3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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La esperanza no es una sugerencia ni un consejo. Es una orden
Al escribir sobre el video de su hijo y otros rehenes (que luego fueron ejecutados por Hamás) encendiendo velas de Janucá en un túnel en Gaza, Rachel Goldberg-Polin dice que sintió muchas emociones dispares. Sin embargo, lo que las propias llamas de las velas de Janucá transmitían era esperanza: “¡Esperanza! La esperanza no es una sugerencia ni un consejo. Es una orden”.
Pero yo me pregunto, tras la masacre de Janucá en Sídney, ¿nos atrevemos a tener esperanza? Con gran parte del mundo alineado en contra de nosotros, ¿nos atrevemos a tener esperanza? Con el antisemitismo en aumento en Australia, Francia, Inglaterra, Canadá y el mundo de las redes sociales, ¿nos atrevemos a tener esperanza?
El himno nacional de Israel se llama HaTikvá, 'la Esperanza'. La esperanza es integral para el alma de un judío.
La esperanza es integral para el alma de un judío.
Las palabras que una vez me dijo mi prima Lea son emblemáticas de la esperanza. Lea creció en una familia judía religiosa en la Rusia comunista. Encendían las velas de Shabat detrás de pesadas cortinas y Lea, una pianista de concierto que estaba obligada a ir a la escuela en Shabat, solía decirle a su maestra (todas las semanas) que no podía escribir ese día (una violación de Shabat) porque le dolía la mano y eso perjudicaría su carrera como pianista. La familia de Lea anhelaba la libertad de practicar el judaísmo, pero el gobierno rechazó su solicitud para salir del país. Así que durante años esperaron y tuvieron esperanza.
En Pésaj de 1964, el gobierno les informó que tenían permiso para salir rumbo a Estados Unidos. Se subieron al avión ese mismo día. Décadas después, Lea me dijo: “Somos judíos. Siempre tenemos esperanza”.
¿En qué se basa la esperanza judía? Nuestra esperanza no es como la de los aficionados al deporte que esperan que su equipo gane, ni como la de un inversionista que espera que su inversión lo haga rico.
Nuestra esperanza se basa en nuestra convicción de que existe un Dios que controla la historia e interviene en la historia para nuestro beneficio. Cuando Dios se presentó en el monte Sinaí ante el pueblo judío, Dios dijo: “Yo soy Hashem, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la esclavitud”. Este es el primero de los Diez Mandamientos.
Aunque parece más una declaración que un mandamiento, nuestros Sabios enseñaron que este es el mandamiento de creer en un Dios que interviene en la historia y en nuestras vidas individuales para nuestro beneficio.
En un universo aleatorio, la esperanza no es más que un pensamiento ilusorio. Pero en un universo con propósito dirigido por Dios, quien ha prometido que el pueblo judío es eterno y regresará a su tierra, la esperanza es el resultado natural de la fe en Dios.
Debido a que los seres humanos tienen libre albedrío para elegir entre el bien y el mal, a veces el mal gana. El mal ganó este pasado domingo en Bondi Beach, en Sídney. El mal ganó el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás invadió Israel y asesinó, violó y secuestró a 253 personas inocentes. El mal ganó entre los años 140-138 a.e.c., cuando los griegos seléucidas que gobernaban la tierra de Israel intentaron erradicar el judaísmo.
El rey Antíoco IV prohibió, bajo pena de muerte, la circuncisión, el Shabat, las festividades judías y el estudio de la Torá. Las mujeres judías que permitían que sus hijos fueran circuncidados eran asesinadas con sus hijos atados alrededor de sus cuellos. Los judíos que se negaban a comer cerdo o a sacrificar cerdos eran torturados hasta la muerte. El invencible imperio griego gobernaba el mundo conocido y los judíos eran un pueblo pequeño y vencido. ¿Qué esperanza era posible?
Sin embargo, debido a que existe un Dios que interviene en la historia para nuestro beneficio, la victoria del mal, por dolorosa que sea, siempre es temporal. En el año 138 a.e.c., una familia de sacerdotes sin entrenamiento y mal equipada, junto con su cohorte, a quienes llamamos "Macabeos", derrotó milagrosamente al poderoso ejército griego. Se necesitaron tres años de lucha para recuperar el Templo en Jerusalem, origen de la festividad de Janucá, y otros 22 años de lucha hasta que los griegos fueron completamente expulsados de Israel. El esfuerzo humano es vital para concretar las promesas divinas. Sin embargo, la improbable victoria de “los débiles sobre los fuertes, los pocos sobre los muchos” es un testimonio de la mano divina en la historia.
En un túnel de Hamás en Gaza, seis jóvenes rehenes —Hersh Goldberg-Polin, Carmel Gat, Eden Yerushalmi, Almog Sarusi, Or Danino y Alex Lubanov— encendieron velas de Janucá, dijeron las bendiciones y cantaron Maoz Tzur, la canción tradicional que da testimonio de la salvación de Dios en distintos períodos de persecución a lo largo de la historia judía. Los rehenes estaban hambrientos y eran torturados, y la filmación fue preparada por sus captores.
Sin embargo, como escribió Rachel, la madre de Hersh: “Al ver a estos jóvenes judíos vibrantes y luminosos mantener viva su tradición de más de 2.000 años de encender velas de Janucá, incluso cuando están en las entrañas del infierno en la tierra, no puedes evitar sentir algo”.
Rachel sugiere que lo que los propios cautivos sintieron al encender las velas de Janucá fue esperanza. “Janucá nos enseña que hay luz. Incluso en los momentos más oscuros y en los lugares más desconcertantes y paradójicos que podamos imaginar”.
Esta semana, mientras enterramos a los muertos de la masacre de Sídney, los judíos de todo el mundo estarán encendiendo velas de Janucá. Nuestras lágrimas no extinguirán las diminutas llamas. Las luces de Janucá dan testimonio de nuestra fe en que la luz finalmente triunfará sobre la oscuridad, porque Dios cumple Sus promesas al pueblo judío.
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