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Enfrentando la Música

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30/07/2012 | por Rav Baruj Leff

Un año después de la muerte de mi madre, no podía volver a escuchar música nuevamente.

Nunca me imaginé que mi madre moriría, que tendría que observar las leyes judías de duelo por la muerte de un padre, incluyendo no escuchar música durante todo un año.

Desde que tengo memoria, la música siempre ha sido una parte importante de mi vida. No soy músico, pero siempre he sido un oyente muy activo y un admirador de muchos tipos diferentes de música.

Y luego, repentinamente, hace poco más de un año, todo eso cambió abruptamente con la muerte de mi madre.

El día después del primer yortzait de mi madre, el aniversario de su muerte, yo podía escuchar música nuevamente, pero estaba reacio a hacerlo.

Luego de 12 meses completos, me había acostumbrado tanto a la vida sin música por el duelo de mi madre, que era difícil contemplar escuchar música nuevamente.

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No estaba listo para el regreso a la vida como había sido antes de que mi madre falleciera.

No escuché nada de música ese primer día. No estaba listo para el regreso a la vida como había sido antes de que mi madre falleciera. Simplemente no podía hacerlo.

En la mañana de mi segundo día “libre”, me inundó un sentimiento. Me pregunté, ¿Estarás listo alguna vez? ¿Podrás estar listo? Es como acostumbrarse al agua en una piscina, probablemente solamente tienes que lanzarte.

Y así lo hice.

Puse un CD, me senté en mi silla favorita, y escuché mi primera canción de regreso.

Caían lágrimas de mis ojos. No podía creer lo que estaba haciendo. Cerré mis ojos e imaginé por un momento que aquellos largos 12 meses fueron solamente una pesadilla y no fueron reales.

Entonces abrí mis ojos y comencé a ponerle atención a la canción y a las palabras.

Para mi primera canción de regreso, escogí una lenta balada muy significativa, la cual había sido una bella melodía lanzada hace más de 12 meses. La escuché unas cuantas veces justo antes de que falleciera mi madre pero no lo suficiente como para que llegara a mi “conciencia musical”.

El estribillo utilizaba el siguiente versículo en el cual Dios afirma, “Recordaré mi pacto con Jacob, y también mi pacto con Isaac, y también mi pacto con Abraham recordaré, y recordaré la Tierra” (Levítico 26:42).

Me llegó.

Recuerdos. Que tema tan apropiado para una primera canción de regreso.

Cuando recién perdí a mi madre, algunas personas con buenas intenciones venían a mí y me decían algo como, “Atesora tus recuerdos – al menos tienes cariñosos recuerdos de tu madre. Consuélate con ellos”.

Palabras como esas me pegaban como una daga en el corazón. No estaba listo para aceptar que lo único que tenía ahora de mi madre eran cariñosos recuerdos. La muerte estaba tan fresca, el dolor tan crudo, que la última cosa que quería reconocer era que ya no tenía más a mi madre y que ahora solamente tenía recuerdos de haber tenido una madre.

Pero ahora, más de un año después, habiendo pasado por todo el periodo de duelo, los recuerdos de mi madre se sentían tan cálidos, los recuerdos eran tan significativos.

La mayoría de nosotros olvidamos un alto porcentaje de las personas que conocemos, de los lugares donde vamos, de los eventos que vivimos. Pero ciertas cosas se quedan en nuestras mentes y nunca se olvidan. ¿Por qué? ¿Qué tienen de especial esos momentos memorables?

En el idioma hebreo, la palabra para “recuerda” es zajor. Hay un principio en hebreo de que los sonidos y las letras fonéticas están interrelacionadas dependiendo de su significado. Por consiguiente, aunque la palabra sagar significa “cerrar”, sagar y zajor están conectadas en la profundidad de sus connotaciones (la "s" y la "z" son cercanas fonéticamente, como lo son la "g" y la "j"). Cuando recordamos un evento, es porque originalmente bloqueamos esa ocurrencia en nuestras mentes y la fijamos como extremadamente significativa. Guardamos estos numerosos recuerdos en el “álbum fotográfico” de nuestra mente, fijándolos y nunca olvidándolos.

Vive memorablemente para que tengas excelentes recuerdos fijados en tu mente.

Haríamos bien entonces en vivir memorablemente, conectarnos fuertemente con eventos de nuestra vida, especialmente aquellos que involucran amigos y parientes, para tener excelentes recuerdos que fijar en nuestra mente. Vivir memorablemente nos permitiría apreciar cada puesta de Sol, cada caminata alrededor de la manzana, cada llamada de nuestros padres, cada conversación con nuestros amigos. Cada instante de la vida estaría lleno de urgencia y pasión. Recordaríamos el significado que cada experiencia humana puede producir. Nos peñiscaríamos regularmente como recordatorio para apreciar el momento. Todos los días y todos los eventos serían significativos y memorables – incluso los así llamados monótonos.

Despedirse de un amigo o un pariente cuando se van a mudar es difícil. Pero siempre tienes grandiosos recuerdos a los que aferrarte cuando te sientes deprimido.

Definitivamente despedirse de una madre en su muerte es una experiencia desgarradora.

En efecto, atesoraré y retendré los maravillosos recuerdos de mi madre, el tema de mi primera canción de regreso.



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