¿Encontraron realmente el Arca de Noé?
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Las voces de las plegarias de la mañana de Shabat resuenan en dos sinagogas distantes. En una, una congregación marroquí se balancea al ritmo de las antiguas melodías del norte de África, respondiendo al jazán, respondiendo con las tradicionales expresiones de aliento. En la otra, jasidim con abrigos negros y largas peies se mecen con energía, guiados por su santo Rebe.
Las costumbres, la vestimenta y la atmósfera parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Sin embargo, en ambos lugares leen un rollo de la Torá que es idéntico, letra por letra, al de su contraparte al otro lado del mundo. Esta extraordinaria paradoja (una uniformidad textual perfecta durante 3.500 años junto con una vibrante diversidad en su expresión) insinúa una profunda verdad contenida en el último mandamiento de la Torá.
En la parashá de esta semana, Dios ordena: "Escriban para ustedes este cántico y enséñenlo a los hijos de Israel" (Deuteronomio 31:19). Nuestros Sabios enseñan que este versículo constituye la mitzvá número 613: todo judío debe escribir su propio rollo de la Torá.(1) Esta interpretación plantea varias preguntas:
Las respuestas se encuentran al comprender la característica más fundamental de la Torá.
En su obra clásica sobre la ley judía,(2) Rav Yejiel Míjel Epstein explica que Dios compara la Torá con un canto porque ambos alcanzan su máxima expresión mediante la armonía. En una armonía, voces distintas se unen para crear una plenitud sonora continua. Si falta una sola voz, la canción pierde profundidad y riqueza. Cuanta más variedad existe, mayor es la belleza.
Esta explicación desafía nuestras suposiciones. ¡El texto y las leyes de la Torá permanecen completamente inalterables! ¿No debería un texto inmutable exigir que todos pensaran y sirvieran a Dios exactamente de la misma manera?
El Zóhar enseña que, durante la Revelación en el monte Sinaí, Dios mostró un aspecto único de la Torá a cada una de las seiscientas mil almas presentes. Esa revelación no afectó únicamente a quienes estaban allí físicamente, sino también a las almas de todos los judíos de todas las generaciones.(3) Cada alma recibió una porción de la Torá completamente única, una que solo ella puede revelar al mundo.(4)
A lo largo de años de estudio, he experimentado esto personalmente. A medida que mi comprensión se profundiza, descubro matices sutiles y perspectivas nuevas que añaden dimensiones inéditas a textos que creía conocer. Cada descubrimiento es como iluminar una nueva faceta de un diamante ya brillante, revelando aún más de la luz de Dios en el mundo. Esta serie de ensayos semanales representa mi propio camino de descubrir y compartir mi porción en la Torá: una colección de reflexiones que, con la ayuda de Dios, inspirará a otros a encontrar también las suyas.
Pero estos descubrimientos personales apuntan a algo aún más profundo. El Zóhar enseña: "Dios contempló la Torá y creó el mundo. El ser humano contempla la Torá y sostiene el mundo".(5) La Torá no es simplemente un libro de leyes y enseñanzas, ni siquiera solamente un medio para conectarnos con Dios: es el fundamento y el sustento mismo de la existencia. Cuando actualizamos nuestra porción única de la Torá mediante el estudio, la enseñanza y la práctica, nos convertimos en colaboradores de Dios en la creación continua del mundo.
Esto da un nuevo significado a nuestra plegaria diaria: "Concédenos nuestra porción en Tu Torá" (ותן חלקנו בתורתך). No pedimos únicamente comprensión, sino el poder de convertirnos en socios de Dios en Su universo. Así como un rollo de la Torá queda invalidado si le falta una sola letra, el mundo permanece incompleto sin la expresión única de la Torá que corresponde a cada persona.
Quizás el acto simbólico más importante para adquirir tu porción en la Torá sea precisamente cumplir la mitzvá que estamos analizando: escribir un Séfer Torá. El Ktav Sofer,(6) junto con el Séfer HaJinuj,(7) explican que escribir nuestro propio rollo, en lugar de depender de uno heredado, representa nuestro compromiso de forjar una relación personal con Dios y con Su Torá.
Escribir un rollo de la Torá constituye la culminación perfecta de las 613 mitzvot porque resume el propósito último de la Torá: ofrecer un fundamento inmutable mediante el cual cada persona descubre y expresa su identidad espiritual única. El rollo permanece idéntico, letra por letra, pero se renueva con cada persona que lo estudia, lo escribe, lo vive y comparte con otros su comprensión particular.
Para reforzar esta idea, el Talmud(8) afirma que quien escribe un rollo de la Torá es considerado como si hubiera recibido la Torá en el monte Sinaí.
Así como cada alma recibió allí su porción particular, al escribir nuestro propio rollo recreamos esa revelación personal. No nos limitamos a copiar palabras: reclamamos nuestra herencia espiritual y manifestamos nuestro papel único dentro de la sinfonía eterna de la Torá.(9)
Aunque podemos cumplir la mitzvá de escribir un rollo de la Torá encargándolo a un escriba, escribiendo una sola letra o adquiriendo libros de Torá, también debemos aspirar a una misión más elevada: descubrir nuestra porción personal en la Torá. Este viaje comienza estudiándola profundamente, comprometiéndonos con su texto inmutable y sus principios eternos. A través de ese proceso vamos descubriendo nuestra contribución única: esa comprensión especial que solamente nosotros podemos aportar. Finalmente, como concluye el versículo, debemos "enseñarla a los hijos de Israel", enriqueciendo la armonía colectiva con nuestra voz individual.
Quisiera sugerir algunas ideas prácticas para comenzar a descubrir tu porción en la Torá:
Como una gran sinfonía en la que cada instrumento interpreta su propia parte mientras contribuye a una armonía perfecta, la Torá nos permite expresar nuestra individualidad sin dejar de permanecer arraigados en la tradición sagrada. El texto nunca cambia, pero su música evoluciona constantemente gracias a la armonía única que aporta cada judío en cada generación.
Que todos seamos bendecidos con la posibilidad de encontrar nuestra porción única en la Torá y de asociarnos con Dios para revelar Su luz infinita en nuestro mundo.
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