Escuchar el llamado de Dios

15/03/2026

2 min de lectura

Vaikrá (Levítico 1-5 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

La porción de la Torá de esta semana comienza con Dios hablándole a Moshé (Levítico 1:1). Rashi señala que Dios se dirige a Moshé con la palabra “vaikrá”, mientras que en Parashat Balak (Números 23:4) Dios habla al profeta gentil Bilam con la palabra “vaikar”. Aunque estas dos palabras son casi idénticas, hay una diferencia importante. “Vaikrá” proviene de la raíz “llamar”, mientras que “vaikar” proviene de la raíz “suceder” o “ocurrir por casualidad”. ¿Qué significa esta diferencia?

El comentarista Shem MiShmuel explica que Dios no llamó a Bilam con afecto. Simplemente se encontró con él y le habló de manera casual. Pero la palabra “vaikar” tiene un significado aún más profundo en la historia de Bilam. De acuerdo con el Shem MiShmuel, la experiencia de Bilam al comunicarse con lo Divino fue simplemente algo que ocurrió, solo otro acontecimiento más en su vida. Hablar con Dios no cambió a Bilam ni lo motivó a crecer de ninguna manera; simplemente fue algo que sucedió.

Bilam quería lo mejor de ambos mundos. Quería estar cerca de Dios, pero al mismo tiempo no estaba dispuesto a cambiar ningún aspecto de su estilo de vida. Aunque Bilam afirma que desea morir la muerte de los justos (Números 23:10), queda claro por su comportamiento que no tiene intención de modificar su conducta para lograr ese objetivo. Pero el propósito de la Torá es precisamente marcar una diferencia y motivarnos a crecer. Un conocimiento superficial que no cambia nuestra vida casi no tiene valor. El verdadero valor de la Torá se revela cuando permitimos que ella penetre profundamente en nosotros y cuando usamos esa sabiduría para transformar nuestra vida.

Según nuestra tradición, la palabra “vaikrá” se escribe en un rollo de la Torá con una letra alef pequeña. Aunque el texto podría parecer ambiguo respecto a quién llamó exactamente a Moshé, esta letra lo deja claro. La palabra alef se escribe igual que “aluf”, que significa “jefe” o “líder”. Además, la letra alef está compuesta por una línea larga y dos líneas cortas, que se asemejan a una letra vav y dos letras iud. El valor numérico de estas letras es 26, que es el mismo valor numérico del Nombre de Dios de cuatro letras. Por lo tanto, la alef nos enseña que el Jefe (Aluf) del mundo (es decir, Dios, cuyo valor numérico es 26) es Uno, que es el valor numérico de la letra alef.

Cuando usamos la Torá para crecer, tenemos la oportunidad de elevarnos y volvernos semejantes a Dios. Fue Dios quien llamó a Moshé, llamándolo con amor: “¡Ven aquí! ¡Acércate! ¡Crece hacia Mí!”

Que todos tengamos el mérito de escuchar nuestro llamado en la vida, y que nuestro conocimiento penetre más allá de la superficie y marque una verdadera diferencia en la manera en que vivimos.

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