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Antiguas inscripciones del Sinaí podrían contener las primeras referencias extra-bíblicas a Moisés, lo que ha encendido un nuevo debate sobre el Éxodo y los orígenes del alfabeto.
El epigrafista israelí Mijael Bar-Ron ha identificado lo que él considera que son varias referencias directas a Moisés en inscripciones de piedra de hace 3.500 años halladas en el desierto del Sinaí. Estas son las menciones extra-bíblicas contemporáneas más antiguas del célebre Profeta.
La investigación de Bar-Ron se centró en dos inscripciones encontradas en Serabit el-Khadim, un sitio histórico de minas de turquesa en la península del Sinaí. Estos textos, catalogados como Sinaí 357 y Sinaí 361, fueron escritos en proto-sinaítico, considerado el sistema alfabético más antiguo que se conoce.
Entre las inscripciones, Bar-Ron identificó dos frases que apuntan a una autoría individual: “ZT MMŠ” (“Esto es de Moisés”) y “NʾUM MŠ” (“Un dicho de Moisés”). Señales similares aparecen en otras inscripciones, a saber Sinaí 374 y Sinaí 351.
“En las cuatro inscripciones, los nombres aparecen a la derecha del texto principal, un poco más abajo, y ya sea descendiendo respecto al texto o con glifos orientados en dirección contraria al texto principal”, escribe Bar-Ron. “Para mí, esta visión general sugiere que se trata de firmas del autor”.
Bar-Ron también señala que las inscripciones comparten rasgos estilísticos y lingüísticos, un tono personal y estructura poética, lo que sugiere que fueron escritas por un único autor semita con profundo conocimiento de los jeroglíficos egipcios. Esto coincide con el relato bíblico de Moisés, que fue criado en la corte del faraón.
El hallazgo de Bar-Ron ha sido noticia en medios como National Geographic, CNN, The Guardian, Smithsonian Magazine, entre otros. En contraste, la prensa hebrea ha mostrado mucha más cautela en difundir el descubrimiento a su público.

Las teorías de Bar-Ron se basan en inscripciones que forman parte de un grupo mayor de textos proto-sinaíticos descubiertos por el célebre arqueólogo Flinders Petrie a comienzos del siglo XX. Los expertos creen que fueron grabados por trabajadores semitas durante el reinado del faraón Amenemhat III (hacia el 1800 AEC), lo que los convierte en algunos de los escritos alfabéticos más antiguos registrados.
En 1905, Flinders Petrie, el padre de la arqueología egipcia, y su esposa Hilda, descubrieron varias inscripciones jeroglíficas en antiguas minas de cobre y turquesa ubicadas al sur de la península del Sinaí. Al principio Petrie pensó que eran textos egipcios regulares. Pero dado que consistían en el uso repetido de un repertorio muy pequeño dentro del conjunto total de jeroglíficos, identificó estos signos como una escritura alfabética derivada de símbolos egipcios. Sin embargo, no logró descifrarlos.
En su “proto-tesis” de 213 páginas sobre el tema, Bar-Ron describe cómo el alfabeto proto-sinaítico evolucionó a partir de los jeroglíficos egipcios, los cuales fueron luego adaptados para representar sonidos semíticos. Con un sistema de escritura fonética de sólo 22 letras, la escritura podía ser utilizada por las masas. En comparación, los jeroglíficos egipcios contenían más de 800 figuras complejas diferentes y eran usados únicamente por escribas altamente entrenados.
Unos diez años después de haber sido descubierta por Petrie, la escritura fue descifrada por el principal lingüista de su época, el famoso egiptólogo inglés Sir Alan Gardiner. Él identificó la lengua como un temprano semítico “cananeo”.
La escritura pasó a conocerse como “proto-sinaítico” y fue fechada en la última Edad del Bronce Medio. En la década de 1920, el profesor alemán Hubert Grimme, experto en lenguas semíticas, identificó la “lengua cananea” de la escritura como hebreo.

Durante años, la academia ha negado la existencia de Moisés, que los israelitas hayan estado en Egipto e incluso el Éxodo. Sin embargo, la evidencia acumulada en las últimas décadas ha vuelto cada vez más difícil sostener esas posturas.
El profesor Manfred Bietak, del Instituto Austríaco de Egiptología, dirigió excavaciones en Tell el-Daba (Avaris), el sitio arqueológico ubicado en el delta oriental del Nilo, entre 1966 y 2009. En un artículo del 2012 titulado Egipto y el Éxodo, Bietak escribió: “Resumiendo la evidencia del Delta oriental y Tebas occidental, concluimos que los primeros israelitas muy probablemente estuvieron en Egipto durante el periodo tardío ramésida”.
Entre sus hallazgos cita casas típicas israelitas de cuatro habitaciones, relatos egipcios que reflejan narrativas bíblicas, referencias egipcias a Góshen y más.
