarse de que no haya vacíos ni vulnerabilidades pasadas por alto. Este plan es considerado su armadura y protección contra la recaída en sus antiguos patrones. En esta verdadera batalla contra una amenaza tan peligrosa, es necesario planificar todos los escenarios posibles y establecer planes de contingencia con anticipación. No hay lugar para improvisar y tener un optimismo descuidado cuando el peligro de daño es real.

Al acercarme a mi día de juicio, ¿he hecho un balance y formulado un “plan específico de prevención de recaídas”, o me siento cómoda confiando en intenciones vagas de cambio? ¿He mirado de manera auténtica, sincera y brutal no sólo mis errores, sino también los “desencadenantes” subyacentes que me mantienen vulnerable a estas conductas específicas?

4. Cómo se ve sumergirse en un programa de cambio

Al caminar por los pasillos del centro de rehabilitación, se escuchan susurros del “Libro Grande” de Alcohólicos Anónimos, palabras de ánimo intercambiadas entre compañeros, murmullos discretos de terapeutas consultando cómo abordar un problema que ha surgido. Son una comunidad de soldados (o como dijo un paciente, maestros ninja) que luchan incansablemente por la misión de alcanzar y mantener la sobriedad, alentados por sus pares y el personal atento.

Desde su grupo de “establecimiento de metas” a las 8:00 a.m., donde reflexionan sobre las tareas específicas del día, hasta la reunión de “cierre” a las 8:00 p.m., donde comparten y reflexionan sobre los avances, viven y respiran un proceso de crecimiento y cambio. Sesiones diarias de terapia, reuniones de AA y el “trabajo de los pasos,” reflexiones diarias y tareas clínicas enmarcan su jornada.

Al estar aquí, no puedo evitar sentir que estoy en un campo de batalla. Durante un mes o más, estas personas se desafían a sí mismas. Pasan sus días pensando, aprendiendo y compartiendo. Se llaman la atención cuando alguien no es honesto consigo mismo. Se empujan más allá de los límites de su zona de confort. En la búsqueda y lucha por el cambio, pasar por el “tratamiento” no es una parte periférica de la vida. “Trabajar el programa” se ha convertido literalmente en su vida. La vida diaria no continúa hasta que han atravesado este proceso con cada fibra de su ser (y contando con un equipo de profesionales y sistemas de apoyo). Están completamente entregados.

Vislumbrar este mundo abrió mis ojos al significado de un cambio real y duradero.

El abuso de sustancias es un problema singularmente destructivo, grave y complejo, inimaginable para quienes no están atrapados en él (su naturaleza va mucho más allá del alcance de este artículo). Sin embargo, el esfuerzo incansable y total hacia la renovación y el crecimiento que abrazan quienes están dedicados a la recuperación puede ser una inspiración durante nuestro propio período designado para la rehabilitación espiritual.

Tomar conciencia y establecer metas concretas para la renovación no es algo exclusivo del mundo de la recuperación. Estos son los objetivos principales designados durante el período de 40 días desde Elul hasta Iom Kipur. Nuestra tradición reconoce que todo judío debe sumergirse anualmente en un profundo proceso reparador.

Al estar rodeada de personas que están completamente inmersas en su programa de rehabilitación, reflexiono sobre mis propios esfuerzos de cambio y crecimiento durante este período.

He admitido que en algún momento he tocado fondo espiritual. He reconocido la necesidad de cambiar y crecer, pero ¿realmente me he comprometido a hacer el trabajo necesario para que eso suceda?

¿He dedicado tiempo a crear un “centro de tratamiento” propio, tomando una pausa, un permiso de la vida cotidiana con la esperanza de lograr un progreso significativo en esta lista de metas? ¿He construido un “sistema de apoyo” y busqué rodearme de mentores o compañeros para recibir apoyo, rendición de cuentas y ánimo? ¿He buscado oportunidades de inspiración genuina y motivación para mantener vivo el progreso? ¿He elaborado un plan de contingencia para cada objetivo, dándome una verdadera oportunidad de transformación permanente?

Nuestros Sabios designaron un período para la reflexión y la transformación. También diseñaron un poderoso “programa basado en evidencia” para identificar y reemplazar conductas y patrones que no están en línea con lo que queremos ser. No sólo planificaron un programa terapéutico completo, sino que también fijaron el período terapéutico. Para que este proceso “rehabilitador” sea efectivo, requiere compromiso con todo el programa trazado. Como han mostrado estas inspiradoras personas en recuperación, la renovación requiere esfuerzo. Es necesario dedicar tiempo para evaluarnos sinceramente, trazar un plan de acción enfocado y formar un plan de contingencia concreto para los “desencadenantes” que, sin duda, me harán retroceder después de Rosh Hashaná y Iom Kipur.

Espero que este año, al tomarme el tiempo para “trabajar un programa” más a fondo, la lista de resoluciones del próximo año cambie junto conmigo.

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