Este exconvicto cambió su vida y ahora ayuda a la comunidad judía

16/03/2026

6 min de lectura

Sammy Horowitz empezó la vida por el camino equivocado, pero tras un cambio espiritual, es un hombre diferente.

A simple vista, no parecía que Sammy Horowitz tuviera un futuro prometedor.

Después de meterse en problemas con la ley, pasó ocho años y medio en prisión, gran parte en confinamiento solitario. Tuvo tres sobredosis de heroína y tuvo que ser reanimado. No tenía educación universitaria y, por tener antecedentes penales, el único trabajo que podía conseguir era como guardia de seguridad en bares y clubes nocturnos.

Entonces Sammy descubrió las artes marciales mixtas (MMA) y el boxeo, y dio un giro radical a su vida.

“Lo mejor que podía hacer era convertirme en luchador profesional”, dijo.

Sammy luchó (literal y figuradamente) para llegar a donde está hoy. A pesar de su inicio difícil, ahora tiene éxito en su carrera y, desde el 7 de octubre, se muestra judío con orgullo y sin tapujos. Pero el cambio monumental no ocurrió de la noche a la mañana.

“Creo que Dios me salvó por una razón”, dijo a Aishlatino. “De otro modo no tiene sentido, porque yo era una persona realmente mala en aquel entonces. He tenido un cambio psíquico. La forma en que actúo y pienso ya no es la misma. La única conclusión a la que llego es la providencia Divina”.

Metiéndose en problemas

Sammy creció en los alrededores de Cleveland y Chicago. Siempre estaba metido en líos y pasó tiempo entrando y saliendo de centros juveniles.

“Me metí en muchas peleas y empecé a consumir drogas desde muy joven”.

De mayor se unió a pandillas y terminó robando a un narcotraficante, lo que marcó el destino de la siguiente década de su vida.

“Cuando tenía 18 años fui a prisión porque yo y otros tipos fuimos a robar a un narcotraficante, y una mujer que estaba en la casa a la que entramos por la fuerza saltó por una ventana y llamó a la policía. Nos arrestaron”.

Sammy pasó cinco años y siete meses en prisión antes de salir en libertad condicional. Pero volvió a las andadas y lo enviaron de nuevo a prisión por otros tres años.

“No era un recluso ejemplar”, reconoció. “Me metía en muchas peleas. De los ocho años y medio que estuve preso, pasé probablemente más de cinco en confinamiento solitario. Te quitan todos los aparatos electrónicos y te meten en una celda. Con suerte te ponen con otra persona, pero técnicamente estás confinado 24 horas al día”.

Durante esos tiempos, Sammy aprovechaba a veces el aislamiento para leer y aprender. Al principio, un Rabino de Jabad lo visitó en prisión, y entablaron una amistad. Durante parte de su infancia Sammy había crecido en un hogar kosher, asistió a la escuela hebrea y visitó Israel. El Rabino iba cada mes a visitar a los reclusos judíos, y hubo períodos en los que Sammy leía el sidur y estudiaba judaísmo.

“Solo quería escapar mentalmente y leer libros”, dijo. “A veces me metía en conflictos y peleas. No era alguien que intentaba superarse en prisión. No creía que algún día podría tener una vida decente, así que había renunciado a eso”.

Uno de los tantos momentos bajos fue cuando los guardias lo agredieron por usar un collar con la palabra “jai” (vida). A pesar de su prontuario, Sammy usaba su jai con orgullo. Una vez, cuando intentaba ir al almuerzo o al patio, un teniente lo detuvo y le preguntó a dónde iba.

“Me dijo: ‘No puedes tener ese collar. Le respondí: ‘Soy judío, y tengo permitido tenerlo’. Le mostré mi tarjeta de identificación, y en la parte de atrás decía ‘Judío’. En esos días, el Departamento Correccional de Illinois indicaba tu religión en tu tarjeta de identificación”.

El teniente le ordenó volver a su celda y entregar un permiso para el collar a otro oficial. Sammy tenía un permiso del capellán que aprobaba todos los collares religiosos. El segundo oficial regresó unos minutos más tarde y le dijo que el teniente quería el collar, que luego resolvería el asunto.