El descubrimiento de Bar-Ron no sólo respalda los relatos bíblicos, sino que muestra a los israelitas como los originadores del alfabeto, considerado por muchos científicos sociales como el mayor salto en el avance del conocimiento humano. Hasta ahora, la mayoría de los académicos atribuían la creación del alfabeto a los fenicios, aunque las inscripciones se hallaron cientos de kilómetros lejos de Fenicia.
El texto protosinaítico más antiguo data aproximadamente del 1800 AEC, y el más reciente de fines del siglo XVI AEC. Después de eso, el alfabeto deja de aparecer en Egipto y de repente surge en Canaán. ¿Qué pueblos semitas se sabe que vivieron en Egipto y luego se trasladaron repentinamente a la Tierra de Israel? Los estudiosos quedaron desconcertados. En Canaán, se difundió rápidamente entre los diversos pueblos que allí vivían y evolucionó hacia los alfabetos paleohebreo y paleocananeo más conocidos por los expertos.
Bar-Ron dedicó ocho años al análisis de las inscripciones, utilizando fotografías de alta resolución y estudiando moldes de las piezas.
Insatisfecho con las fotos disponibles, viajó desde Israel a los Estados Unidos para tomar sus propias imágenes.
“El descubrimiento se debe a las fotos de alta resolución que tuve el mérito de tomar en 2023 de un molde original realizado por Hubert Grimme, que sostuve y fotografié desde distintos ángulos durante mi viaje al Museo del Antiguo Cercano Oriente de Harvard”, relata Bar-Ron. “Esas imágenes me permitieron notar elementos que nadie más había visto”.
Varios expertos de renombre han validado el hallazgo de Bar-Ron.
El Dr. Pieter Gert van der Veen es profesor de Arqueología Bíblica en la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz. Al ver por primera vez el descubrimiento de Bar-Ron, comentó: “¡Tiene toda la razón, yo también lo leo así, no es imaginación!”
“Mijael está haciendo un trabajo extremadamente cuidadoso”, dijo van der Veen en una entrevista para el blog Patterns of Evidence. “Es muy autocrítico y está intentando demostrarse a sí mismo que está equivocado. Este es el único enfoque académico que podría recomendar. Si algo va a resultar de esto en términos de la historia temprana de Israel, será gracias a este tipo de trabajo de alto nivel”.
El célebre egiptólogo y arqueólogo Dr. David Rohl también se mostró impresionado con el descubrimiento. “Mijael Bar-Ron ha hecho un trabajo brillante al darnos el mejor desciframiento y traducción de las inscripciones proto-sinaíticas hasta la fecha", dijo Rohl en una entrevista para el blog Humble Skeptic. “Estoy de acuerdo con gran parte de su trabajo y me entusiasma que finalmente tengamos inscripciones del Sinaí y Egipto que se relacionan directamente tanto con la travésía bíblica como con el Éxodo. El hecho simple es que, al menos a mi juicio, sus traducciones demuestran de manera convincente que el proto-sinaítico es una escritura alfabética que representa por escrito la lengua hebrea temprana”.
“En cuanto a la posibilidad de que algunas de las inscripciones hayan sido escritas por Moisés, estoy seguro de que esto es cierto, basándome en lo que realmente dice el hebreo. Ciertamente hay algunas inscripciones en la misma mano (estilísticamente). Su contenido encajaría mejor como las palabras de Moisés. Por ejemplo, Sinaí 357 ordena a las personas seguir las instrucciones del ‘padre’ sobre cómo consumir el maná. Esta inscripción tiene una pequeña anotación con cinco signos que dice ‘ZT M MSh’, que sin duda puede interpretarse como ‘Zot m' Moshe’ — ‘Esto es de Moisés’, etiquetando la columna de signos directamente a su izquierda”.
Sin embargo, no todos están convencidos. Los escépticos argumentan que la escritura proto-sinaítica es notoriamente difícil de descifrar. El Dr. Thomas Schneider, egiptólogo de la Universidad de Columbia Británica, desestimó los hallazgos, calificándolos de “totalmente no probados y engañosos”. Él afirmó que se trata de “identificaciones arbitrarias de letras” que podrían “distorsionar” la historia antigua.
Sea que finalmente se acepte o se dispute, el trabajo de Bar-Ron ha reavivado el debate sobre las raíces históricas del Éxodo y los orígenes del alfabeto. Si sus interpretaciones resisten un mayor escrutinio académico, podrían ofrecer una rara visión del mundo de Moisés y de los primeros escritos hebreos. De no ser así, aún aportan datos valiosos al estudio continuo de las inscripciones proto-sinaíticas y su lugar en el antiguo Cercano Oriente.
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Gracias por ese interesante artículo. Las investigaciones Mijael Bar-Ron son un aporte a esas evidencias extrabiblicas necesarias para confirmar lo que ya sabemos sobre la existencia de Moshe.
Baruj Hashem.