El hombre que acuñó el término "genocidio" se horrorizaría ante esto


6 min de lectura
Tatuajes nazis en papeletas electorales para el Senado, esvásticas en las calles. Estados Unidos cumple 250 años y los judíos deben preguntarse: ¿sigue siendo este nuestro “reino de bondad”?
Al observar el país hoy, la Norteamérica que los judíos han llegado a conocer, apreciar y amar se está volviendo cada vez más irreconocible.
Durante los últimos años, esto se ha manifestado a nivel cultural, a medida que valores cambiantes e instituciones debilitadas han entrado en conflicto con la tradición judía. Pero ahora parece algo más personal, de una manera que hace que los judíos se sientan cada vez más incómodos e inseguros.
Rav Moshé Feinstein, una de las autoridades legales judías más influyentes del siglo XX, huyó de Europa en 1937 para escapar del antisemitismo y la persecución religiosa soviética. En sus responsas halájicas (escritos legales judíos), él describió a Estados Unidos como un “reino de bondad” para el pueblo judío. De manera similar, los rabinos Menashe Klein y Moshé Stern, ambos sobrevivientes del Holocausto que se establecieron en Estados Unidos, describieron al país en sus escritos como una mediná shel jesed, una nación benevolente.
¿Qué escribirían hoy sobre un país donde un candidato al Senado de un partido importante pasó años exhibiendo abiertamente un tatuaje nazi de las "Totenkampf" SS? Este candidato siguió recibiendo respaldo de dirigentes demócratas convencionales a pesar de la amplia difusión de pruebas de su antisemitismo y otras preocupaciones graves.
Mientras tanto, Dan Bilzerian, un extremista con 30 millones de seguidores en Instagram, figura en la papeleta electoral como republicano en el 6.º distrito de Florida. Tiene pocas posibilidades de ganar, pero su presencia en la boleta, y cualquier porcentaje de votos que obtenga, resulta inquietante.
Mientras escribía estas líneas, miembros del grupo neonazi Blood Tribe marchaban por Athens, Georgia, portando una bandera con una esvástica, y un miembro en ejercicio del Congreso pronunciaba una diatriba contra Israel llena de falsedades desacreditadas desde hace tiempo. Parece que no pasa un día en este país sin que surja una o más historias terribles relacionadas con retórica antisemita o, peor aún, violencia real, procedentes de todos los partidos y de todos los sectores.
Entonces, ¿cuál es el futuro de los judíos en los Estados Unidos? ¿Es este un “reino de bondad”, un país de libertad religiosa sin precedentes, una democracia que otorga derechos y protección a nuestro pueblo? ¿O es, como advirtieron otros antepasados, una treife medine, un lugar donde los judíos no pertenecen, un país que los comprometerá y corromperá moral y físicamente?
Al acercarnos a la celebración del 250º aniversario del país, esta es una pregunta esencial para los judíos estadounidenses. Sin duda, los judíos de todas partes deberían preguntarse no si, sino cuándo se trasladarán a Israel. Ese es el destino y la meta final de todo judío.
Pero mientras tanto, ¿nuestro tiempo en Estados Unidos es simplemente una sala de espera, una escala pasiva y sin significado?
Rav Aharón Kotler, la gran figura lituana que fundó la ieshivá Beth Medrash Govoha en Lakewood, ciertamente no lo creía así. En una época en que emigrar a Estados Unidos era profundamente impopular en los círculos tradicionales, Rav Kotler entendió su traslado en términos religiosos, como una misión vinculada a una profecía de Rav Jaim de Volozhin, el principal discípulo del Gaón de Vilna y fundador del movimiento moderno de las ieshivot. De acuerdo con una tradición transmitida por numerosos rabinos destacados, durante la colocación de la piedra angular de su ieshivá en Volozhin en 1803, Rav Jaim dijo a sus alumnos entre lágrimas: “Esta no será la última estación de la Torá antes de la llegada del Mashíaj. La Torá aún debe florecer en Norteamérica antes de que él pueda venir. Norteamérica será la última parada del exilio”.
Rav Kotler tomó esto como una misión, sembrando las semillas de lo que se convertiría en la ieshivá más grande del mundo y en una red de kolelim (centros avanzados de estudio de la Torá) por todo Estados Unidos.
¿Ha logrado el pueblo judío influir en Estados Unidos? ¿Han llevado los judíos sus valores e ideales a este país? La respuesta es un rotundo sí.
En medio de la campaña presidencial de septiembre del 2000 y en medio del debate nacional sobre la observancia religiosa de Joe Lieberman, el escritor y filósofo no judío Michael Novak, quien a menudo escribe sobre teología, escribió en The New York Times:
Apoyo a Bush y Cheney, no a Gore y Lieberman, y no soy judío sino católico romano. Sin embargo, me encanta lo que el senador Lieberman, un judío ortodoxo, está haciendo para despertar a esta nación a su identidad más profunda, arraigada en el judaísmo.
