Es hora de que actuemos como los macabeos de la historia de Janucá

15/12/2025

3 min de lectura

Tras el ataque en Australia, debemos alzarnos como los macabeos: unidos, sin miedo y haciendo brillar con orgullo nuestra luz judía.

Otra masacre de judíos, esta vez en Australia, en la hermosa playa de Bondi. Miles de personas se reunieron para encender la menorá, para celebrar juntos. Antes de disparar, ¿los atacantes se tomaron un momento para preguntar: “¿Qué clase de judío eres? ¿Eres de izquierda o de derecha? ¿Eres israelí? ¿Eres religioso?”

Por supuesto que no. Al igual que en el Holocausto, a nadie le importó. Un judío es un judío. Mientras el mundo arde con odio hacia los judíos, el pueblo judío debe mantenerse unido en su respuesta.

Estamos luchando por nuestra propia existencia. Una vez más vemos las imágenes aterradoras de judíos que quedaron muertos en el suelo. Cuerpos esparcidos mientras la gente corre aterrorizada por sus vidas. Bebés. Ancianos. Mujeres. Sangre por todas partes. Un sobreviviente del Holocausto asesinado mientras intentaba proteger a su esposa. Un rabino, padre de niños pequeños, asesinado mientras intentaba llevar al mundo la luz de Janucá. Nuestros días sagrados se han convertido en momentos para vomitar odio masivo y matanzas.

No es solo en Australia donde nos han recordado que la sangre judía es barata. Ataques, violencia, redes sociales llenas de odio, conciertos de rock apoyando abiertamente a terroristas, y yihadistas con traje se han convertido en la nueva normalidad. Está de moda escupir odio contra los judíos. Quienes están en posiciones de poder para responder se acobardan por miedo, temerosos de las multitudes que marchan con pancartas celebrando el 7 de octubre y coreando abiertamente “globalizar la Intifada”.

Cuando el mundo se vuelve más oscuro, celebramos el regalo de nuestras velas de Janucá. Si nuestra menorá pudiera hablarnos esta noche, ¿qué nos diría?

La menorá susurraría: “Mi querido hijo, no tengas miedo. ¿Crees que lo que ves es nuevo, que estás solo enfrentando el mal? Recuerda tus fuertes raíces, a quienes se alzaron con valentía antes que tú. Imprégnate de su fortaleza. No vivas como víctima. ¡Eres el vencedor!”

Los griegos no destruyeron nuestro Templo en Jerusalem. En cambio, intentaron profanarlo llenando el espacio sagrado con dioses ajenos y cerdos. Prohibieron el estudio de la Torá, la circuncisión, el Shabat, y obligaron a jóvenes novias a entregarse a oficiales griegos antes de su noche de bodas. Su objetivo era quebrar nuestro espíritu, destruir nuestra alma.

Dos héroes de Janucá

Dos héroes se mantuvieron firmes y nos transmitieron genes espirituales para que podamos descubrir nuestra luz interior y nunca nos derrumbemos por miedo. Iehudá el macabeo se negó a escuchar esas voces negativas que intentaban desalentarlo de derrotar a enemigos tan formidables. Sí, eran más poderosos y numerosos. Pero tenemos el espíritu judío que late en nuestros corazones. Somos los leones de Iehudá. Iehudá se negó a prosternarse y a dejarse intimidar. Reconectó a su pequeño ejército con su llama interior y, milagrosamente, las fuerzas judías victoriosas lograron vencer a su cruel enemigo.

Iehudit fue la heroína que no quiso oír hablar de rendir nuestra fe a los griegos que deseaban destruirnos. En una ciudad sitiada, donde sus hermanos judíos estaban hambrientos y sedientos, listos para rendirse, Iehudit se negó a ceder. Ella desafió al comandante judío Uzías, quien había pedido al pueblo cinco días antes de capitular ante el enemigo.

“¿Solo tienes cinco días de fe?”, le preguntó. “¿Acaso Dios no es más grande que unos pocos días y, si no ves salvación, entonces se acabó?” Iehudit restauró el espíritu de la nación, al reconectarlos con su poder espiritual interior.

Los macabeos regresaron al Templo, lo limpiaron de toda su devastación y buscaron aceite puro con el cual encender la menorá. Finalmente se encontró un solo frasco. Un solo frasco de aceite que ardió durante ocho noches.

El espíritu de los macabeos

El milagro del aceite fue el milagro de nuestra eterna llama interior. El mensaje es claro. Ya sea en el Templo, en el campo de batalla, apiñados en vagones de ganado, masacrados el 7 de octubre o asesinados en la playa de Bondi, tú, el pueblo judío, triunfas.

Ten el coraje de ponerte de pie y proclamar con orgullo: “¡Soy judío! Derrotaré tu odio hacia mi nación con mi amor por mi pueblo”.

Somos una nación pequeña, pero nuestro espíritu llena el mundo. Puedes intentar apagar nuestra luz, pero nuestra llama sigue elevándose. Te desafiamos.

Esta noche, cuando enciendas tu menorá, tómate un momento y pronuncia una plegaria. Pide a Dios que te bendiga con el espíritu de los macabeos. Ten el coraje de ponerte de pie y proclamar con orgullo: “¡Soy judío! Derrotaré tu odio hacia mi nación con mi amor por mi pueblo. Encenderé mi menorá en mi ventana para poder hacer brillar mi luz con valentía”.

Encuentra tu firmeza y determinación. Míralos a los ojos y di: somos los hijos de Iehudá y las hijas de Iehudit. Aférrate a su visión y sé tenaz en tu fe.

Es hora de ser un macabeo. Sé una luz.

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