Estar quietos

16/09/2025

2 min de lectura

Nitzavim (Deuteronomio 29:9-30:20 )

La porción de la Torá de esta semana comienza diciéndonos que todos los judíos estaban firmemente parados ante Dios. ¿Qué importancia tiene que los judíos estuvieran de pie juntos?

Lección:

Cuando alguien está de pie, está quieto. La mayor parte de nuestra vida estamos corriendo de un lugar a otro. Queremos lograr, conquistar, adquirir, alcanzar, y todo eso requiere que corramos. Dios quiere que hagamos todas estas cosas, es un gran regalo de Dios que Él nos permita participar en la creación de nuestras propias vidas, nuestro ser y el mundo. Y lo disfrutamos, ya que Dios nos programó como humanos con un deseo natural de querer tener éxito en diversas búsquedas.

Sin embargo, hay ciertas cosas que no pueden lograrse corriendo. Cosas que sólo pueden alcanzarse estando quietos. La autorreflexión, que es la base de la teshuvá (arrepentimiento) y el crecimiento, requiere que nos detengamos, que hagamos un balance de hacia dónde nos dirigimos, quiénes somos y en quiénes queremos convertirnos. Detente. Reflexiona. Evalúate. Y haz los cambios apropiados.

Un granjero ahorró para comprarse un reloj caro. Un día miró su muñeca y consternado vio que su reloj había desaparecido. Volvió sobre sus pasos y no pudo encontrar su reloj por ningún lado. Entendió que su reloj debía haberse caído en el granero y quedó completamente cubierto de heno. Intentó mover tanto heno como pudo, pero sin éxito. Vio a unos niños y los contrató para que buscaran el reloj en el heno del granero. Los chicos aceptaron con entusiasmo y enseguida comenzaron a lanzar el heno de un lado a otro tratando de encontrar el reloj del granjero. Un rato después, los niños, cabizbajos, le dijeron al granjero que no habían podido encontrar el reloj. El granjero pensó que era como buscar una aguja en un pajar y esperaba hallarlo al año siguiente, cuando limpiaran el granero.

Uno de los niños volvió al granero y unos minutos más tarde salió con el reloj en alto: “¡Lo encontré!”, exclamó.

“¡Eso es increíble!” dijo el granjero. “¿Cómo lo encontraste?”

El niño respondió: “Volví al granero cuando todo estaba en silencio y simplemente escuché. Oí el tic-tac del reloj y pude encontrarlo”.

A menudo, oímos mejor cuando estamos quietos y en silencio. Necesitamos bloquear las distracciones, enfocarnos en escuchar los mensajes de Dios y cambiar de forma acorde. Cambiar es difícil, pero para eso estamos aquí. Para convertirnos en mejores personas, acercarnos más a Dios y a quienes nos rodean, con la ayuda de Dios, hasta los 180 años.

Ejercicio:

Tómate 3 minutos (más si puedes, menos si 3 es demasiado) y simplemente guarda silencio. Trata de no pensar en lo que vas a preparar para la cena, tu larga lista de cosas pendientes de hacer o los eventos del día. Deja que tu mente se concentre y observa qué pensamientos surgen. Concéntrate en Dios y en Su amor por ti.

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