John Adams escribió: “Insistiré en que los hebreos han hecho más para civilizar a los hombres que cualquier otra nación”. Él escribió como cristiano, pero agregó que incluso si hubiera sido ateo y creyera que el mundo es producto de la casualidad, "habría creído que la casualidad dispuso que los judíos preservaran y propagaran a toda la humanidad la doctrina de un soberano supremo, inteligente y todopoderoso del universo, que yo creo es el principio esencial de toda moralidad y, por lo tanto, de toda civilización."…
El secreto mejor guardado de la historia estadounidense es que el lenguaje favorito de aquella generación fundadora provenía de la Torá. Los fundadores se referían a su propio experimento político como el "Segundo Israel". Ellos encargaron un diseño para el Gran Sello de la nación con un símbolo que evocaba al primer Israel, porque se veían a sí mismos como quienes cruzaban los desiertos de Egipto en camino a construir una "ciudad sobre la colina".
Benjamin Franklin propuso como lema de la República: "La rebelión contra los tiranos es obediencia a Dios". Esto encajaba perfectamente con las circunstancias estadounidenses. Después de todo, los firmantes de la Declaración estaban cometiendo traición contra la Corona británica. Necesitaban algún tipo de justificación moral. También necesitaban esperanza de poder evitar la horca, pues se enfrentaban al ejército y la marina más poderosos del mundo. Les ayudaba creer que la Providencia los asistiría y que la Providencia había creado el mundo de tal manera que, al final, la libertad prevalecería. Porque sin libertad, ¿cómo podría el Creador, que deseaba la amistad de hombres y mujeres libres en lugar de la adoración de esclavos, cumplir sus propósitos eternos?
Muchos historiadores afirman de manera simplista que los fundadores eran deístas, porque no utilizaban nombres cristianos para Dios, como "Trinidad", "Salvador" o "Redentor". Pero pasan por alto el punto crucial. Tres nombres de Dios que aparecen en la Declaración —Creador, Juez y Providencia— son, según este argumento, nombres inequívocamente judíos para Dios. Este lenguaje no provenía de los griegos ni de los romanos...
Si por alguna razón el tiempo de los judíos en los Estados Unidos aún no ha terminado, debemos estar aquí con un sentido de propósito y misión. Sin duda, esto implica defender y promover nuestros valores, nuestra moral y nuestros principios.
Pero en este momento, creo que implica algo más.
Al celebrar Estados Unidos sus 250 años, debemos recordar cómo nació esta nación. Este país fue creado a partir de una fe profundamente influenciada por el lenguaje y las ideas de la Biblia hebrea. Cuando los Padres Fundadores escribieron en la Declaración de Independencia que todos los hombres están “dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables”, estaban haciendo eco del primer capítulo del Génesis: que cada ser humano fue creado betzelem Elokim, a imagen de Dios.
Cuando apelaron a “las leyes de la naturaleza y del Dios de la naturaleza”, afirmaban que existe una ley moral superior a cualquier rey, parlamento o encuesta.
Estados Unidos debe mantenerse fiel a los principios, valores e ideales que la hicieron excepcional desde el principio.
Cuando concluyeron “con una firme confianza en la protección de la Divina Providencia”, hablaban en el lenguaje de los profetas hebreos: un pueblo que pone su destino en manos del Cielo.
Estados Unidos debe mantenerse fiel a los principios, valores e ideales que la hicieron excepcional desde el principio.
El derecho de que incluso alguien con un tatuaje nazi pueda postularse para un cargo público es un valor estadounidense. Respaldarlo o votar por él es profundamente contrario al espíritu estadounidense.
El derecho a protestar contra Israel, o incluso a expresarse en términos ofensivos sobre Israel y los judíos, es estadounidense. Pero no apoyar a Israel, la única democracia de Oriente Medio, la tierra de la cual Estados Unidos extrajo sus propios valores, es antiestadounidense.
El derecho a dar plataforma a quienes difunden odio es estadounidense. Amplificar su mensaje, difundir mentiras contra Israel o el pueblo judío en campus universitarios, frente a sinagogas o en los pasillos del Congreso, es antiestadounidense.
Al acercamos a este importante aniversario, es un momento crucial para que los judíos nos mantengamos firmes y orgullosos, y recordemos a nuestros conciudadanos que el antisemitismo y el antisionismo no son solo una expresión de odio hacia los judíos. Esas creencias no solo son contrarias a todo lo que representa Estados Unidos, sino que se originan en un odio y rechazo profundo a los valores fundamentales de los Estados Unidos.
Debemos colaborar con aliados, líderes religiosos, representantes electos e influenciadores para devolver a este gran país a sus raíces. Si Estados Unidos quiere seguir siendo un “reino de bondad”, no podemos delegar ese trabajo en otros. Cada uno debe preguntarse: ¿qué estoy haciendo para que mi hogar sea más judío, mi comunidad más valiente, mis representantes más responsables, mis vecinos no judíos mejor informados y mis hijos más orgullosos de ser lo que son?
Debemos vivir con gratitud hacia este país, lealtad a nuestro pueblo, anhelo por Israel y un renovado sentido de responsabilidad por la misión sagrada de los valores judíos en Estados Unidos.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.
Cuando han aportado ya tanto a la nación de Estados Unidos, pareciera cansado e infructuoso seguir haciéndolo, casi siempre que ha fallado el pueblo judío es en la administración de la abundancia