“Dije: ‘No voy a entregarlo’. Unos minutos después, tres agentes y dos tenientes abrieron la puerta de mi celda. No siguieron el protocolo. El teniente me empujó contra la pared. Le pegué en la cara, y entonces me rociaron con gas pimienta y me arrojaron al suelo. Me patearon, me golpearon hasta dejarme inconsciente y dijeron un par de cosas antisemitas”.

Sammy fue acusado de agredir al personal y lo condenaron a un año en aislamiento; cumplió siete meses. Su historia llegó a la portada del Chicago Jewish News con el titular: “Crimen de odio: el caso del preso judío golpeado por usar un collar con un jai”.

“El hecho de que yo fuera judío sin duda influyó en cómo me trataron después”, dijo Sammy. “Les mostré el permiso, y no importó”.

Cambiando su vida

Cuando finalmente salió de prisión en octubre del 2010, ya tenía su diploma de secundaria (GED), obtenido tras las rejas. Pero no limpió su vida de inmediato. Seguía intentando dejar la heroína, pero sufrió tres sobredosis.

“Me reanimaron en una ambulancia o en la sala de emergencias”, dijo. “La tercera vez que ocurrió, entré a un programa de 12 pasos y empecé a entrenar para pelear. Eso me llevó a las MMA y al boxeo, que era lo que me motivaba”.

Sammy se convirtió en boxeador profesional y recorrió los Estados Unidos, hasta que decidió probar suerte como doble de acción. En 2013 apareció por primera vez en un programa de televisión haciendo acrobacias, y eventualmente consiguió su tarjeta del Sindicato de Actores (SAG), lo que le permitió trabajar más seguido en películas y series de tv.

“Empecé a trabajar regularmente en Chicago alrededor del 2015, porque allí había una gran industria cinematográfica”.

Consiguió papeles en Chicago P.D. y Westworld, y en el 2017, él y su esposa Sari, que es actriz, se mudaron a Los Ángeles. Allí se asoció con el guionista Adam Pasen, y juntos consiguieron trabajo en la serie Power Book IV: Force. También escribieron y vendieron un guion de película (aún no filmada) y actualmente desarrollan nuevos proyectos.

Sammy y su esposa, Sari

“Todos mis guiones presentan a un judío fuerte”, dijo Sammy. “Quiero crear personajes judíos que no sean el arquetipo que hemos visto en los últimos 50 años en Hollywood. Estoy tratando de mostrar otro lado de los judíos, como gánsteres y atletas. Esta es una nueva versión del judío en Hollywood: el judío fuerte. El judío rudo. Esos son los personajes que quiero poner en pantalla”.

El golpe al corazón del 7 de octubre

Diez días después del 7 de octubre, Sammy tomó un avión a Israel para ofrecerse como voluntario. Hizo tareas de seguridad “y otras cosas”, contó. “Tenía el estómago revuelto por lo del 7 de octubre. No podía pensar en otra cosa. Cuando fui a Israel, no quería irme. Sentía que ese era mi lugar”.

Mientras estaba allí, visitó el Kotel, se puso una kipá y comenzó a usar tzitzit.

Aunque quería quedarse en Israel para ayudar, su esposa le pidió que regresara a casa.

“Me dijo: ‘Vuelve. Aquí también hay gente que te necesita’”, recordó Sammy, quien le hizo caso y volvió a California. “Me rompí la cabeza pensando cómo podía marcar la diferencia aquí”.

Tras ver el aumento del antisemitismo en California y en el mundo, Sammy tuvo una idea: fundar el Bear Jew Boxing Club y enseñar gratis defensa personal a la comunidad judía. Ahora, cada domingo dirige clases mixtas y sólo para mujeres, y ha ganado un buen número de seguidores en su comunidad de Los Ángeles. “Es un momento peligroso para ser judío, y todos deberían aprender defensa personal. Ese es el mundo en el que vivimos hoy”.

Al mismo tiempo, no se ha quitado la kipá desde el 7 de octubre, y él y Sari han comenzado a observar el Shabat.

“Empecé a tomar clases de Torá con un Rabino de Jabad, y vamos allí para los servicios del viernes por la noche y el sábado”, contó. “Lo que me gustaría es llegar a ser observante”.

Al mirar atrás, Sammy está convencido de que Dios lo mantuvo con vida por una razón. Ahora depende de él tomar las riendas.

“Quiero dejar el mundo mejor de como lo encontré. Eso es todo lo que necesito”.

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